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24 de marzo de 2014

La furia fría

Este blog era tan copado que todos los 24 de marzo yo escribía algo en él. Y no mis pavadas consuetudinarias, sino algo sobre el 24 de marzo. Y siempre remataba esos escritos (lo pueden ver) con poemas de Miguel Ángel Bustos, uno de los tantos poetas desaparecidos por la dictadura. Ya que he retomado la escritura de este blog, quizás muy lejos de sus lineamientos iniciales (pero qué importa), no quiero hoy faltar a esa costumbre de escribir sobre este día, a pesar de todos mis reparos. "Mis reparos": odio la política, odio lo que provoca, lo que está provocando, pero más odio la manipulación obscena y descarada que propician los medios de comunicación. No todos, digamos, ya saben cuál. Ese monstruo mediático que tiene nombre y apellido y que comenzó a transformarse en esto que es hoy día precisamente un 24 de marzo de 1976. Odio las discusiones estériles, las peleas inútiles, la confrontación imbécil y desbocada, odio que todo el tiempo estemos divididos por cualquier cantidad de pelotudeces que no es necesario nombrar siquiera (y que, si debemos hacer historia, vienen desde el siglo XIX, ufa). Y todavía odio más otra cosa, aún más grave: que no haya un partido político que me represente. No digamos ya que me guste o que pueda apoyar. No siento ni la más mínima representación de parte de nadie. Es una suerte de orfandad política que se traduce en un desamparo ideológico y existencial extremadamente fuerte. Y no soy la única y quienes debieran entenderlo y hacer algo al respecto no lo hacen (porque no les conviene, quizás).
Y entonces me alejo de las contiendas, no participo en discusiones políticas de ningún tipo, me encierro en mi biblioteca y mando todo a la mierda. Cuando alguien me pregunta qué pensamiento político tengo, socarronamente contesto que soy anarco-conservadora como Borges y listo. Las pocas veces que tuve algún intercambio de ideas fructífero en este sentido fue con una persona que quiero mucho y milita en un partido que está muy lejos (pero mucho) de representarme. Sacando esos intercambios, toda vez que se habla de estas cuestiones yo prefiero retirarme o, a lo sumo, contraargumentar con ejemplos literarios. Porque allí sí encuentro algo que me representa. Allí sí encuentro gente que pensó, que peleó, que creyó en algo hasta las últimas consecuencias y pagó con su vida por ello. Allí sí encuentro que muchas voces se levantaron para denunciar las calamidades, las atrocidades, los horrendos crímenes que se estaban cometiendo en todas partes, en todos los bandos. Allí sí encuentro la confrontación válida, los intercambios de ideas que pueden llevar a algún lado, las discusiones que no terminan con amistades de años sino que las afianzan. Allí sí hay pensamientos que vale la pena examinar, estudiar, comprender. Allí no hay la inmediatez asquerosa y opinante que propician las redes sociales, la contienda radicalizada ante cualquier atisbo de estar en contra de lo que se supone no hay que estar en contra, el desprecio acendrado por todo aquel que piense un milímetro distinto del pensamiento único. Habrá tropiezos, desde luego, habrá equivocaciones (los escritores también somos seres humanos), habrá acciones incluso sospechosas o directamente condenables, pero al menos se puede escuchar un argumento, una idea, una razón, una convicción y no la vaciedad parlanchina habitual.
Entonces, hoy apelaré al lugar más común de todos. En vez de coronar esta catarata de pensamientos con un poema de Miguel Ángel Bustos (pero no dejen de leerlo, aquí y donde lo encuentren, por favor), voy a coronarla con el escritor que para mí representa todo lo que he dicho más arriba. Es claro, es obvio, es él, nada más y nada menos: 

"Imagino también un inventario de las cosas que quiero y las cosas que odio: ya lo dije.
Las cosas que quiero: Lilia mis hijas el trabajo oscuro que hago los compañeros el futuro los que no obedecen los que no se rinden los que piensan y forjan y planean los que actúan el análisis claro la revelación de lo escondido el método cotidiano la furia fría los títulos brillantes de mañana la alegría de todos la alegría general que ha de venir un día la gente abrazándose la pareja en su amor la esperanza insobornable la sumersión en los otros.
Las cosas que odio o que desprecio la traición la estupidez Frondizi la televisión Jacobo los yanquis de la Esso o los ingleses de la Shell porque estos hijos de puta son cuñas del mismo palo Bernardo Neustadt los mercenarios los discursos de los generales las turritas y los pavos de la publicidad oliendo a la colonia que mata los comunistas del partido los falsos profetas de la izquierda acalambrada la camiseta peronista el bigote peronista el odio de los oligarcas la cultura de La Prensa la senilidad de Borges la convicción de Gleizer o de Aizcorbe los que matan a la gente los torturadores los farsantes los radicales del pueblo sobre todo si son jóvenes y una lista inmensa inacabable que se podría tratar de perfeccionar.
¿Qué hago yo con todo eso? Empiezo a juntarlo empiezo a mirarlo empiezo a estudiarlo empiezo a ver si se deja escribir. Y si no se deja mala suerte será como la primera nenita que no se dejó cuando yo tenía ocho años y ella tal vez seis. Porque si no es sobre eso no vale la pena escribir sobre nada."

Rodolfo Walsh, Diario, 14 de marzo de 1972.

24 de marzo de 2010

La ausencia visible

La verdad es que estoy cada vez más lejos de la coyuntura política y de todos los males que en ese sentido nos acechan. Permanezco voluntariamente desinformada frente al caudal obsceno de información (de información mala y deformada aposta) que nos invade día tras día. Me importan un bledo los requiebros de los ancianos más severos (gracias Catulo) y el uso de las reservas y la última burrada de la presidenta o cualquier otra cosa que implique volver mis ojos hacia ese circo lamentable y patético que es nuestra política. Lamentable y patético casi suenan como elogios porque son algo todavía peor, pero no encuentro otras palabras y tampoco me quiero fatigar en buscarlas. 
Es feriado, es 24 de marzo, es ese día horrible que antes no se recordaba con el estruendo con que se recuerda ahora. No me interesa entrar en la estéril polémica de si sirve o no sirve o de qué sentido tiene recordar con tanta saña algo que no parece tener fin. Digo que no parece, error: que no tiene fin. Y que no lo tiene porque una enorme cantidad de gente no ha podido, por el maléfico designio de otros, llevar a cabo su duelo. No sé si existe pena peor. Creo que no. 
Pero no es mi estilo ni mi deseo entrar en tales cuestiones. Dije que permanezco al margen de estos vaivenes y así es. Me cansé de entrar a Facebook y encontrar muros y mensajes dedicados a esto y fotos ausentes y panfletos, pancartas y otras tantas demostraciones vacuas, puro sonido, puro estertor, pero ninguna profundidad sincera, ningún acto que, por pequeño que sea, reivindique de algún modo tanta injusticia. Nunca me verán en una marcha, nunca me verán enarbolando otra bandera que no sea la del lenguaje y la poesía. Y para todos esos imberbes que le reclaman al poeta lo que no le tienen que reclamar, y que suponen que todos los que escribimos debemos ser como el Che Guevara y otras sandeces por el estilo, sería bueno que supieran, que se enteraran de una vez por todas, que en la raíz etimológica de la palabra "poesía" está contenida ya toda la acción posible. En griego, 'poieo' quiere decir "hacer, hacer con palabras" y eso es lo que el poeta debe hacer. Escribir. Escribir más. Y seguir escribiendo. No necesita empuñar un arma ni voltear un gobierno. 
Pero si quiere hacerlo, allá él. No faltan ejemplos en nuestra literatura. Y ejemplos célebres, ilustres, maravillosos escritores que no dudaron en salir a luchar con algo más que una máquina de escribir o un papel. No hace falta ya a esta altura que los nombre. Y yo hoy quiero insistir, quiero repetir algo que ya hice otro 24 de marzo, porque sigo advirtiendo que nadie o casi nadie conoce a este poeta que la dictadura desapareció así, sin más, sólo porque militaba o porque escribía o porque era genial o por todo eso junto y más. Quiero, en este feriado que siempre será ambivalente y raro, volver a recordar a Miguel Ángel Bustos, un poeta tan cruel como tierno, un hombre fascinante, una luz que sigue encendida a pesar de tanta oscuridad reinante. 
Si el siguiente poema no los conmueve, no sé entonces de qué planeta vienen: 

ME AFIRMO EN LA TIERRA

Un día seré la ausencia visible de Miguel Ángel
luego mi olvido.
La marca de un pie desnudo sobre el agua.
Un gesto
una espalda.
Pero hoy tengo una médula de fuego.
Una piel extensa multiplicada en mi garganta.
Un puño joven
en el centro de mis huesos
apretándose muy hondo.
En luz
mi frente y mis dedos
como arterias hincadas
en el calor de la tierra dura.

Miguel Ángel Bustos
Corazón de piel afuera (1959).

Para seguir leyendo más sobre Bustos: 




24 de marzo de 2008

Si estoy acá para desviarme, me desvío pues

Hoy es 24 de marzo. Fecha nefasta si la hay acá, en Argentina, culo del mundo. Como en estos últimos días vengo bastante baja de "inspiración" para escribir (no se me ocurre nada digno, bah) y como las alertas de Google ya parece que dieron de sí todo lo que podían dar (igual tengo la esperanza de que algo más aparezca en cualquier momento) y aprovechando que ahora es políticamente correcto mostrar contrición por esta fecha (como ya predijera la Señora, hace ya algunos años que "se vino el zurdaje" en esta tierra y muchas cosas cambiaron o parece que hubieran cambiado pero siguen siendo lo mismo), he decidido conmemorar este horrípilo aniversario con poemas de un poeta desaparecido.
Podía haber sido obvia y poner poemas de Roberto Santoro o de Paco Urondo pero he decidido ir un poquito más allá y difundir a un poeta menos difundido aún, Miguel Ángel Bustos (1932-1976?). Tiene la particularidad de ser conciso y desgarrador. Ya quisiera esas cualidades para mí. Aquí, 3 perlas para dejarnos conmover hasta la médula por algo en apariencia tan "simple" como estos maravillosos mecanismos textuales (y desafío a cualquiera a que me demuestre, con pruebas irrefutables, que no lo son. Oh, perdón... esta es una polémica de mi otro blog, pero bueno, ya que estamos desviándonos...).
Vamos a lo bueno, vamos a por Bustos y su gran poesía, despojada de ornamentos, tan desangelada que duele, lastima pero también revivifica, enciende, hace comprender. ¿Qué más se le puede pedir a un poema, a un poeta?

Música al niño

Tocaré algo,
pulsaré elástico un aire popular de muerte
un algo musical,
para dar piedad a mi sombra.
Tiene que ser una cuerda
fría y lejana
con flores y cristal de nieve,
un canto nublado
que alza la voz y arranca.
He de bajar mi nota
hasta el niño que corría en mis piernas
tan antiguo,
a que entone una canción en tono suave
una lengua pequeña entre las ramas,
un tocar a despedida.
No vaya a doler sin esperanza.


Poema en voz baja

Me acosté
en silencio
me levanté
en silencio
salí al sol del silencio.
Esta es mi patria
la tierra sin lengua.
Muramos
con el trueno
el simple trueno de la sangre
mi amor.


Soy inmortal

Creo que el poema
con dientes y alma
capaz de andar cien siglos
con una vuelta de sangre
vive.
Desnudo
brutal
oscuramente humano

En Despedida de los ángeles (1998).

AP

P. D.: Éste fue el poema con que conocí a Miguel Ángel Bustos, gracias a mi amigo y co-equiper de proyectos literarios varios, Cristian Vaccarini:

"Escribe mientras sea posible. Escribe cuando sea imposible. Ama el silencio"

En Visión de los hijos del mal (1967).
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