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21 de abril de 2009

I'm back (no estaba de parranda... aunque me hubiera gustado!)

Welcome back everybody! Mi ausencia de estos parajes internéticos se debió a una serie de desinteligencias familiares e internas que provocaron el abrupto, astuto y taimado corte de la línea telefónica de mi (menos)preciado hogar y el consecuente impedimento de conectarme a la red, salvo en las sacrosantas horas de trabajo. Si bien hubiera podido preparar posteos y publicarlos por lo bajini desde my work, eso hubiera contradicho no sólo mi intachable ética laboral (risas) sino el espíritu mismo de estos posteos, que nunca son pensados ni planeados ni hechos con antelación (ni siquiera los de mi querida Fauna Abisal). Siendo así las cosas, me rendí ante la evidencia de mi espantosa incomunicación con el mundo y decidí ser paciente, pensando que ni bien uno pagaba la maldita boleta atrasada los señores de Telefónica/Speedy y todas sus putas madres (oh, no, ¿será ésta una muestra de violencia machista? ver infra) el servicio afectado se reestablecía... ja. 
Qué ingenua sos, Anita. El teléfono tardó casi tres días en volver mientras que Internet (parece que habilitar ambas cosas al mismo tiempo no es procedente, no corresponde o es un esfuerzo técnico tan grande que obliga a que se haga en dos interminables pasos) tardó otros dos días. Una belleza. Amigos, la moraleja es: ¡no se atrasen con sus boletas o se sentirán totalmente desasidos del mundo! Y pensar que antes, hace ya unos años, bueno, unos cuantos, déjenme ver... a la pipeta, siete años ya, yo no tenía Internet, apenas si la primera y aún fiel Abulafia, la compu que me heredó mi primo con sus primosos 3 gigas de... ¡espacio en disco! En fin, que no tenía Internet ni mp3 ni FCB ni MSN ni nada y era feliz igual... creo. O por lo menos no sentía que la PC era un trasto totalmente inútil si carecía de conexión con el mundo... O tempora, o mores (no Mariano, je)!
Entonces, heme aquí de nuevo, una vez que he desagotado (es un decir) mis cuentas de mail, abarrotadas luego de prácticamente una semana sin bajarlos y una vez que me he vuelto a conectar con todas aquellas cosas que tanto me gustan (interné, interné!!!), vuelvo a por mis fueros y ¿con qué me encuentro? Con que el mundo siguió girando, FCB siguió andando y sumando adeptos, pero la tasa de idiotas no decrece ni un segundo. Por el contrario, crece minuto a minuto. 
Revisaba mis googlianas alertas cuando me encontré con un término que desconocía y que no creo (mejor dicho, espero) que la RAE aún haya aceptado: "femicidio". ¿Lo qué? Una definición perogrullesca podría ser: "homicidio cometido contra una mujer", o bien "asesinato perpetrado contra una mujer (¿o los ineptos del correccionismo político prefieren "contra una persona del sexo femenino"???)". No creo (espero, reitero) que tenga validez legal pero aquí podrán encontrar la página de la que me alertó Google y su paranoica (es un hecho que el mundo está cada día más y más paranoico, sin duda alguna ya), retrográda y espantosa retórica "feminista". 
Y todo esto se debe, ¡una vez más!, a la maldita corrección política que tanto me repugna. Yo me pregunto: esta gente que tanto se rasga las vestiduras con la supuesta corrección del lenguaje, ¿entenderá alguna vez que el lenguaje es fascista, como bien dijo Roland Barthes? ¿Entenderán algún día que sólo podemos decir lo que el lenguaje nos deja decir? ¿Comprenderán que no existe la sinonimia perfecta, que la precisión rayana en lo absurdo es justamente eso, absurda, que el lenguaje es una herramienta y que nuestra misión es saber usarla cada vez mejor para así pensar cada vez mejor y llegar a ser medianamente libres?
Tal como veo hoy las cosas, pareciera que no. Lástima. O tempora, o mores, de nuevo.

12 de julio de 2008

Muchos días sin Internet, pero aquí estoy, con la curva del toro

El jueves de la semana pasada (no antes de ayer sino el otro jueves) mi conexión a Internet se murió y todo lo que obtenía al hacer doble clic en el icono del fuckin' Speedy era un cartelito desesperante que rezaba "Error 691" y a continuación la inexplicable explicación del mencionado error. Desesperada, llamé al servicio técnico para desayunarme con que "estaban haciendo arreglos en la zona desde la que ud. llama, por favor disculpe las molestias ocasionadas". Fuck it. ¡Justo ahora que había retomado los posteos diarios aquí y que fundé un nuevo blog se ponen a hacer arreglos estos infelices! El mismo cartel descorazonante siguió apareciendo día tras día, impertérrito ante mis súplicas. Decidí dedicarme a corregir mis poemas y hacer algunos envíos a concursos. Hasta que hoy, cuando por enésima vez obtuve el mismo fuckin' error, llamé nuevamente al service y en un periquete (¡qué bella antigualla idiomática!) volví a conectarme, ergo ¿volví al mundo?
Casi.
Y vuelvo entonces a mis posteos diarios (o eso espero) y a las alertas de Google. Esta vez, con un ¿extraño? (no sé si es la palabra indicada, por eso los signos de interrogación) artículo sobre la tauromaquia, lleno de referencias curvas, por lo que lo citaré completamente y aquí les dejaré el link para que lo lean en su sitio de origen. Teniendo en cuenta que días pasados se celebró San Fermín...
¡Ah, qué bello es volver a estar conectada! Dulce e intoxicante sensación, por lo que trataré de no empalagarme ni enviciarme.

La curva del toro - Miguel Ángel Aguilar

Isaac Babel se refería a la dificultad del empeño para explicar "la curva misteriosa que describe la línea recta de Lenin". Como diría Jesulín, esa curva es como un toro, cuya ecuación aparece descrita por H. Brocard en sus Notes de bibliographie des courbes géométriques (Bar-le-Duc, 1897). En resumen, la curva del toro es la que describiría un toro buscando reunirse con el diestro, suponiendo que éste sigue un camino dado, con un movimiento uniforme. Se trata de un caso particular de las curvas o líneas de persecución, así designadas por Bouguer con ocasión del problema de la ruta del barco que quiere interceptar a otro, al que dio solución en la Memoire de l'Academie des Sciences de 1732.
Aceptemos que el arte del toreo incluye muchos de estos momentos de fuga pero brilla sobre todo en las situaciones contrarias, cuando el diestro se atornilla en el ruedo y cita al astado que se arranca en línea recta. Entonces, todo lo aprendido sobre las curvas de persecución queda inservible y cobran su plena vigencia los principios de la tauromaquia de Pepe Hillo, el primero de los cuales es una adaptación del de la impenetrabilidad de la materia: "Que viene el toro, te quitas tú; que no te quitas tú, te quita el toro". Además, para que el lance se verifique con valor artístico añadido, es preciso que el matador intervenga en la venida del toro, que le cite en debida forma, y que le dé salida con el engaño sin necesidad de quitarse o que si en último extremo debe hacerlo proceda de manera irreprochable.
Sabemos que un acuerdo no es tan fértil como un desacuerdo a la hora de estimular el diálogo, pero la lidia no es exactamente un diálogo, aunque requiera alguna colaboración del toro, cuya embestida nadie garantiza y sin la cual se multiplican los méritos pero se hacen imposibles los logros artísticos. En todo caso, convengamos en que la concepción del arte del toreo es una forma de conocimiento basada en el "principio de comunicabilidad de las complejidades inteligibles", a la que se ha referido con acierto Jorge Wagensberg en el libro Proceso al azar. Por eso, es innecesario empapuzar a los japoneses con teoría alguna. Basta con que sentados en el tendido se dejen invadir por la belleza de la ejecución, entren en resonancia con los aficionados y queden arrebatados por emociones que les será imposible explicar en Tokio.

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