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4 de julio de 2010

Metal y carnaval (la curva recitalera)

Anoche, haciendo un rápido cálculo matemático, llegué a la conclusión de que ya pasaron veinte (20) años desde que fui a mi primer recital de rock (bueno, en mi caso de metal, pero generalizo usando la amplia -y por muchos vapuleada- categoría "rock"). Anoche hice esta comprobación porque después de mucho (muchísimo) tiempo volví a ver en vivo a una banda que siempre me partió el cráneo (y la metáfora no es exagerada ni es metáfora, es literalidad pura): Divididos. 
¿Qué se puede decir a esta altura del partido sobre Divididos? Poco. O quizás mucho. Lo que siempre se puede decir es que "la aplanadora del rock" no es una mera frase marketinera o un deseo inalcanzable. Es una realidad prístina y tan contundente que me parece ya que "aplanadora" les va quedando un poco chico. Lo más notable del caso es que siempre lo fueron, desde los comienzos. Y yo lo puedo decir porque estuve ahí. Los iba a ver a Cemento cuando apenas había salido su primer disco, 40 dibujos ahí en el piso, año 91, y no superábamos los doscientos, como mucho trescientos, fanáticos gritando, saltando y pogueando. Ya en aquel tiempo, en el que encontrar una banda que tuviera buen sonido era casi milagroso, ellos estaban un paso más allá y sonaban que daba miedo. Seguí viéndolos varias veces en Cemento, y también los vi en Die Schule, el otro reducto de Chabán, el mismo día de su inauguración. 
Divididos era siempre otra cosa (como Sumo, por supuesto). Por eso íbamos a verlos, e iba a verlos gente de "otro palo", como yo misma, porque en el ambiente se sabía que muy pocas bandas sonaban como ellos y porque Mollo siempre fue un guitarrista para sacarse el sombrero. En aquellas épocas de descontrol total (antes de su etapa Natalia Oreiro, digamos), Mollo descosía su guitarra y tocaba versiones de "Voodoo child" que hubieran hecho estremecer al mísmisimo Jimi Hendrix. Pero, como pude comprobar ayer con la versión que se mandaron de "Sucio y desprolijo" del master Pappo, esa magia sigue intacta. Aunque ya no toque con los dientes como antaño. 
El show de anoche en el Luna Park, que observé, disfruté, gocé y deliré sentadita como una lady que soy ahora (atrás quedaron las épocas del pogo, el head-banging y algún ocasional stage-diving para mí), fue, sencillamente espectacular. Rock y folclore mal. Metal y carnaval. Rock n' roll y pueblos originarios. Violines, bombos legüeros, coplas, zampoñas, órganos Hammond y guitarras eléctricas todo junto. Un desmadre. Una gozada, como dirían los españoles. Un despliegue infernal de vértigo y emoción. Un aluvión, un Karnak de sonido. Una catedral viviente de música irrefrenable. Lean, por favor, "Las ménades" de Julio Cortázar y tal vez comprendan algo de lo que digo. Una locura. Un delirio de los más maravillosos.
Pero, claro. Presentaban el disco nuevo, Amapola del 66, y prácticamente lo tocaron entero. Esta vieja chota y rídicula quería escuchar las canciones de su época, de sus discos favoritos, es decir, de los discos viejos, así que verdaderamente se descontroló cuando tocaron "Qué ves" (en una versión increíble con violines), "Cristóforo Cacarnú" e "Indio dejá el mezcal" (en sendas versiones desquiciantes con zampoña y otro instrumento andino cuyo nombre desconozco pero es similar a un corno alpino), "Rasputín/Hey Jude" y dos demoledoras, emocionantes y absolutamente frikiantes versiones de "Mañana en el Abasto" y "Nesquik" (esta última con el saxo de Roberto Pettinato y todo), que fue lo más cerca que se pudo estar de ver a Sumo para aquellos que no tuvimos nunca esa bendición. También tocaron una versión hermosa de "With a little help from my friends" para la que recibieron, justamente, la ayuda de Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu, Isabel de Sebastián y Claudia Puyó. No fueron las únicas invitadas, hubo muchos más, entre ellos el mítico Ciro Fogliatta.
O sea: un disfrute total. Lo único que tengo para criticarles es que no tocaron "El arriero" pero bueno... se los perdono por toda la felicidad que nos brindaron y que se brindaron. Párrafo aparte merece el batero: ¡no se puede creer cómo toca ese pibe! Una bestia, un animal, un extraterrestre, no sé. Nunca escuché una batería sonar así y he visto a bateristas para sacarse el sombrero en numerosas ocasiones (baste mencionar a Lars Ulrich de Metallica y a Vinnie Paul de Pantera). Más lo escuchaba y menos lo podía creer. Y sin palabras, por supuesto, para Arnedo. Otro extraterrestre. Otro tipo tocado por algún dios o por algún diablo, no sé. Falta que lo haga hablar a su bajo y listo. Y qué decir a esta altura de Mollo. Yo creo que hay una sola palabra que lo define y que es la que, asimismo, es el eje rector por el que pasa la energía y la música de esta banda: pasión. Pa-sión. PASIÓN. ¿Quedó claro? ¡¡¡PASIÓN!!!
Eso que le falta a tanta gente, y ni siquiera lo saben. 
De nuevo: metal y carnaval, rock y folclore mal. Divididos, la aplanadora del rock y está todo dicho. 
Aunque el sonido es lamentable, les dejo este regalito: 

9 de abril de 2010

La curva de la música

Resignada ya a que nunca recuperaré los cuadernos que estaban dentro del bolso que me robaron (a menos que ocurra un milagro), la cosa que más extraño de todas cuantas allí había es mi telefonito. Pero no por el hecho de "estar comunicada" ni ninguna de esas paparruchas. Lo extraño porque allí llevaba yo mi música, mi música particular, singular, adaptable a todas las circunstancias, a todos los estados de ánimo, a todos los fluctuantes histerismos de mi mente loca y apasionada. Sin mi música personal ando perdida. Desajustada. Me falta algo. Y me falta precisamente esa magia portátil, esa maravillosa taumaturgia que se opera cada vez que uno escucha su música favorita, esa que le revuelve el alma, que le alborota el pelo y el corazón, que se le sube a la cara, que hace mover piecitos y manos, que nunca, jamás, nos deja indiferentes. 
¿En qué consiste este verdadero encantamiento que ejerce la música sobre nosotros? No sé ustedes, pero a mí la música me abraza desde mi más tierna infancia. Creo que en el fondo siempre quise ser una cantante de rock pero ni la naturaleza ni la genética me han bendecido con el don del canto (por momentos logro creer que sí con el del cántico, es decir, el de la poesía). Soy positivamente mala cantando, no sólo mala sino desastrosa, penosa y lamentable. Aún así, me encanta cantar, con perdón de la tremenda aliteración, pero es que precisamente así es. Uno canta y se encanta a sí mismo, espanta los miedos, se llena de aire y poder, y si los dioses le fueron favorables, puede encantar -y seducir a rabiar- también a los demás. Amé siempre la música (y a los músicos, ya se sabe); más allá de estilos o bandas favoritas, siempre la música estuvo presente en mi vida. Y ahora que no la tengo, que tengo que aguardar a que se den ciertas circunstancias para que se puedan dar otras y así recuperar mi telefonito (o uno parecido) me doy cuenta del espacio que ocupa en mi vida y de la falta que me hace ese poder enchufarme a lo que tanto me gusta y disfruto. 
Por eso hoy les quiero compartir una página que encontré vía otro blog vía las alertas de Google. El otro blog tiene un nombre que lo vuelve primo o pariente no tan lejano de este: espaciocurvo y de lo que se trata es del World Science Festival del 2009, en el que se trató el tema "Notes & neurons: in search of the common chorus" (Notas y neuronas: en busca del coro común). La hipótesis es que ciertas escalas musicales, más específicamente las pentatónicas, ya vienen "pre-moldeadas" en nuestros cerebros y podemos reconocerlas siempre, aún cuando no sepamos ni papa de música. Aquí el posteo original de espaciocurvo donde se menciona esto y aquí todos los videos de los conferencistas y la cabal demostración de Bobby McFerrin de que dicha hipótesis no es en absoluto desacertada... 
Enjoy it!

4 de enero de 2010

Como a la misma felicidad

Uno de mis tantos propósitos (no declarados) para el 2010 era volver a los posteos diarios (o lo más daily posible) en Curvas y Desvíos. Pero, sinceramente, no me gusta para nada tener que retomar esta sana costumbre en un día como hoy. Pero, bis, ¿de qué otra cosa hablar? 
Se murió Sandro. No hay nada más que decir. O sí, pero no parece tener demasiada importancia. ¿Qué podría decir que ya no se haya dicho sobre el Gitano? Y sí, es hora de que lo sepan: a pesar de mi pasado metalero (del cual estoy más que orgullosa) y de mi locura infinita por Frank Zappa (de la que estoy más orgullosa aún, si cabe), Sandro es uno de mis músicos favoritos. Lo escucho desde chica y desde chica también lo amo. Creo que si alguna vez hubiera ido a verlo a un recital, cosa que no he hecho y ahora me arrepiento, sin ninguna duda yo hubiera sido una de las tantas que le revoleaban las bombachas o el corpiño al escenario, como una gráfica muestra no sólo de amor y fanatismo sino de la terrible -inquietante, magnética, descontrolada- sensualidad que emanaba todo su ser.
Está bien: hace ya tiempo que estaba hecho pelota y que restaba muy poco de esa aura animal, salvaje, rebosante de feromonas y vaya uno a saber qué otros neurotrasmisores capaces de disparar las fantasías más arrebatadas en las entrepiernas de todas sus "nenas" (¡ay, Loli, qué hacemos ahora con tu cuento!). Ya no era el mismo, de acuerdo. Pero un cachito de esa animalidad subsistía aún en su mirada, en su voz, en su forma de cantar... 
Recién estaba mirando un video, que les dejo más abajo, y pensaba: ¡qué hombre más lindo, qué hombre más hermoso...! El típico morocho argentino, de rasgos fuertes pero suaves a la vez, de piel tirante, de pelo en pecho...! ¿Queda algún macho -¡no hay palabra que lo describa mejor!- de esos todavía? ¿Hay alguno dando vueltas por ahí? ¿Un morocho recio, cantor, de gesto adusto y voz dulce...? En fin, por si no quedó claro: amo a Sandro y lo amé siempre, y me apenó mucho saber hoy que se había muerto.
Pero los artistas no mueren. Sólo se evapora su sustancia física, pero queda lo único que de veras importa, su obra. Quedan todas sus canciones, queda su voz grabada a fuego en miles de discos, casettes, cds y corazones. Quedan sus imágenes, sus palabras, sus pensamientos. Queda su incontenible humor. Queda viva por siempre esa aura tan magnífica, ese destello felino en la mirada, esa boca terrible, sensual y peligrosa, y quedan, a Dios gracias, las maravillosas letras de sus canciones, producto de su amigo y productor Oscar Anderle. Las letras de las canciones de Sandro son auténticos poemas, jamás tuve una sola duda al respecto. Si alguien la tiene, preste mucha atención a las sutiles, imaginativas y poderosas metáforas con que se alude al pubis femenino (y más aún, al vello púbico) en "Trigal", el video que les dejo para recordar a un grande, al más grande, a Sandro de América: 





2 de diciembre de 2009

Otra vez la música me dispara reflexiones desviadas...

Está tan lejos que casi no puedo creerlo. Pero está tan lejos como quiero que esté. Y no quiero que se acerque ni un milímetro. Antes, sin embargo, hubiera dado cualquier cosa, hasta un brazo, por tenerlo unos centímetros más cerca, mejor dicho, porque volviera. Que volviera era el máximo anhelo hasta no hace mucho. Que se produjera ese bendito llamado telefónico, que se concretara el demorado reencuentro, que al fin mis ojos volvieran a verlo y a admirarlo y a sucumbir como cada vez... Que de nuevo se reiniciara la larga marcha, que el exquisito martirio volviera a coronar mis días, que de nuevo yo fuera la vestal, la supliciada, la suplicante, la sumisa y devota amante que a su (propio) hechizo se rinde, la que a nada se niega, la que a todo se entrega con ferocidad digna de mejor causa...
Pero no sirvió. El llamado telefónico se produjo, el reencuentro aconteció y los ojos volvieron a quedar prendados en su maldición eterna pero no sirvió. Quedó todo tan lejos que, insisto, casi no puedo creerlo. Ya no sé quién es ese que me provocaba torrentes de ardiente lava ante la sola mención de su nombre mundano. Ya no sé quién es ni me importa. Ha desaparecido. Murió el ídolo dentro mío y no queda ya sino una solitaria lápida, desgastada por el agua de numerosas y grises lluvias. "De lo que había ya no hay más...", es cierto. No hay nada. Con excepción de una cosa. Su música.
Su música, su obra, lo único que en verdad perdura. Su arte. Su particular manera de empuñar una guitarra, de arrancarle sonidos extraños, distintos, infrecuentes. Sus melodías y sus ritmos entrecortados, disonantes, diferentes. Sus modos. Sus entonaciones. Eso que sólo él sabe producir y que siempre me hacía decir que era "él" y no cualquier otro cristiano. Todo lo que lo hacía tan distinto al resto, tan único, tan maravilloso, permanece intacto allí, en la sonoridad evanescente de su música. Es lo único que ha quedado. Y está bien. No hace falta más. Todo lo demás ha sido sepultado y no vale la pena exhumarlo. Hasta ha abandonado mi poesía, tan lejos, reitero, está.
Y ahora temo, como si de un fatal sino se tratara, que haberlo recordado en este post salido out of nowhere (salido en realidad de haber escuchado atenta e impensadamente uno de sus solos de guitarra) oficie de invocación y reaparezca para decirme algunas de las estupideces que yo tanto amaba que me dijera, y todo recomience, en un eterno loop...

Los dejo con uno de mis temas favoritos de Zappa, que siempre me lo recuerda por razones que ya caducaron...



17 de noviembre de 2009

Language is a virus (and music too)

Sigue por aquí este aire crepuscular, melanco, antiguo, desgastado, un río yéndose a la deriva, una hoja desprendida de vaya a saber qué arbol, ya amarilla, ya caduca, pero aún crujiente y viva. Sigue este perturbador estado de cansancio y agotamiento físico y mental extremo que combate, sin embargo, con las ganas de hacer mil cosas a la vez (y hacerlas todas bien). No son sólo los libros los que pueden transportarme a este particular y encantador (por lo decadente) zeitgeist, sino también la música.
"De ahora en adelante / la música vendrá a azotarme / será el látigo que nunca nadie usó", escribí en un poemario que aún no ha sido dado a la luz. Pero su significación era otra. Se refería, ciertamente, a determinada música, a la música compuesta y ejecutada por determinado músico, que juzgo innecesario nombrar a esta altura de las circunstancias. Me refería a su música, claro está (claro está para mí, vaya usted a saber qué interpretará el público lector o los esmerados filológos a la vuelta de las eras a partir de esa música que vendrá a "azotarme").
Es otra la música que viene a instilarme su porfía y su deja-vu en estos días. Todos tenemos pecados musicales inconfesables. Los míos no son muy escandalosos (bueno, depende cómo se lo mire), pero orgullosamente puedo decir que Ricardo Arjona me parece, cuando menos, vomitivo, el más expeditivo y seguro de los laxantes. Lo mismo me sucede con todo un rango similar de "cantautores latinos" con los que otras mujeres sencillamente mueren mientras se humedecen sus bombachas. Con la llamada "música nacional" me sucede algo similar: la mayoría de las bandas pasadas y actuales me parecen horribles, aburridas, previsibles, con las honrosas excepciones de Divididos (obvio), Babasónicos y alguna otra que ya ni siquiera existe, como Los Brujos. Pero una banda del pasado que para mí siempre vuelve y que vuelve a traerme una época que quedó muy, pero muy muy, atrás es Virus.
Ahora que puedo escuchar música en mi trabajo, para el forzado beneplácito de mis compañeros (mejor no hablemos del gusto musical de algunos de los sujetos que trabaja allí dentro...), en lugar de llevar música de mi propia colección, cosa que los espantaría sin remedio y me confinaría al mayor de los ostracismos (sinceramente, díganme, quién se bancaría todo un disco de guitar craft, por ejemplo, sin mencionar, claro está, no todo un disco sino ocho horas seguidas de Frank Zappa...) opté por revisar sus máquinas (¡oh benditas carpetas compartidas!) y ver qué encontraba allí. Luego de llevarme muchas sorpresas agradables (como discos de Primus y Liquid Tension Experiment que no tenía) me encontré también con un hermoso disco de Virus, el famoso doble en vivo que en estos días vengo haciendo sonar contra viento y marea...
Hay algo mágico en esa banda. Mejor dicho: había algo mágico en Federico Mouras y murió con él, sin duda. Pero escuchar a Virus me lleva a mi más tierna infancia. Cuando Mouras falleció yo apenas tenía doce años pero ya hacía bastante que venía escuchándolo. Que veníamos escuchándolo, debo ser sincera, porque el disco era de mi mejor amiga de aquel entonces. Ella se había comprado el casette (¡qué antigualla!) de "Locura", un disco perfecto de principio a fin, mágico, insisto, con esos arreglos de teclados hiper-ochentosos, con esas letras sensuales y poéticas, con la dúctil voz de Federico seguramente en su mejor momento... una gloria de disco es. Y lo escuchábamos en interminables tardes en su casa, en uno de esos horrendos e infaltables grabadores con radio, sin equalización alguna y por alguna razón incomprensible nos encantaba. Digo "razón incomprensible" porque ahora, a la vuelta de las eras, vuelvo a escuchar esas letras y me percato de que trataban cuestiones que atañen, principalmente, a quienes están nel mezzo dil camin di nostra vita, o sea, a los treintañeros, o sea yo hic et nunc. ¿Qué podía comprender yo entonces de obsesiones amorosas, de pieles sensuales y perfumadas, de estar atrapada por quien te va a atrapar, de ser tan feliz que la dicha invade mi felicidad, de querer estar todo el tiempo enamorado, de esas noches llenas de calor, llenas de ansiedad, de los caramelos de miel entre tus manos y de otras tantas -ahora- clarísimas referencias sexuales? Por no hablar de una canción como "Sin disfraz", una abierta declaración de homosexualidad. ¿Qué era lo que llamaba tanto mi atención? ¿Entendía algo? ¿No entendía nada y me fascinaba igual?
Luego, durante años enteros, no volví a escuchar esas canciones. Pero, hace un par de años, cuando en una visita a Zivals encontré el CD de "Locura" en oferta y volví a escucharlas, todas vinieron a mí como si nunca se hubieran ido, como si siempre me hubieran estado acompañando, y más las escucho y más las comprendo y menos entiendo, entonces, qué me podía gustar tanto a esa "tierna edad". Así, escuchar a Virus ahora me lleva de vuelta a esa niña extrovertida y charlatana que yo era (algo pasó luego con ella, todavía estoy tratando de averiguar qué, que la volvió exactamente todo lo contrario) y me lleva también a otro lugar, impensado, imaginario, ¿inexistente?, a interminables noches de verano en un jardín rezumante y perfumado, con ricos licores a la mano y con un hombre escandalosamente sensual y atractivo aún más a mano... Que es, aprovecho a decirlo, mi ya no tan secreto deseo para el verano que, lento, sinuoso, tranquilo, se va acercando.
Aquí, otra de mis canciones favoritas, de una poesía exquisita ("un remolino mezcla los besos y la ausencia / imágenes paganas / se desnudan ensueños..."):

5 de agosto de 2009

La curva del ánimo

No sé si uds. se dieron cuenta pero hoy fue un día espléndidamente primaveral. Había sol, había una cálida brisa y lo mejor de todo: ¡no hacía frío! Esta sola nimiedad climática me puso feliz, y por ello me puse a pensar que debería existir, ya que como venimos viendo hay curvas pa todo, una "curva del ánimo", por la cual se pueda medir (¡matemáticos, aquí!) el grado de felicidad de una persona dependiendo de ciertos parámetros; en este caso, de la variable meteorológica.
Como ya quedó expresado en los duros, grises y desolados días de las vacaciones invernales (o del "receso escolar para quedarte en tu casa": sin palabras sobre las "campañas de prevención" gubernamentales...), el frío me pone de muy mal humor. Pero no vayan a creer que soy una de esas minas-lagarto que en cuanto el sol calienta un grado más de lo acostumbrado se bajan los breteles con monstruosa naturalidad y se exponen a los peligrosísimos rayos UV (y vaya uno a saber a qué otros rayos innominados) sin más. No, no. La onda "milanesa", tan presente siempre en nuestras playas atlánticas, no es mi estilo. Pero sí es cierto que el vientito primaveral, cálido, y hasta la dulce humedad que nos acogió hoy (y que alborotó notoriamente mis rulos) me "levantaron el ánimo", como se dice vulgarmente.
Hay otras cosas que me levantan el ánimo también: entre las más queridas y alucinantes, se encuentra la música. Y ya que ayer no estuvo tan lindo como el hoy, el buen humor logró instalarse ni bien me calcé los auriculares y me dejé llevar por la reproducción aleatoria de la música en mi telefonito. Y así salté de un tema de Zappa que me encanta ("Any kind of pain", que tiene uno de los solos de guitarra más finos y delicados que yo haya escuchado jamás) a un éxito ochentoso que me sigue pareciendo una maravilla, aunque haya sido tan efímero como la banda que lo gestó ("Some like it hot" de Power Station... ¿Se acuerdan de ese breve desprendimiento de Duran Duran al que se unió el inigualable Robert Palmer?). Y después pasé de nuevo a Zappa, con otro de mis ultrafavoritos ("Jumbo go away") y uno de los últimos temas que sonó fue "Strange love" de Depeche Mode, otro de esos exitazos que en el momento en que surgieron me dejaron completamente indiferente y que ahora, al escucharlos a la vuelta de los años, me parecen obras maestras...
Así pues, para compartir mi buen ánimo con uds., a pesar de algunos inquietantes nubarrones que siempre amenazan mi horizonte y a pesar de algunos (in)esperados regresos y de otras tantas partidas y despedidas, los dejo con estos dos videos ochentosos... ¡Y qué quieren! A pesar de todo, crecí escuchando cosas como éstas, ya no lo puedo ocultar...



22 de agosto de 2008

You are what you is o La felicidad hecha música

En el último post hablaba de la emoción que me habían causado dos temas en portugués. Fue una emoción emparentada con la tristeza y con el dolor que me causa ya no estar con el hombre que siempre he amado. Sin embargo, ese mismo hombre me regaló una vez lo que sería el inicio de la saga más feliz de mi vida. No fue ni cuando me besó por primera vez (aunque sí), ni cuando me dijo "te amo" por primera vez (aunque sí) ni cuando me regaló una canción (aunque también) sino cuando me trajo 2 cds de Frank Zappa (200 motels y Sheik Yerbouti). Se inició así, con ese gesto de amante que decide complacer a su amada, a su musa (aunque lo niegue lo soy, lo sé), a su vestal, a su groupie favorita, el fanatismo más feliz, si es que hay fanatismos de esta clase, que he tenido en la vida.
Y hoy estoy feliz, mejor dicho, en estos días estoy empezando (o volviendo, no sé bien) a ser feliz, a pesar de un desagradable y lamentable incidente que tuve que soportar el sábado pasado, del que no voy a dar detalles (a pesar de mi declarada y defendida autorreferencialidad) porque no vale la pena ahondar en ello. Sólo voy a decir que son esos errores de los que una aprende, y de los que una sale un poco más precavida, un poco menos ingenua y con los que definitivamente se da cuenta del valor que tiene. Sacando ese ínfimo detalle, hoy me sentí feliz (pero ya viene desde hace unos días, insisto) después de no sé cuánto tiempo y buena parte de esa felicidad se la debo, una vez más, a Frank Zappa.
Digo "una vez más" porque si algo tiene la música de papá Frank, como me gusta llamarlo, es procurarme alegría inmediata, no importa en qué circunstancia me encuentre. Una sonrisa de oreja a oreja se me dibuja al instante cada vez que lo escucho, sea en la compu, en el equipo, en el telefonito, en el trabajo, en la radio (cada tanto ponen "Bobby Brown goes down" en FM Aspen, por ejemplo), donde sea. La alegría más plena y fabulosa se instala cada vez que tengo la dicha de escucharlo. Y hoy fui a trabajar escuchándolo en el tren y volví también escuchándolo y pensando que estaría bueno escribir sobre todo esto en el blog, es decir aquí... En otro lado he hablado sobre lo que me produce su música, pero lo encaré desde otro aspecto, que no es el que quiero reflejar aquí.
Aquí quiero hacer hincapié en la felicidad extrema, felicísima que su música me procura. Así como los temas interpretados por M. Creuza y M. Bethania me provocaron tanta emoción los otros días, así father Frank me llena, me rebalsa, me enloquece de felicidad absurda e inexplicable cada vez que su guitarra, su voz y sus letras suenan en mis oídos. No hace falta que yo diga que es uno de los compositores más grande (sino el más grande) del siglo XX, que hizo todo y todo lo hizo bien o más que bien, que tenía una disciplina y un rigor férreos, un humor increíble y genial, o que guitarristas como Steve Vai se formaron junto a él, que los sonidos que le arranca a la guitarra nadie más se los arranca (algunos, como el músico del que soy secreta musa, se las arreglan bastante bien para tener su propio estilo a partir de su enorme influencia), que sus letras son desopilantes, que ninguno de sus discos es igual al otro, que... etc.
Que, eso sí, sus letras son tan importantes como la música ya que están pensadas como parte integral de la música, como una totalidad y no como un mero adorno. Así que hoy quiero compartir con uds. una de las más graciosas ya que aparecen una curva y otras son aludidas y en el espíritu festivo que me posee hoy (y que ojalá lo siga haciendo por mucho tiempo más) considero la más apropiada para dejarles como regalo. Pueden encontrar todas las letras, tanto en inglés como traducidas, y muchisima más data en esta excelente página, de donde la he extraído. Eso sí, he intervenido ligeramente la versión en castellano para que quede un poquito mejor.
Hay un solo tema de Zappa que me produce la misma sorda emoción que los de la Creuza o M. Bethania, y no es ni "Zoot allures" ni "Black napkins", aunque durante mucho tiempo estos temas, HERMOSOS, ALUCINANTES E INSUPERABLES me hirieron en lo más hondo, especialmente el primero, sino "St. Ettiene", el único tocado por "músicos de carne y hueso" del disco íntegramente hecho con el Synclavier (es decir, con máquinas), Jazz from hell. Pero no es por el tema en sí, que es tan hermoso, alucinante e insuperable como los que cité (es todo un solo de guitarra, del principio al final, en realidad) sino por la circunstancia en que fue escuchado una vez, circunstancia que sólo él y yo sabemos cuál es. ¡Y basta ya de recordar al señor Herrera!
El día que muera espero encontrarme en el más allá con Frank y espero poder decirle al menos cuánta felicidad y alegría trajo a mi vida desde que se instaló, como un rey, en ella. Desde que yo dejé que su música se volviera felicidad y viceversa.

Con ustedes,

SEX

What's the thing that they's talkin' about everywhere?

SEX

When they wanna be suave 'n debonair

SEX


What's poppin' up the most from coast to coast

SEX

At yer bongo party an' yer weenie roast

SEX


Even them Christians who is born again

SEX

Go out 'n get pooched every now 'n' then

SEX


Do ya do or don't ya don't

SEX

Bet yer lyin' if ya say ya won't


Some girls try it 'n go on a diet

Then they worry 'cause they's too fat

Who wants t'ride on an ironin' board?

That ain't no fun . . . I tried me one


Grow that meat all over yer bones

Work the wall with the local jones

'N while you do it, remember this line

The Sniffer says it all the time


"THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION . . . "


Makes no difference if yer young or old

SEX

Don't you act like it's made of gold

SEX


Ladies they need it just like the guys

SEX

Maybe you could use a protein surprise

SEX


Layin' down or standin' up

SEX

You get reals good, just keep it up

SEX


Any time, anywhere

SEX

Why d'ya think it's growin' there?

SEX


Some girls try it 'n they don't like it

They complain 'cause it don't last

Who wants to ride on a debutante?

They talks too much . . . they moves too fast


Watch the scenery while you ride

You can be very warm inside

'N when the train goes 'round the bend

Check the shrub'ry on the other end


"THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION . . . "


"THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION, THE BETTER THE PUSHIN'

THE BIGGER THE CUSHION . . . "



Frank Zappa, The man from Utopia (1983)



SEXO



Cuál es la cosa de la que hablan en todas partes

SEXO

Cuando intentan ser finos y elegantes

SEXO


Qué es lo que más está saltando de costa a costa

SEXO

En tu fiesta bongo y tu asadito

SEXO


Incluso ellos los cristianos que han nacido otra vez

SEXO

Salen y se hacen coger de vez en cuando

SEXO


Lo hagas o no lo hagas

SEXO

Apuesto a que estás mintiendo si dices que no lo harás

SEXO


Algunas chicas intentan hacer una dieta

Luego se preocupan porque están demasiado gordas

¿Quién quiere montar en una tabla de planchar?

No es divertido... yo me probé una


Haz crecer esa carne por encima de tus huesos

Haz el muro con los jones locales

Y mientras lo haces, recuerda esta frase

El Esnifador lo dice todo el tiempo


"CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADON, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN..."


No hay diferencia si eres joven o viejo

SEXO

No actúes como si estuviera hecho de oro

SEXO


Las mujeres lo necesitan igual que los tipos

SEXO

Quizá puedas utilizar una sorpresa de proteínas

SEXO


Tumbado o de pie

SEXO

Lo pasas muy bien, sigue así

SEXO


En cualquier momento, en cualquier lugar

SEXO

Por qué crees que está creciendo ahí

SEXO


Algunas chicas lo prueban y no les gusta

Se quejan porque no dura

¿Quién quiere montar una debutante?

Hablan demasiado... se mueven demasiado rápido


Observa el escenario mientras montas

Puedes estar muy caliente por dentro

Y cuando el tren pega la curva

Mira los arbustos en la otra punta


"CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN..."


"CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN, MEJOR EL EMPUJÓN

CUANTO MAS GRANDE EL ALMOHADÓN..."

Post-scriptum del 23 de agosto: la primera parte del título de este posteo obedece al disco que más estoy escuchando últimamente de Zappa, You are what you is, una suerte de ópera-rock, pero una ópera bufa que termina siendo una radiografía irónica, sarcástica y hasta cruel de la sociedad norteamericana. Como Los Simpsons, pero hecho con música. Tú eres lo que tú es, una vaca no hace jamón dice por allí el buen Frank... Imperdible.

2 de abril de 2008

Música curva para el feriado

Sigo con los videos ya que la escritura viene en baja... Supongo que es momentáneo y por eso no entro (aún) en pánico. Ayer y antes de ayer no hubo posteos por varias razones, entre ellas, cansancio, agotamiento espiritual, dolor de cabeza, molestias visuales que me previenen de estar por la noche frente al monitor, cero inspiración y así por el estilo. Todo eso continúa hoy, pero sobreponiéndome a ello a trompicones y buscando nuevamente en You Tube di con esta excelente banda de jazz, Mundo Curvo Quinteto. No me he molestado en averiguar nada sobre ellos, pero aquí les dejo un video y la formación. El sonido del vibráfono le da un toque muy especial a lo que de otro modo sólo sería jazz sin demasiado vuelo (ay, estos audiófilos exigentes!).

http://www.youtube.com/watch?v=OLn03RdECM4

La banda está formada por:

Alberto Savloff: guitarra-direccion
Ruben Monaco: Vibrafono
Gabriel Herrera: Saxo Tenor
Pablo Carmona: Contrabajo
Roberto Nuñez Ragazzo: Bateria

7 de marzo de 2008

El desvío musical

No es un secreto para nadie que amo la música. Tampoco es un secreto, aunque lo fue durante mucho tiempo, que amé (y todavía amo, para qué engañarme) a un músico. (No pensaba incluirlo aquí, pero es inútil: él está aquí y yo estoy allí, por más que ahora estemos separados, quizá para siempre. O no, quién sabe. Podría haberme ahorrado este comentario, sólo necesario, quizá, para mi propia tranquilidad mental, pero en vistas de que los lectores de este blog son bien escasos, o, "un bien escaso" -quizá no, ojalá que no- pero que, en cualquier caso, son extremadamente silenciosos, me siento con libertad para no autocensurarme lo que podría tildarse de "mera referencia autobiográfica" comprensible sólo, tal vez, para la autora y destinataria de tal referencia).
Podría decirse que la música es tan importante para mí como la poesía. Comparten un mismo rango en mi sensibilidad, aunque cada cual ocupe su lugar definido: a la poesía la creo, la leo, la observo, la estudio, procuro desentrañarla, procuro aprehenderla, procura establecer coordenadas, paradigmas, esquemas, dispositivos para apresar su eterna e instantánea fugacidad; procuro también que me llegue más y más hondo cada vez, y procuro más aún, más todavía escribirla desde el fondo de las tripas (esas mismas que lo aman con tanta saña y violencia a C. A. H.); pero a la música me limito a la ilimitada y fabulosa sensación de disfrutarla. La dejo, como a un amante, él u otro, invadirme, inundarme ("dejarse inundar por la música" te escribí en una servilleta -una no black napkin- una vez, ¿te acordás?; servilleta que guardaste en el estuche de tu fagot -esta aclaración nuevamente innecesaria fue hecha sólo para usar dos palabras tan bellas como 'estuche' y 'fagot'), la dejo, decía, llenarme cada hueco o poro posible. A la música la dejo ser, sin intentar comprenderla, aprehenderla -menos todavía aprenderla- o estudiarla excesivamente. Me limito a escuchar, a percibir, a "recepcionar" (perdón por un verbo tan horrible pero viene bien), me limito a ser un vasto recipiente para que se vuelque en mí y haga de mí lo que quiera. Su música, la de Frank Zappa, la de quien sea que me agrade y cuya sustancia sea afín con la mía, es suficiente, no importa nada más. Ni siquiera con qué esté hecha.
La música, entonces, no podía estar ausente aquí (prometo subir más canciones con curvas y desvíos, aunque sea en el título, como la de John Petrucci aquí junto) y no lo estará. Hoy recibí en una de mis casillas de mail una excelente nota acerca, precisamente, de la música. Más exactamente, acerca de algunas patologías y "desviaciones" musicales, por así decirlo. Ya que el artículo es demasiado largo para postearlo entero, he seleccionado los párrafos en mi opinión más interesantes. Se trata de una reseña del libro de Oliver Sacks Musicophilia: tales of the music and the brain (Knopf, 2007). El artículo original (en inglés) puede leerse aquí y la traducción, completa, aquí.
Espero que lo disfruten tanto como yo.

AP

El misterio musical (fragmentos)

"La música es tan ubicua y antigua en la especie humana, tan integral a nuestra naturaleza, que debemos haber nacido con la habilidad de responder a ella: debe haber un instinto de la música. Así como adquirimos naturalmente el lenguaje, como un asunto de nuestras dotes innatas, así la música debe tener una base genética específica, y ser parte de la estructura misma del cerebro humano."
"Sacks comienza su libro con un caso impactante, más bien literalmente impactante. Tony Cicoria, un cirujano ortopédico de cuarenta y dos años de edad, estaba haciendo una llamada telefónica a su madre cuando fue impactado en el rostro por un rayo. Inmediatamente después del evento pensó que estaba muerto, pero no recibió lesiones serias y regresó a trabajar unas pocas semanas después. Entonces, muy inesperadamente, experimentó unas intensas ansias de escuchar música de piano, algo que no había sentido nunca antes. Comenzó a escuchar música de piano todo el tiempo, nada le era suficiente. Entonces, poco después, empezó a oír música de piano en su cabeza, insistente y poderosamente; sentía la necesidad de escribirla, aunque no tenía ningún entrenamiento en notación musical. Pronto estaba enseñándose a tocar el piano, tocando las tonadas que le venían sin pedirlo, a todo momento. Tocaba el piano en toda oportunidad posible, llegando a causar distracción en su esposa. Él sufría de un mal caso de musicofilia súbitamente declarada, de algún modo desencadenada por las alteraciones cerebrales traídas por el rayo. Se había convertido, en realidad, en una persona completamente nueva, evidentemente, porque su cerebro había sido eléctricamente recableado."

"Sacks nota que los seres humanos no solo escuchan mucha música, sino que constantemente la imaginan; de modo que si los oídos no estén siendo musicalmente estimulados, uno puede autoestimularse musicalmente el resto del tiempo. A veces, voluntariamente producimos imágenes musicales, como cuando cantamos una canción para nosotros por el gusto de hacerlo, pero también podemos ser sujetos de una imaginería musical involuntaria. Todos estamos familiarizados con esa tonada insistente que recorre nuestra cabeza contra nuestra voluntad y nuestros gustos (Recientemente, por cerca de una semana fui presa del coro de la canción de Tom Jones, “She’s a Lady”, una canción que no me gusta y que desprecio).
Sacks llama a esas experiencia “gusanos cerebrales”, y el término es apropiado: las imágenes cerebrales pueden ser notablemente invasivas y fastidiosas, al subvertir nuestra habilidad de controlar nuestras propias vidas imaginativas. Se meten ahí y no hay manera de soltarlas. Ese es el caso “normal”, pero puede ponerse mucho peor en los casos anormales. Para algunas personas, las imágenes musicales imaginarias cruzan la línea hacia la abierta alucinación musical, con música estridente y no bienvenida que asalta la conciencia del aquejado desde el amanecer hasta el anochecer. Sacks describe varios casos de alucinaciones musicales, uno de los cuales, el caso de cierta señora O’C., de ochenta y ocho años de edad y ligeramente sorda, comenzó súbitamente escuchando canciones irlandesas de su juventud, tan alta y claramente que pensó que había dejado el radio encendido; las canciones se detuvieron sin razón aparente después de unas pocas semanas. Gordon B., violinista profesional, no podía detener sus opresivas alucinaciones musicales, pero podía controlar su curso, cambiando de un tema a otro. Generalmente, tales alucinaciones no fueron bienvenidas."

"Luego están quienes sufren de epilepsia musicogénita, donde las convulsiones son producidas por estimulación musical. Lo que es notable es que el estímulo puede ser extremadamente específico; solo particulares tipos de música provocan las convulsiones epilépticas —podrían ser canciones de Frank Sinatra. En estos casos, la sensibilidad musical no es un don sino una maldición: el cerebro musical perdiendo todo control, sin consideración del bienestar de su dueño. Quizá, especula Sacks, estos días haya demasiada música, con el advenimiento del sonido grabado; quizá el cerebro humano simplemente no puede lidiar con este grado de bombardeo musical, y desarrolla extrañas patologías como reacción. O quizá la música es solamente demasiado buena, en el sentido de su poder de penetración sicológica."

"También tenemos el fenómeno de la sinestesia musical, en la que notas particulares son asociadas con impresiones visuales: Sacks informa que para el compositor Michael Torke, por decir, Re mayor está asociada con el color azul, y Sol menor con el ocre. Se ha especulado que los infantes son naturales sinestésicos, con sus sentidos no completamente diferenciados, y que perdemos esta capacidad a medida que maduramos (al menos, la mayoría la pierde). Incluso puede ser que el talento musical esté más difundido de lo que creemos, porque el cerebro trabaja activamente para suprimirlo; cuando se libera la inhibición, la habilidad natural es libre de flotar.
La capacidad de la melodía para calmar, y la del ritmo para excitar, son obvias para cualquiera que tenga sensibilidad musical. La música está tan íntimamente conectada con la emoción y el movimiento que su poder puede ser aprovechado para producir ambos tipos de respuestas. Se sabe que la música excita la corteza motora incluso cuando quien la escucha realmente no se está moviendo, así de íntimamente vinculados están el oído musical y el movimiento corporal. Esta es la razón de por qué sentarse sin moverse durante un concierto va contra los impulsos de la mayoría de las personas. Con todo, el poder propulsor del ritmo, tan evidente en nuestra experiencia cotidiana de la música, es en realidad bastante enigmático. ¿Por qué la mera regularidad de un ritmo debería causar que el cuerpo se sacuda? ¿Cuál es la precisa relación entre la secuencia temporal de los sonidos escuchados y los movimientos de las extremidades y el tronco? No respondemos de ese modo al lenguaje y a otros sonidos, ¿por qué sí a los sonidos musicales?"

"Sacks escribe: Normalmente en cada individuo hay un balance, un equilibrio entre las fuerzas excitativas y las inhibitorias. Sin embargo, si hay un daño en el (más recientemente evolucionado) lóbulo temporal anterior del hemisferio dominante, entonces este equilibrio puede ser alterado, y puede haber una desinhibición o liberación de los poderes perceptivos asociados con las áreas parietales y temporales posteriores del hemisferio no dominante.
Esta es una teoría extremadamente intrigante, porque sugiere que el cerebro contiene un potencial no explotado que es liberado solo en condiciones inusuales. Con daños al hemisferio izquierdo, en el que el lenguaje está primariamente ubicado, el hemisferio derecho tiende a actuar por sí solo. La ceguera y la sordera pueden resultar en un acceso al logro musical, a medida que el cerebro se dedica a actividades diferentes a ver y escuchar. Los derrames pueden producir talentos encontrados por primera vez, precisamente porque desconectan los mecanismos inhibitorios del cerebro. La sinestesia podría estar rondando en todos nosotros, si nuestro cerebro no estuviera ocluyéndola todo el tiempo. Los genios pueden llegar a ser como son simplemente porque no tienen los circuitos cerebrales que le ponen bloques a las habilidades naturales que todos compartimos.
En otras palabras, el cerebro siempre está restringiéndose a sí mismo, haciéndose él mismo más lento, suprimiendo sus poderes naturales, todo con el fin de preservar ese precioso equilibrio. Quítese las estructuras abstractas racionales y lingüísticas, y las porciones suprimidas del cerebro podrán liberarse y florecer. En el caso de la música, puede ser que, a pesar de nuestra obvia musicalidad, musicalmente seríamos potencialmente mucho más de lo que parecemos, si tan solo nuestro cerebro musical no fuera mantenido bajo control por el resto de nuestro cerebro."

"La habilidad de cantar y bailar bien, en particular, sirve par atraer parejas, porque señala inteligencia, agilidad y cualidad emocional, aunque no siempre vaya junto con una propensión al compromiso de largo tiempo para criar a los hijos. Levitin conjetura que esta es la razón de por qué las estrellas masculinas del rock y su música son tan eróticamente atractivas, a pesar de las pobres perspectivas de tales músicos como esposos dedicados: ellos están aprovechando el poder primordial de la selección sexual a través del despliegue musical.
Desde este punto de vista, la habilidad musical inusual parece una ventaja evolutiva, a pesar de su rareza cuando se la considera puramente como una adaptación al medio ambiente. La razón de por qué somos una especie musical es que nuestro éxito en el juego del emparejamiento depende de ello. En ese respecto, no somos tan diferentes de las aves. El poder erótico de la música, tan tentativamente aludido por Sacks, es por tanto central a su prevalencia en la especie humana. ¿Por qué, después de todo, es la canción de amor la más popular forma de música en el mundo? Porque las canciones de amor tratan de la cosa misma para la que está diseñado el instinto musical: la selección de parejas."
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