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18 de junio de 2010

Juira invierno (o la desfavorable curva climática actual)

Como ya saben (y si no les cuento) odio el invierno. Desde ayer que he comenzado a sentir las rigurosidades del frío con una pertinacia que me desagrada en extremo. Acaso porque no supe elegir mi guardarropas adecuadamente (¿por coquetería femenina?) o porque no supe calcular mejor la temperatura externa (entre las tantas cosas que soy, meteórologa no se cuenta entre ellas) tuve que aguantarme la fresca y refunfuñar embravecida cada vez que el viento osaba recordarme que sí, que ya llega, que ya empieza el fuckin' invierno.
Pero probemos un nuevo antídoto esta vez. En vez de refunfuñar, cosa que hago muy seguido, escribamos. Hagamos arte. O algo que se le acerque bastante. O mejor, que se le acerque mucho. Que casi no se note la diferencia entre "escrito terapéutico" y "escrito artístico" (en mi caso suelen ser lo mismo, pero no siempre...). Quizás una foto pueda ayudarnos. Estaba mirando fotos de mi amigo, confesor y padre espiritual, señor Daniel Medina, y la foto que aquí les comparto me envió, sin escalas, a una escena de película. 



Una de Humphrey Bogart, claro, en riguroso blanco y negro, con hombres trajeados y mujeres de cintura de avispa (ay, quién pudiera). Nueva York, la ciudad de los ocho millones de historias, se agita por detrás de esa hipotética ventana que no vemos pero intuímos en los chorros de luz que atraviesan las aspas del ventilador. Nueva York, Hell's Kitchen, un verano abrasador, imposible, inaguantable. Pero. Pero tenemos la dicha de estar en una fresca habitación de hotel, con este ventilador despeinándonos apenas mientras siesteamos que da gusto. El mismo sopor nos obliga a la horizontalidad más profunda, nos insta a apagar todos los motores y dejarnos arrullar por el monocorde sonido de las aspas que giran y giran... ¿Quién nos acompaña? Nos acompaña quien nosotros querramos, que para algo estamos soñando y soñando en grande. A mí me acompaña un morocho parecido a Georges Corraface, un poco más alto (me gustan altos) y un poco más grandote (me gustan grandotes, anoten), que apenas se tapa con una de esas hospitalarias sábanas blancas... Seguramente duerme boca abajo y deja al descubierto una espalda que más tarde llenaré de besos y caricias, su pelo es un regalo del cielo y sus manos se pierden en alguna de las "blancas colinas" que mi cuerpo ofrece impúdicamente al mundo cada día. Oh, sí... ¿Qué estuvimos haciendo antes de esto? Eso lo dejo librado a vuestra imaginación.
No sé a ustedes, pero a mí se me pasó bastante el frío...

27 de abril de 2010

Las curvas y los caminos de la vida

¿Alguien ha notado los hermosos días que este otoño nos está regalando, al menos por estos lares? Días de sol, templados, con unas ligeras brisas que despeinan lo justo y sólo a la mañana muy temprano o a la noche ya tarde son plenamente frías. Días con hojas que crujen y con rayos de sol que se inmiscuyen entre ramas todavía verdes. Días tan doradamente otoñales que parecen primaverales. Espero que alguien lo haya notado porque yo también estaba a punto de perdérmelos (irremediablemente, lo que es aún más triste) sumida en mis tribulaciones habituales: que si yo lo quise y él no (o sí); que si se terminó; que por qué tiene que haber alguien sí o sí en mi vida para que todo lo demás se mueva; que por qué siempre me busco cosas, amores y pasiones complicadas; que de dónde vengo; que a dónde voy; que por qué soy siempre la otra, la amante, la clandestina; qué que importa; que por qué me importa ahora y no antes; y así por el estilo. Y a todo esto se sumaba la tremenda, incontestable, insalvable tribulación de ser una indocumentada más y, por si fuera poco, no tener ningún acceso al dinero ganado con el sudor de mi frente (o de mis dedos, digamos). Todo tragedia, todo traba, todo tan lindo para las ensaladas rusas de mi psiquis a las que soy tan afecta. Buhhh.
Por suerte, una parte de esas tribulaciones tan improductivas ya se ha terminado: hoy he vuelto a pertenecer a la tribu de los documentados, al clan de los legales, a las huestes de aquellos que hacen las cosas como deben hacerse (por lo menos... ciertas cosas; respecto a otras, nunca aprendo, al parecer). Y consecuentemente ya he accedido a mis dinerillos y ahora tengo que empezar a pagar deudas y cuentas pero bueno... es mejor eso que no poder disfrutar ni usufructuar lo que es mío. Y todo porque, esta vez, no me quedé esperando
Esperar. Es todo un tema para mí. Odio esperar, digo siempre, y sin embargo esperé años por el amor de cierto hombre (ya saben quién). Odio esperar y sin embargo estaba dispuesta a seguir esperando el fuckin' documento que nunca llegaba (y que probablemente iba a llegar para mi cumpleaños o para el día del arquero -pobres los arqueros ¿no se merecen ellos también su día?). Odio esperar y sin embargo soy perfectamente capaz de hacerlo porque mientras uno espera está totalmente dispensado de hacer nada más (es decir, así funciona el autoengaño al que lleva la espera inútil y prolongada). Uno no está ahí sin hacer nada... está "esperando". Y mientras tanto la vida pasa, el documento había que ir a reclamarlo y los amores es mejor declararlos cuando se sienten, cuando revientan contra las entrañas que guardárselos años y años como tesoros hundidos en un galeón pirata. Pero no, no, uno "espera", ergo, no tiene que hacer nada... salvo "esperar". Esta clase de pensamiento tautológico y perturbador me ha llevado por caminos muy erróneos a lo largo de mi existencia; por eso celebro esa lucecita que hoy me dijo "andá a buscar tu documento y a la mierda todo" porque en efecto allí estaba el muy ladino (¿esperándome él a mí, acaso?). Quizás hubiera llegado por correo tal como me dijeron cuando lo tramité, pero es evidente que no iba a ser en el transcurso de esta semana como yo tan ilusamente creía...
Señalo todo esto de los caminos de la vida a propósito de una imagen que mi amigo D. comentó en la red social Buena Foto haciendo bandera (ay, ¡cómo lo quiero!) de este espacio curvo y desviado. Al ver la foto comprenderán por qué D. ha tenido esta nueva deferencia con su amiga e ¿hija del corazón? (ja ja), con su princesa, como tanto le gusta llamarme y como tanto me gusta a mí que me llame. Así pues la moraleja de todo esto para mí es: de vez en cuando vale la pena esperar (pero muy poco, tampoco la pavada), pero en otras ocasiones hay que dejarse de remilgos y mariconadas y, simplemente, actuar (aunque sea algo tan trivial como ir a buscar un puto documento). 
¡Disfruten la imagen...!















Fotografía de José Francisco Girona

16 de abril de 2010

Curvas fotográficas

Hoy no voy a aburrirlos con mi planto por mi identidad perdida ni por el esplín decimonónico que me estuvo rondando toda la semana. Es viernes, ya arranca el fin de semana, salió el sol... Digamos que estaría bueno terminar una semana de mierda con algún mensaje medianamente positivo. 
Una lectora de este blog tuvo la deferencia de acercarme el nombre del fotográfo de unas bellas imágenes curvas que posteé en el 2008, así que considero una obligación moral e intelectual compartirlo con ustedes e invitarlos a visitar su página web porque es genial. Desconozco los parámetros técnicos para lograr estas fotos, imagino que mis amigos fotógrafos podrán darme alguna pista al respecto. ¡Ah! ¿Y cuál demonios es el nombre del fotográfo en cuestión, no? Es Sam Rohn
Espero que disfruten de las imágenes pero más de las sorpresas que los están aguardando en el fin de semana (¡cuiden sus bolsos, chicas, eso sí!). See you soon!

Posteo original con fotos de Sam Rohn sin saber que eran de él, empepinando acá

Página oficial de Sam Rohn, apretando fuerte acá

Infra, otra foto de Sam Rohn no posteada en su momento: 


21 de febrero de 2010

La curva del tiempo

Hace exactamente un mes que he posteado aquí por última vez. Se suponía que este año iba a retomar la sana costumbre de postear a diario aquí. Se suponía que el viernes no iba a llover (no importa qué dijera el santísimo Servicio Meteorológico Nacional), se suponía que el sábado iba a estar lindo y me iba a juntar con las chicas, que después iba a ir al teatro, se suponía que... Ya ven, en apenas dos días se suponían tantas cosas que no es de extrañar que mi buen propósito de postear nuevamente a diario se desbarrancara completamente una vez más. Pero no. Dije por algún lado que la misión del poeta, si alguna tiene o tuviere, es insistir, como procuro hacerlo patente en este poema que me han publicado aquí y aquí
Así pues, insisto. Insisto con las curvas. Y pronto insistiré con un nuevo blog, ¡oh, sí! ¿Acaso creían que me iba a quedar quieta...? Imposible. Ya les contaré de qué se trata. A decir verdad quiero retomar los posteos en todos mis sucuchitos, pero eso parece aún un deseo harto complicado. No es sólo el tiempo el tirano, también lo es el freakin' inconsciente y el huidizo deseo y... pero con eso ya basta. Se entiende lo que quiero decir, creo: uno tiene el deseo de hacer algo, procura hacerlo, se entusiasma, pone gran empeño y después... pifffff, el globo del deseo se pincha, uno se desanima, se encuentran cada vez más rápidamente más excusas para dejar de lado eso que tanta alegría nos brindó y una vez más nos ha ganado el desaliento, la desconfianza y el temor. Feos cucos esos: desaliento, desconfianza, temor. Hay que huir de ellos. Y una forma es perseverando, insistiendo con aquello que uno quería hacer. Es así que planeo (pero cuánto temo que no podré llevarlo a cabo, que seguramente encontraré cómo zafar de esto una vez más) retomar todos mis rinconcitos virtuales abandonados por mi pereza y mi desidia (¡feos cucos esos también!) y ver si de ese modo las musas también retornan a mí (porque andan lejos, muy lejos...). 
Entonces. Curvas. La curva del tiempo. Ha pasado un mes, dije, desde que posteé por última vez aquí. Parece que hubiera sido hace un siglo ya. ¿Y qué cambió entremedio para percibirlo de ese modo? ¿Es sólo porque volví a trabajar, porque las rutinas usuales volvieron a instalarse? Quizás. Pero quizás también sea algo más profundo. Este año (que es el año del Tigre, es decir, MI año) parezco estar especialmente reacia a caer en las rutinas consabidas. Son pocas las rutinas de antaño que quiero conservar y son muchas las que quiero instaurar de modo tal que no parezcan rutinas si no más bien rituales de celebración y encuentro. Ando en búsqueda de nuevos horizontes, en todos los sentidos. Supongo que el aire (y la experiencia) salteños tiene mucho que ver con esto. 
Pero hablabámos del tiempo. Del tiempo que pasa y deja su huella. O del tiempo que puede ser tan diferentemente percibido, incluso para la misma persona. Pero también, como en el caso del link que les comparto a continuación de lo distinto que puede ser el tiempo, como bien lo plantea el autor del posteo, para el que va en ese tren amarillo y verde, para el paseante que iba por allí distraído y para quien tomó la fotografía. ¿Es posible pensar que ninguno de los tres tiene las mismas referencias del momento evocado por la foto? ¿Cómo conjugar esas tres experiencias tan disímiles? Sí, ya sé, qué hago acá escribiendo todo esto en vez de dedicarme a la filosofía, ¿no? (y no vayan a creer, alguna vez consideré estudiar Filosofía, sí, señor...). 
No se pierdan la foto y los comentarios, están muy buenos. Pueden verlos aquí.

(Plegaria para cerrar este posteo: Quiera el deseo -y mi inconsciente, que siempre va un paso adelante- que volver a postear diariamente en Curvas sea una de esas bellas rutinas-rituales que quiero conservar a lo largo de este 2010-año del Tigre...).

21 de enero de 2010

Salta, la linda (con muchas curvas y desvíos...)

Y bien, queridos leyentes, he vuelto de mi aventura salteña. 
He vuelto maravillada, encantada, enamorada. "Llena de revelaciones", como me dijo hace un rato mi amigo Leo Mercado (una vez más les sugiero vivamente que visiten su blog, aquí). He vuelto hechizada por los paisajes, por la ciudad, por la gente, por la energía que desprenden esos maravillosos cerros, esas imponentes montañas. Desde la ventana de mi hotel, podía ver el cerro San Bernardo en su totalidad (ver foto debajo). Pero desde cualquier punto en el que uno se hallase siempre había un cerro en el horizonte. Acostumbrada a la planicie bonaerense no dejaba de sorprenderme cada vez que miraba allende los límites de la pequeña y acogedora ciudad, rodeada en su totalidad por montañas, al encontrarse en el fondo de un valle (el valle de Lerma). 
Un valle. Hasta la palabra es hermosa, poéticamente sonora, breve, sincopada. Sí, por cierto que quisiera vivir en un valle, rodeada de montañas y verde, olvidada para siempre del caos porteño, del caos platense y transformada para siempre también por el tiempo de Salta. Porque quiero vivir en "tiempo de Salta" a lo largo de todo este año, hasta que pueda volver. Porque voy a volver. Lo sabía antes de irme y ahora ya estoy segura: el amor -o algo muy parecido e igual de lindo- se asomó por allí y ya tengo tres razones tres para volver a Salta, la linda: 


1) volver a ver a mi amigo Leo y compartir nuevamente largas charlas en un bar, en "Farito" (donde venden las mejores empanadas salteñas!), en el dique Campo Alegre (ver debajo foto) o en cualquier otro lugar que se presente; 


2) visitar Cachi, ya que sólo visité Cafayate (ver fotos debajo también) y un montón de ciudades más (y no, no fui a Humahuaca, no fui a Tilcara, no fui a Iruya, no fui a las salinas...); 


3) volver a ver a un salteñito que me robó el corazón regalándome una rosa y dándome los besos más lindos que me dieron en mucho mucho tiempo...


Así que ya ven, razones para volver, me sobran. Claro que aquí también hay razones para quedarse, pero parecen tan débiles e insustanciales que si no fuera por estrictas razones materiales (léase $$$) ¡me volvería ya mismo para allá!
Estaba segura de que iba a ser un viaje de descubrimiento interior y así fue. No tuve ni treinta segundos de malestar mientras estuve en Salta, no hubo nada, pero nada, que me incomodara o me hiciera sentir mal o me produjera el menor sobresalto. Todo belleza, todo paz, todo calma y tranquilidad: pude notar enseguida el desacelere mental y corporal y así quiero seguir en lo que resta de 2010. 
Ya vendrán los proyectos, las escrituras, las novedades, los ciclos de poesía, los poemas, las novelas, los cuentos. Ahora, ¡a seguir disfrutando de las vacaciones! Y, si ustedes pueden regalarse a sí mismos un viaje como éste (no es necesario irse a 1600 kilométros de Buenos Aires, eso sí), les aseguro que nunca se arrepentirán de emprender una aventura como ésta. Los dejo con algunas fotos (saqué cientos, que pronto subiré a Facebook, por ahora les dejo las más impactantes aquí): 





Salta, de noche (vista de la catedral)





Vista del cerro San Bernardo, desde la ventana de mi hotel





Camino a Cafayate, El Anfiteatro





La Caldera, dique Campo Alegre





Salta de noche, vista desde el cerro San Bernardo

6 de enero de 2010

Las imágenes de la curvilínea

Finalmente, he decidido hacerles caso a mis dos amigos fotógrafos (ella y él) y dedicarme, si no profesionalmente, al menos seriamente a la fotografía. Como es repetido testigo este blog (y, desde luego, este) la fotografía y yo no somos extranjeras. De hecho, siempre me gustó sacar fotos. Y, cosa curiosa, otra cuestión interesante para anotar acerca del 2009 es que ha sido el año en el que más fotos me han sacado, ever. Creo que ni cuando era chica fui objeto de tantos flashes y teleobjetivos. No sé bien a qué se debió esto. O, mejor dicho, sí. 
En mi familia, tanto de un lado como de otro, siempre se usó mucho sacar fotos y guardar imágenes varias como recuerdo. Pero, como también he dicho por algún lado, mi familia un día se rompió y ya no hubo momentos Kodak que inmortalizar. No había habido tampoco muchos antes, pero después de eso fueron aún menos. Las pocas fotos que hay, entonces, de mi adolescencia y juventud existieron gracias a la cámara de mi hace ya diez años (¡oh, tanto tiempo ha pasado, tanta agua bajo el puente, tanto lodo por la espalda!) ex mejor amiga. Y ni siquiera las tengo escaneadas. He prometido escanearlas alguna vez para que todos vean mi orgulloso pasado metalero, pero no será hoy el día. Luego, aparecieron algunas fotos más. De la facultad,  de mi nueva mejor amiga. Del casamiento donde firmé como testigo (la única vez que un registro civil tuvo -¿tendrá?- mi firma). Luego, nada. Hasta el 2009, reitero. Si pasan por mi perfil de Facebook y revisan todas las fotos en las que estoy etiquetada, verán que llegan al centenar. ¡Yo, etiquetada en un centenar de fotos! ¡Yo, que me creía nada fotogénica, que siempre estaba acomplejada por mis caras o mi sonrisa o mi pelo o vaya Dios a saber qué, que tan tremendo pavor me daba antes salir en una foto...! Fue precisamente en el 2009 que descubrí la gran falacia que se escondía detrás de ese horrible (y tonto) cuco: no era cierto que no fuera fotogénica y no tenía nada de qué avergonzarme, tal como todas mis caras sonrientes y payasas (en el buen sentido) así lo atestiguan. 
Y confieso que me sorprendí la primera vez que descubrí que salían tan bien las fotos. Es decir, lo que me sorprendió no fue la calidad fotográfica de las imágenes sino lo radiante que yo salía (¡que yo salgo!). ¿De dónde venía esa risa diafána y sin complejos? ¿Cómo podía ser? ¿Acaso no era yo la poeta atormentada, el alma en pena, la supliciada pizarnikiana incapaz de esbozar ni una sonrisa irónica siquiera? ¿Dónde estaba la de la triste figura? ¿Quién era esta mujer que me sonreía con mi propia cara, rodeada de un montón de gente igualmente feliz y descontracturada? ¿Qué pasó allí?
Y allí pasó lo que tenía que pasar tarde o temprano. La metalera y su costado gothic-dark quedó en el pasado, la pizarnikiana decidió abrazar estros poéticos más sustanciosos y nutritivos, el aura de negrura desapareció por completo. La tipa creció, en definitiva. Y se animó a sonreír, a pesar de los tropiezos y los estropicios varios cometidos por su corazón. Se animó a posar para las fotos, pero paradójicamente ese posar era mucho más verdadero y auténtico que las anteriores poses de "qué tragedia es mi pobre vida", "qué sufrimiento tengo", "cuánto falta para la hora final" y "qué bien que escribo cuando agarro mi maquinita pizarnikiana y escribo poesía desde el hoyo". Hacer morisquetas, reír a mandíbula batiente, no estar pendiente de las voces del Censor y del Crítico internos dieron por resultado todas esas fotos en las que se me ve, ¡oh, sí, dilo de una vez!, feliz. Y tengo que aclarar: feliz sin él (ya saben quién es él). 
Bueno, mi idea para este posteo era otra, pero como he dicho más de una vez, la escritura es así, uno quería un perro violeta y le sale un ornitorrinco púrpura (o al revés), así que dejo las imágenes que iba a postear para otro momento, y declaro entonces que estoy a punto de comprarme mi primera cámara digital, desde luego no profesional, pero sí lo más completa y copada que pueda. Y una vez que la tenga... ¡agarrénse! Voy a llenar todo de fotos! 
Ahora los dejo con algunas curvas que capturé con mi telefonito:





Cúpula interior del edificio donde funciona la SEA (estación de trenes de Once)








 La horrible pero bella flor de acero en la avenida Figueroa Alcorta







Interior del anfiteatro de la Manzana de las Luces

14 de octubre de 2009

Regreso con imágenes curvas

Ando ausente de aquí aunque no quiera estarlo. Sucede que aún no encontré la fórmula para hacer las doscientas mil millones de cosas que quiero hacer en el mismo día (o por lo menos en la misma semana). Tampoco encontré la fórmula para dominar mi curiosidad, que siempre me lleva de aquí para allá, de allá para aquí y de acá a acullá. No puedo. 
Debe ser porque pertenezco a un signo de aire, y como una ráfaga, hoy paso por este lugar pero no es seguro que la misma ráfaga vuelva a pasar por el mismo lugar mañana o pasado. Pero, como mi ascendente es un signo de tierra, a veces (muchas veces) sucede el milagro de que la ráfaga vuelva una y otra vez al mismo lugar y así pude sostener, no sin altibajos, este y los demás blogs. Ahora la tierra se ha definitivamente volatilizado y el aire danza a su antojo. ¿Es porque el tonto de mi corazón comprendió al fin lo inútil de su empresa -pero no son todas las empresas del corazón maravillosamente inútiles? No lo sé. ¿O es porque he decidido ser una "multiartista" -con perdón del término y lo rídiculo que suena- y expandir mis horizontes hacia otras artes? Quizás. 
Cada vez me siento más privilegiada en un mundo y en unos momentos donde los privilegios son cosa cada vez más rara. Me han otorgado muchos dones y me parece una pena desperdiciarlos o dejarlos que se atrofien por no usarlos. He sido bendecida con el don de la escritura, el que he abrazado desde los quince años y sigo abrazándolo con el mismo fervor que entonces (ya han pasado veinte años... auch!). Pero también he sido bendecida con el don de la imagen ya que, si bien no sé dibujar -quizá sólo cuestión de ir a un taller y ver qué pasa...-, ya van dos fotográfos profesionales que me dicen que debería considerar seriamente dedicarme a la fotografía. Una rama del arte que, sencillamente, me fascina y me ha fascinado siempre. 
Y desde que pude lograr la amalgama entre poesía e imagen todavía más, como da cuenta este rinconcito, también un poquito abandonado, pero al que prometo volver próximamente. Así que hoy, que he decidido al menos aparecer con un posteo solitario, luego de comprobar que pese a la poca o nula actividad del blog se suman nuevos seguidores día tras día, les traigo algunas imágenes que tomé el lunes pasado en un campo de las afueras de La Plata, donde solemos reunirnos con mis compañeros de trabajo a asadear como se debe (y también a celebrar a Baco como se debe). He aquí las calas de Arana, con sus maravillosas y delicadas curvas (y otras imágenes conexas): 

















22 de abril de 2009

Nebreda: ¿el auténtico desviado?

¿Qué pasa cuando es la mente humana la que se desvía? ¿La que se sale de los carriles normales (pero, desde luego, no dejo de preguntarme cuáles son y quién decide que esos sean los carriles "normales")?
Me temo que voy a decir un montón de estupideces o de paparruchas pero esto me ha realmente impactado. Anoche estaba chateando con una amiga fotográfa (ella). Una charla de chicas presuntamente inteligentes, presuntamente independientes, previsiblemente solas. No importa. Lo que importa es que nos pusimos a hablar de fotográfos y otros artistas, y Cele mencionó a David Nebreda. El link vino por los trabajos, también impresionantes, de Joel-Peter Witkin. Pero si el enterarme de que Witkin trabaja con cadáveres (cosa que yo no sabía y que explica muchas de sus fotos...) me impresionó, no lo hizo tanto como la obra del español Nebreda.
Nebreda no es un fotográfo (quizá sería mejor denominarlo directamente "artista") cualquiera. No saca fotos de pajaritos, de niños angelicales, de flores (que las amo), ni siquiera de eróticos, cuidados y sugestivos desnudos. Saca fotos de sí mismo. Pero de nuevo. No son los previsibles autorretratos de Mapplethorpe, pongamos por caso. No, señor. Nebreda saca fotos, registra, documenta su locura, su enfermedad, el desvío terrible, fatal y ominoso por el que se va su mente. Y al colocar ese precioso tricolon de adjetivos ("terrible, fatal y ominoso") no puedo dejar de preguntarme ¿terrible para quién? ¿para él o para nosotros que impasibles permanecemos observándolo cual si un insecto monstruoso e imposible fuera?; ¿qué es lo fatal? ¿su no adecuación a nuestras normas morales, sociales, culturales, lo que fuera?; ¿qué es lo ominoso? ¿su mente "desenfocada" o la nuestra, tal vez demasiado enfocada, encarrilada y encauzada por la cultura, la civilización, la educación?
Éstas son las preguntas que me surgen al pensar en la "obra" de Nebreda. Pongo comillas porque, insisto, su obra es sí mismo. Marca su cuerpo (por usar un verbo suave) pero también lo muestra, a pesar de que hace ya muchos años que vive completamente encerrado en una casa en algún oscuro e ignoto punto de Madrid. Se flagela (de nuevo, por usar un verbo suave) pero lo muestra. Cabe preguntarse entonces: ¿hace todo eso para mostrarlo, con el sólo fin de mostrarlo? ¿Es una pantomima perfectamente orquestada o realmente su enfermedad, la esquizofrenia paranoide según leo, lo lleva sin más a eso? ¿Dónde está el límite entre la supuesta actuación en pos de llamar la atención, digamos, y el terrible, fatal y ominoso acting a que lo obliga su desequilibrio, su desvío?
Sé que todo este palabrerío no sirve de mucho sin las pruebas fotográficas que lo sustenten. Pero en lugar de eso prefiero remitirlos a un video en el que se exhiben muchas de sus fotos, y entonces comprenderán a qué me estaba refiriendo con todo esto.
Como corolario, si ayer dije, vía Barthes, que el lenguaje es fascista, hoy debo agregar que en estos días leí un cuento de Kafka que nunca había leído y quedé sencillamente anodada, pasmada y azorada. Los que lo leyeron dirán "puff, chocolate por la noticia", pero yo todavía no salgo de mi asombro: "En la colonia penitenciaria" es, verdaderamente, terrible, fatal y ominoso. Quizás mañana en Fauna Abisal me despache a gusto sobre él. Nuevamente, todo tiene que ver con todo... y me guardo la obra de otro fotográfo en consonancia con todo lo expuesto hasta aquí para otro momento, quizá para mañana mismo. 
Por si acaso aclaro que el video no es apto para impresionables.

15 de septiembre de 2008

Vuelven las imágenes (sólo por hoy, quizás)




Los lectores me perdonarán esta haraganería, pero últimamente ando muy poco inspirada y como recurrir nuevamente a las alertas de Google ya me pareció un robo, pensé mejor volver a postear imágenes. Y aunque aún tengo imágenes con curvas, de curvas y sobre curvas para subir he preferido, ya que se acerca (aunque no pareciera...) la primavera y ya que he descubierto a una muy buena fotográfa en photo.net, algunas fotos de flores que me volaron el moño... No sé si por los colores, las texturas o qué, pero me fascinaron. 
En realidad, las fotos de flores me encantan. Probablemente sea un lugar común y a mucha otra gente también le gusten y no tenga nada de especial, pero en general las flores suelen despertarme los sentidos (a quién no, se me ocurriría preguntar, pero estoy segura que habrá más de un insensible para quien las flores no representen nada), sobre todo cuando son -o cuando podemos tomarlas como- símbolo de otra cosa. 
Recuerdo que alguna vez vi, en una revista Muy Interesante (¿alguien sabe si se sigue editando?), una serie de fotos de flores y otros vegetales que semejaban, sin lugar a dudas, tanto genitales masculinos como femeninos. Y no se trataba de las hortalizas oblongas ni de las frutas alargadas que todas las mentes podridas (la mía incluida, claro) están pensando, si no las flores y los frutos más extraños. Sería alucinante recuperar esas imágenes, que lamentablemente quedaron en el disco rígido de mi mente... y por el momento no sé, si no es escribiendo y recordando, cómo sacarlas de ahí. ¿Cuánto faltará para que alguien invente un artilugio que nos permita echar fuera imágenes tal como las vemos en la pantalla mental? Hum... No teman, pintores, debe faltar mucho. Estoy segura que algunos echarían fuera imágenes tan horrendas que los inventores se arrepentirían de haber puesto en circulación dicho aparatejo...
Bien, la fotográfa que descubrí se llama Mary Dineen y aquí pueden encontrar muchísimas más imágenes de flores, insectos, gatos, paisajes, etc., etc.

16 de agosto de 2008

Nuevas imágenes curvas

Uno de los mejores boletines literarios que conozco, Ñusletter (no se lo pierdan ni aquí ni aquí), trae en su último número, el 194, algunos enlaces de gran interés, como este, donde encontré no sólo obras de los grandes maestros de la fotografía (Robert Mapplethorpe, Diane Arbus, Joel-Peter Witkin, por citar sólo tres) sino también estas imágenes curvas que comparto hoy con ustedes.
El misterio de la imagen, así como el de la poesía, el de la música y el del arte en general, me sigue atrapando y cautivando. ¿Qué hay detrás de esos miles de puntos en diferentes tonos de gris? ¿Está la realidad allí? ¿O es otra realidad? ¿Llega a ser realidad lo que sólo es un artilugio técnico? Pero más todavía me pregunto quiénes están allí, quiénes son esos mudos retratados (vean por ejemplo el portfolio de Diane Arbus y comprenderán a qué me refiero), quiénes son esos capturados e inmortalizados en una "simple" imagen?
No more talking. Las imágenes, esta vez, de Brassai.

2 de agosto de 2008

Imágenes curvadas, con curvas o de curvas, VI y último

Último día dedicado a las imágenes curvas, con curvas o de curvas. Me guardo de escribir aquí (por hoy) para escribir en otros lares -en el resto de mi flota, tal vez.
Pensaba poner tres imágenes al azar de entre las que estuve recabando esta semana, pero al abrir la carpeta respectiva me encontré con estas tres fotos de un mismo autor que me parecen un buen cierre para esta semana (de vacaciones) creativa. El fotográfo es L. Ramoth y debajo de cada foto va el nombre y el link a su contexto original.
Enjoy them!

"Curved skyscraper"


"Kurvor BMW"

"Portal"

30 de julio de 2008

Imágenes curvadas, con curvas o de curvas, III

Seguimos con las imágenes. Hoy, para delicia (iba a poner "de la platea masculina" como si las mujeres no disfrutarámos también viendo, a pesar de la "eterna y feroz competencia", otro cuerpo femenino desnudo; así pues, reformulo como sigue) de todas las pupilas que mirar quieran, desnudos, curvilíneos desnudos femeninos.
Antes de que pregunten, no, yo no soy la modelo en ninguno de los casos. Y antes también de que lo digan por lo bajo, por supuesto que me hubiera gustado serlo (¡el famoso "desnudo cuidado y artístico"!).
Debajo de cada imagen el nombre del fotográfo y el link al sitio donde podrán encontrar más fotos.


Pamela Creevey




Walter Chapell


Mark Eshbaugh

16 de julio de 2008

Un desvío flogger

Quizá por mi edad, por mi background o, más simplemente, por la testarudez de mi ascendente en Tauro, aún no he sucumbido a la moda flogger. Los pocos fotologs que he visto, salvo algún que otro destello de originalidad (como uno dellos que se dedicaba a fotografiar colectivos de las líneas 10 y 17), no he visto casi nada que llamara mi atención. No parece ser, digo con prudencia neófita, más que la trasposición del viejo y querido álbum de fotos al formato digital (antes de que se alcen las voces denunciando mi supina ignorancia remarco que he utilizado el verbo "parece" y no "es").
Sin embargo, hay excelentes blogs de fotografía (que, llamativamente, no se llaman a sí mismos "fotologs" sino "blogs"), por ejemplo este o este. Y es en la línea de estos fotoblogs en la que quiero inscribir el post (desviado de las curvas y desvíos habituales) de hoy.
No soy fotógrafa, ni siquiera aficionada. Simplemente, tengo un celular con una camarita más o menos pasable (luego de que un amigo de lo ajeno me cheteara mi baqueteado y casi inservible Pantech que también tenía una camarita, que ya ni andaba, eso sí, adquirí este chiche, el Motorola Rokr w5) y de vez en cuando me gusta tomar alguna foto al azar. Como dice un personaje (fotográfo, je je) de un relato en el que vengo trabajando hace ya bastante: "Siempre estoy esperando que algo me sorprenda". Pues con ese mismo espíritu intento abordar yo la calle cada vez que salgo a ella.
Y hoy me sorprendió con este ¿graffiti? ¿mensaje de amor (o de desamor)? No lo sé. Uds. dirán:

Estación de trenes de Bernal, 16/07/08

Transcribo el mensaje (o lo que este texto sea):

GISELA Pertutti APURATE / NI TE ESPERE NI TE VOY A ESPERAR / ESCUCHE TU LLAMADO Q HICISTE EN EL TREN / EL MARTES PASADO Y TE LLAMARÍA PERO NO ANDA IDENT

¿Quién es Gisela? Más importante aún: ¿quién es el autor de esta pintada? ¿Por qué no la esperó ni la va a esperar? ¿Por qué le dice "apurate"? ¿Cómo sabe que lo estaba llamando desde un tren? (me suena a que es un hombre, por eso lo pongo en masculino, pero quién sabe). ¿Cuándo es el martes pasado? ¿Qué es lo que no anda? Si fuera el teléfono ¿no podía ir y llamarla desde un locutorio? (en la misma estación hay uno). Y para los que no son quilmeños: una sola cosa es clara: que se vieron o que se iban a ver o que se encontrarían cuando Gisela viera este mensaje en Pertutti, importante restó-pizzería-bar del centro de Quilmes.
Sin embargo, hay una pregunta aún más importante que todas estas: ¿por qué se le ocurrió al autor del mensaje pintarlo en una pared que dista varios metros de las vías del tren (suponiendo que la misteriosa Gisela pasase dentro de alguna formación en algún momento) en lugar de enviarle un mensaje de texto, un mail o una paloma mensajera? ¿Y por qué no firmó su declaración? ¿Cómo sabe Gisela, cualquier Gisela, que es la destinataria de ese mensaje si no puede identificar a su autor? ¿Y qué significa esa misteriosa partícula o palabra inconclusa, "ident"?
No tengo idea cuánto tiempo hace que está esa pintada en la estación. Yo la descubrí hoy. Gisela ¿la habrá descubierto? ¿La descubrirá algún día y entenderá así por qué nunca se llegó a encontrar con el chico aquel, el que ella creyó que le había roto el corazón sin más?
Si para esto sirve un fotolog, bienvenido.
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