8 de marzo de 2009

The power of the cunt o Querido tajito

Luego de un fin de semana bellamente agitado (al ritmo de BOOM BOOM CHA, BOOM BOOM CHA) y a pesar de que no creo mucho en el concepto "día de", quiero compartir con uds. algunos fragmentos de un libro algo desparejo pero interesante, intrigantemente titulado El origen del mundo... El autor es el sexólogo holandés Jelto Drenth. Cuando vean la tapa comprenderán a qué se refiere con ello (es una reproducción de un famoso cuadro de Gustave Courbet). Aquí encontrarán una reseña del libro de mi colega ansudeña Gabriela Puente y aquí algunos otros fragmentos que no incluí aquí adrede. 
Feliz día, mujeres. Y como dije aquí: THIS YEAR, MORE FUN, LESS FEAR!!!

"El hecho de que las palabras 'fuertes' hayan seguido siendo tabú quizá se deba a su empleo como insultos. Los genitales femeninos, no menos que los masculinos, se utilizan bastante con tal fin. A mi juicio, las palabrotas referidas a la mujer son bastante más groseras que las referidas al hombre: '¡Cojones!' es una expresión menos áspera que 'La puta que te parió'. En los países donde la clitoridectomía constituye una práctica tradicional, la palabra que designa el clítoris forma parte de las maldiciones más inmundas. Los fundamentalistas musulmanes de Egipto utilizan "madre del clítoris" como insulto dirigido a los turistas blancos; y el peor agravio que se puede inflingir a un hombre es llamarlo 'hijo de madre no circuncidada'.
Japón representa una excepción. Allí los padres y las madres explican a sus hijas acerca de su odaiji-no-tokoro, su 'lugar augusto e importante'. A los varones se les habla de su odaiji-no-mono, su 'cosa augusta e importante'. Para los varones hay también un sinónimo consagrado por la tradición: el ochinchin ('honorable pitilín'). En la década de 1980 las feministas japonesas protestaron contra este tratamiento desigual y abogaron por la introducción del término waremechan ('querido tajito')."

"¿Qué se hace con una mujer incapaz de experimentar un orgasmo durante el coito, pero que responde con pasión a la estimulación del clítoris? Para Freud, la respuesta era obvia: ella no ha conseguido aceptar su femineidad, insiste en desempeñar un papel activo y no ha logrado superar sus celos de la primacía de la sexualidad masculina. En breve, sufre de un complejo de masculinidad. Marie Bonaparte emitió esta opinión sobre el tema en 1933: 

... las mujeres, al parecer, pueden dividirse en tres tipos principales, cada uno de los cuales responde, a su propio modo, al shock traumático que experimenta cada niña al darse cuenta por primera vez de la diferencia entre los sexos. Las del primer tipo pronto logran reemplazar el deseo del pene por el deseo de un hijo, y se vuelven verdaderas mujeres: normales, vaginales, maternales. Las siguientes abandonan toda competencia con los hombres al sentirse demasiado desiguales, renuncian a toda esperanza de obtener un objeto de amor externo y, en lo social y lo psíquico, ocupan entre los humanos un nivel comparable al de las obreras en un hormiguero o una colmena. Por último, están las que niegan la realidad y no lo aceptan nunca: éstas se aferran con desesperación a los elementos masculinos psíquicos y órganicos innatos a todas las mujeres: el complejo de masculinidad y el clítoris."

"... cuando es la mujer la que desea más sexo, y su pareja la frustra, lo pasa mucho peor, porque su situación es anormal; de hecho, socava los cimientos de nuestras creencias básicas. Ella sentirá por instinto que no le conviene hablar del tema con nadie, pues de lo contrario se arriesga al ostracismo. La situación requiere una explicación, pero las respuestas parecen bastante negativas. Tal vez sea todo culpa de ella. ¿No es atractiva? ¿Dice siempre lo que no debería? ¿Tiene mal olor? ¿El rechazo de su pareja se debe a su flujo vaginal (aunque en la última revisión el médico le dijo que era normal...)? ¿O él está enamorado de otra? ¿O será gay? ¿Quizás ella sea demasiado directa en la manera de transmitirle qué es lo que desea?"

"La operación más violenta se practica en Somalia y Sudán: se cortan el clítoris y los labios menores, y luego se unen con una costura los labios mayores y los labios menores, de modo de dejar sólo una pequeña abertura algo más arriba del ano. Esta forma de intervención se denomina 'infibulación'.
(...)
Las mujeres de los países en los cuales rige la circuncisión consideran 'limpia' la vagina circuncidada, en flagrante contradicción con la realidad.
(...)
Otra de las 'ventajas' de la circunsición consiste en que la mujer pierde la mayoría de sus órganos de sensibilidad sexual, lo cual -según la creencia generalizada- brinda protección contra una sexualidad desenfrenada. También aquí encontramos el miedo, muy arraigado, a la concuspicencia ilimitada de la mujer."

"El primer aviso de vibrador para uso personal, el Vibrátil, data de 1899. En los anuncios publicados en ese entonces, el vibrador comparte honores con la máquina de coser, el ventilador, la pava eléctrica y la tostadora. Las amas de casa deberían esperar unos diez años más la llegada de la apiradora o la plancha eléctrica. En el aviso del primer vibrador se nombraban la neuralgia, los dolores de cabeza y las arrugas como enfermedades factibles de curar con este tratamiento. La salud y la belleza se mencionaban siempre, mientras que las posibilidades sexuales apenas si se insinuaban con frases como: 

Dirijo mi mensaje de salud y belleza A LAS MUJERES.
Suave, relajante, estimulante y refrescante. Inventado por una mujer que conoce las necesidades femeninas. Toda la naturaleza pulsa y vibra de vida.
La mujer más perfecta es aquella cuya sangre late con la ley natural del ser."

"Los fabricantes de toallitas higiénicas y protectores diarios explotan a conciencia la revulsión por los genitales femeninos. Casi no logramos concebir que hace menos de un siglo las mujeres menstruaran directamente en la ropa que vestían, pues creían que de lo contrario se impedía el vital efecto purificador del flujo menstrual."

"Para algunos hombres y mujeres , un monte de Venus sin pelos resulta más atractivo y excitante que el 'origen del mundo' natural. Tanto en anuncios personales como en sitios de Internet se ha generalizado esta preferencia, que se muestra de modo explícito, y en el 2003, los adictos al porno que prefieren las 'matas peludas' fueron diferenciados como un grupo aparte, un blanco comercial diferente." 

4 de marzo de 2009

Poesía botánica para los días de lluvia

La poesía, al igual que la literatura, sucede. Y al igual que la literatura, suele encontrarse en los lugares más inesperados. No reposa, como creen los poeñoños en las manidas imágenes de la primavera, de la paloma de la paz o de los Cupiditos enviando imprecisas flechas al éter... La poesía, al igual que la literatura en palabras de Barthes, suele estar fuera de eso que la convención llama "Poesía". Y así es como podemos encontrarla en la prosa alucinada de Roberto Arlt (como lo demostré aquí) o en un texto científico como el que voy a reproducirles a continuación.
Mi trabajo aquí no guarda demasiados secretos. Se trata de digitalizar y catalogar los textos para subirlos al portal y que puedan así  ser accedidos por cualquiera que lo desee. Nuestro objetivo principal es la producción científica e intelectual de la Universidad, pero en ocasiones extendemos nuestros servicios más allá, como en el caso de la tarea que tengo asignada desde fin de año. Se trata de digitalizar la revista del Colegio de Farmacéuticos de la Provincia de Buenos Aires. En ocasiones, entre escaneo y escaneo, me detengo a leer fugazmente algún párrafo de algún paper, del que por supuesto no comprendo ni papa, llenos de fórmulas químicas, tablas, gráficos... 
Pero hoy me asaltó la poesía en plena cara cuando leí las descripciones botánicas de algunas plantas y no quería dejar de compartirlo con uds., aunque éste sea quizá un post más apropiado para este blog o para este (estrenado y abandonado, lo sé, ya lo retomaré...!). Y cuando hablo de poesía hablo básicamente del lenguaje, porque no de otra cosa está hecha la poesía, pero también hablo de la musicalidad que emana de las palabras, de algo que va mucho más allá de la mera significación. Hablo de todas las cosas que los poetas internéticos, que son legión, se rehúsan a entender, pues estas cuestiones atacan directamente los cimientos de sus débiles edificios pseudopoéticos. 
Hablo de que la poesía sucede (it happens) y no necesita, siquiera, estar en verso o dentro de un libro de poemas. Y, si no, a las pruebas me remito: 

Del artículo: "Endulzantes de Origen Vegetal. 1. Taumatina, Monellina, Miraculina, Glicirricina, Esteviósido y Hernandulcina" [no me digan que "miraculina" no es una maravilla!!!]

En: Acta Farmacéutica Bonaerense 7 ( 2 ): 117-29 (1988).

Autores: Mandrile, E.; Bongiorno de Pfirter, G. y Cortella, A

Taumatina

"Es una hierba perenne y rizomatosa. Las hojas son grandes, soportadas por un pecíolo muy largo e inflexiblemente erecto. Limbo ampliamente oblongo, moderadamente firme, glabro, redondeado en la base. Bracteas naviculares, oblongas, caedizas, muy cortas. Flores púrpura pálido tan largas como las brácteas; sépalos de 8 cm de largo. Frutos marcadamente trigonos, rojo oscuro, pardos al madurar, brillantes..."

Monellina

"Es una planta dioica, herbácea, perenne, con tallos sarmentosos, pubescentes. Hojas largamente pecioladas de aproximadamente 7,5 cm. de largo, cordadas y también cubiertas de pelos. Inflorescencia en racimos axilares: las flores masculinas con seis sépalos en doble vuelta un poco cóncavos, apétalas y con seis estambres unidos en sinandria sésiles, hemiesferófitos. Las flores femeninas con 6 sépalos y 3 a 6 carpelos libres, todos con un óvulo fijado por debajo de la mitad de la sutura vegetal; estigma grueso y oblicuo..."

Miraculina

"Es un pequeño árbol o arbusto de 1,8 a 4,5 m de alto, con hojas de 10 a 12 cm. de Iargo y 4 a 5 cm de ancho, abovado cuneadas, glabras, mebranosas y obtusas, que crecen al final de las ramas. Las flores, solitarias, pequeñas y numerosas, están originadas en las axilas de las hojas. El cáliz infundibuliforme presenta cinco lóbulos pubescentes y obtusos. La corola calicina es glabra y 5-dividida. Posee estaminodios ovado-lanceoladas, antera extrorsa elíptica-obtusa y filamento corto. El ovario subpiloso es glabro y unilocular; el estilo es filiforme y el estigma simple y puntiforme. El rojo fruto ovoide es monospermado y recuerda una pequeña ciruela, con una gran semilla incluida en una delgada y suave pulpa, donde se encuentra la peculiar propiedad eridulzante...".

Para aquellos que no hayan encontrado la poesía, puse en negrita las palabras y expresiones que más llamaron mi atención y aquí, algunos posibles versos que con la debida pulimentación podrán convertirse en un poema algún día: 

el rojo fruto ovoide
mora en su suave y delgada pulpa

sus flores púrpura pálido
me recuerdan pequeñas ciruelas
que hubiera atesorado antes en mis manos

el rojo fruto ovoide reposa
glabro, caedizo, pardo al madurar

inflexiblemente erecto se pasea
deja al descubierto
mi torpe sutura vegetal

el rojo fruto que me alimenta
a la vuelta cóncava de los días

el que tanto se parecía
a la oblonga permanencia
de sus estigmas

(04/03/09)

P. D.: Conozco un solo escritor que se atrevió (quizá sería mejor decir "osó") usar el término "infundibuliforme" (que quiere decir "con forma de embudo"): Eduardo Mallea. Huelga agregar nada más.

3 de marzo de 2009

Algunas reflexiones desviadas sobre la escritura de ficción

Leo en un comentario de D. al último posteo de este blog que "siempre escribiremos desde cero". 
No estoy de acuerdo. Es imposible escribir ex nihilo nihil. Es el deseo de lo que en otro lugar llamo los poeñoños y de todos aquellos escritores principiantes que creen que el mundo ha nacido con ellos y por ende les toca renombrarlo todo e inventar a cada paso el agua caliente. Cuando dije que estaba escribiendo algo "desde cero", quise decir que me había entregado al puro placer de la fabulación, acaso lo más placentero del oficio de escribir. Pero incluso en ese escribir desde cero hay siempre cosas que vienen de no se sabe qué insospechados rincones de nuestra psique, de nuestra experiencia y de nuestras influencias, por citar sólo tres instancias importantes. 
Escribir desde cero, en mi opinión, se diferencia radicalmente del tipo de escritura que puedo desplegar aquí o en otros sitios en lo siguiente: en un blog o en un reseña crítica hay muy poco lugar para la fabulación. Quizá en un blog haya más que en una crítica teatral, de acuerdo, pero la fabulación es patrimonio exclusivo de la ficción. Este tipo de escritos (aunque instauren una ficción, pues TODOS los textos lo hacen, y esto es algo que tampoco comprenden los novatos, los neófitos y los poeñoños) no pertenecen al género de la ficción, no al menos como yo lo entiendo. Aquí a veces puede haber textos que de lejos parezcan ficción, pero técnicamente no lo son. Se trata de reflexiones, de impresiones, de semblanzas, incluso de recuerdos y de vivencias, pero en modo alguno estamos aquí en el terreno de la ficción. Menos ficción, así entendida pues, puede haber en las críticas teatrales o en las reseñas de libros
Escribir desde cero significa empezar a contar una historia de la que nada o casi nada sabemos pero que se va gestando en nuestra cabeza al mismo tiempo que se va volcando sobre el papel. Eso es fabular. En la primera página sólo sé que hay determinado personaje y que le pasa (o no le pasa) tal cosa. A veces incluso sé menos que eso. Tal vez sólo tengo una frase. Una frase que por alguna razón insiste en mi cabeza hasta que la pongo en un papel. A partir de ahí no hago más que tirar de esa frase del mismo modo que tiraría de un hilito suelto en un pulover tejido a mano. El pulover se desteje, es cierto. Pero el texto se teje así justamente. En ese desovillarse es donde la historia se ovilla y finalmente nace. Si en la primera página sólo sabía que había un personaje es muy probable que si sigo tirando, si sigo el camino que esa frase me muestra, en la página veinte ya me encuentre con toda una situación en pleno proceso, una situación que todavía no tengo ni puta idea de cómo va a terminar, pero que si sigo tirando un poquito cada día voy a encontrar no sólo cómo termina sino un montón de sorpresas en el medio de ese camino.
A este momento maravilloso de la creación, el más explosivo, el más liberador, el más entusiasmante de todos, mi maestro lo llama la "etapa volcánica". En efecto, uno es como un volcán dormido que se ha despertado al tintinear de una frase o una idea. Surgen tremendas nubes pirocrásticas alrededor de uno (son esos momentos previos al sentarnos a escribir en el que todo nos molesta y no sabemos bien por qué: es porque la erupción está a punto de comenzar) y momentos después, si somos lo suficientemente inteligentes como para permitirnoslo, acontece la erupción: el texto brota, incontrolable, fluido, maravilloso. Nada importa. Y toda nuestra vida empieza a girar alrededor de él. Todo lo que antes estaba muerto, inerte, inconmovible, empieza a deshielarse, a desentumecerse gracias al enorme poder de la lava creativa. Todo se empieza a vivir en función de lo que estemos escribiendo, todo va a parar a esa molienda continua que es el estrujarnos la cabeza para seguir escribiendo nuestro texto. Stephen King, mi nuevo dios, recomienda escribir 3000 palabras por día (en todo caso, no menos de 1000) para no perder continuidad y estar en permanente contacto con aquello que pugna por ser contado. Aquello que se pare a través nuestro. En esta etapa no interesa si es bueno, malo, regular, original o decididamente tonto. Todo eso viene después (y a lo mejor es mucho más conveniente que ni venga).
Después, llega la etapa más crítica del proceso de creación. Una vez que todo ha salido (y nunca antes e incluso habiéndolo dejado leudar como un buen pan de campo) llega la etapa que muchos (la mayoría) evitan como si del diablo mismo se tratara: es el momento de la corrección, es "la etapa quirúrgica" siguiendo a di Marco, donde habremos de extirpar, modificar, reescribir y corregir nuestro texto para que alcance su mejor versión, su máximo brillo, su vividez más plena.
Y con esto paso a un posteo que leí hoy aquí: no creo que haya que tener demasiada fuerza de voluntad para escribir una novela ni un cuento ni un poema ni nada. De hecho, no creo que escribir tenga que ver con eso que llamamos la "voluntad". Los textos se escriben solos, como he dicho en otra parte, uno es sólo un canal. Para lo que sí hay que tener mucha voluntad, una enorme fuerza de voluntad, es para sentarse a corregir. Hay que tener mucha voluntad para observar nuestros textos con los ojos más objetivos posibles y empezar a sacarles brillo como si fueran gemas en bruto (que es lo que son, vamos). Hay que tener una fuerza de voluntad enorme, titánica, ciclópea para sentarse a hacer ese tremendo laburito... y una paciencia de chino y un buen humor del carajo y un amor por la letra escrita que no abunda en ningún sitio. Por eso nos encontramos con tantas chapuzas de este y del otro lado del Atlántico porque la cultura del esfuerzo no está bien vista que se aplique a algo tan "gratuito" como el arte en estos días. Es mejor dejar todo como está, total... No molestarse siquiera en revisar la ortografía. ¿Para qué, si Arlt escribía mal y le fue bien? Es mejor dejar todo a su aire, porque yo soy un artista libre y espontáneo. 
Quizá sería hora de empezar a pensar que nada hay menos espontáneo que el arte. El arte verdadero, claro, no las paparruchas que nos quieren hacer pasar como tales.

2 de marzo de 2009

Las curvas del cuerpo humano, para comenzar la semana

Luego de un fin de semana en el que por fin sentí que hice algo (porque lo que en realidad hice, a diferencia de otros fines de semana menos felices, fue escribir -y cuando digo 'escribir' no me refiero a la escritura de los blogs, a la corrección de textos o a cosas similares, sino que me refiero a escribir algo desde cero, sin saber muy adónde se dirige ni de qué se trata, pero absolutamente convencida de que sólo se trata de seguirlo o, mejor, de saltar para que aparezca la red y nada más), he decidido comenzar aquí la semana con un posteo breve pero intenso. 
Ayer, en un momento dado, me encontraba surfeando una página que suelo frecuentar bastante (no diré cuál... no es Facebook) y me encontré con algunas imágenes que me gustaron mucho y que rápidamente me encanuté para compartir con uds. Lamentablemente no tengo la fuente original, así que si alguien se siente ofendido en sus derechos, por favor que reclame a mi mail y serán puestos los debidos créditos de inmediato. 
Las he llamado "las curvas del cuerpo humano" pero ahora me temo que muchos (sobre todo las queridas bestias masculinas) se sentirán algo decepcionados al ver de qué se trata. O tal vez no... Y buah... ya me diréis qué opináis, si son tan gustosos...




25 de febrero de 2009

Hay un cometa con la cola curva en el cielo, pero es pura ilusión

En efecto, ayer, 24 de febrero, según informan los diarios, un cometa se ha "acercado" a la Tierra y ha paseado por nuestro cielo, exhibiendo sus dos colas curvas. Sin embargo, los astrónomos ya se encargaron de arruinarnos la fiesta de la imaginación aclarando que aunque así nos lo parezca el susodicho no tiene dos colas: "podemos observar que su cola apunta en dos direcciones, pero en realidad, es una misma cola curvada de tal manera que la vemos en proyección por dos lados al mismo tiempo" (pueden leer la noticia completa aquí). Sin embargo, aquí me entero de que los cometas sí pueden tener dos colas: una de gas (o iónica) y una de polvo. Como se sabe, los cometas (del griego 'cometés', cabellera) son cuerpos conformados por gases helados que se mantienen apartados del sistema solar y que cada tanto nos visitan para hacernos recordar lo efímeros y pequeños que somos.
El más famoso de ellos, el cometa Halley, pasó por última vez en 1986. Yo tenía doce años, estaba por terminar la primaria y me olvidé de mirar (así de simple) esa noche el cielo, a ver si lo veía. Ahora me pregunto si haber visto esa pequeña estrella errante, con una o dos colas o con toda su cabellera expuesta al viento solar, hubiera cambiado algo mi vida... ¿Sería acaso más poeta, más vaga, más olvidadiza? No lo sé. No entiendo ahora, a la distancia, a la distancia de más o menos 60 millones de kilómetros como estuvo el cometa Lulin ayer (ya no sé si hoy) de aquella niña de doce tiernísimos años, cómo pude haberme olvidado de algo semejante si no se hablaba de otra cosa en aquellos días... La tele, la radio (sí, había algo llamado radio entonces y no se podía escuchar por Internet), los diarios y las revistas se ocuparon ampliamente del tema y yo... ¿vine a olvidarme? ¿Aún sabiendo que en la próxima pasada del Halley ya no lo iba a ver? 
Hay cometas, me entero ahora por la RAE, barbatos, caudatos, corniformes y crinitos... Eso es lo que me fascina de los diccionarios, aún en su patética y terrible redundancia: que siempre aparecen palabras nuevas, aunque no sean tan nuevas... Nada nos cuesta distinguir a las barbas de 'barbato' ni a las colas de 'caudatos' (recuérdese que la aleta caudal de Moby Dick, por ejemplo, no es más que su 'cola'), a los cuernos en 'corniformes' y a las crines en 'crinitos'. ¿Ven cómo los misterios del idioma siempre se aclaran a nuestro favor? Sólo hay uno insoluble: ¿quién dijo por primera vez agua, mar, rosa, cometa, viento, amor, desprecio, regalo, fortuna, luz, ilusión, poema?

23 de febrero de 2009

Preparándonos para el otoño... con arte

El fin de semana que pasó, al menos en la ciudad de Buenos Aires y alrededores, fue un claro aviso de un hecho irrebatible: el verano se está terminando. Ya casi todo el mundo ha retomado sus actividades normales, muy pronto comenzarán las clases y habrá que archivar las ojotas y cambiarlas por las cálidas pantuflas. Después de regalarnos dos días sofocantes y agobiadores (jueves y viernes) el verano nos dijo: "atenti, que me rajo, y los dejo con el crujiente otoño a sus pies!". ¿Y qué traerá este otoño? es lo que no puedo dejar de preguntarme. Fue díficil el anterior pero confío en que éste será distinto, plenamente distinto...
Y para ello, para esperarlo ya de otro modo y para disfrutar todavía de los últimos coletazos de calor y algún que otro (por ahora lejano, pero quién sabe) piletazo, los invito a ver el trabajo de este maravilloso artista peruano, Joan Louis, que descubrí a través de Facebook... ¡Oh, sí! ¡El gigante de las redes sociales, posiblemente financiado por la CIA, y quizá el sistema de espionaje más perfecto que se haya inventado, me ha atrapado en sus garras! Juro que me resistí, que no le di bola, que me borré de todas las notificaciones que recibía, que rechazaba todas las invitaciones que me llegaban, que ignoraba todo o casi todo lo que me era posible ignorar pero... su poder incantatorio pudo más. Oh, sí, maldición. Y ahora no me puedo pasar sin él, ahora que me encontré con mis ex compañeros del call-center, con viejos compañeros de la facultad, compañeros del taller, compañeros de otros trabajos y de mi trabajo actual, con los amigos de siempre y nuevos amigos, etc. En fin... Y mejor no abro el debate en lo tocante a los derechos que me parece una perrada sin par, pero bueh... Me alegro de no haber subido ningún texto allí, apenas algunas fotos caseras y mis mandalas (pero los originales los sigo teniendo yo, je!). 
Volviendo a lo que nos ocupa: disfruten de este artista, me pareció lo más indicado para empezar la semana bien arriba, miren sino la energía que trasmiten las figuras pero, sobre todo, los colores!!! Y presten atención a los títulos de las obras!!!

"Durmiendo en el Edén" - Joan Louis

"Las hojas escritas para otoño" - Joan Louis

"Mis poemas escritos sin firmar" - Joan Louis

20 de febrero de 2009

Lo curvo, lo torcido, lo recto, lo cierto y lo inentendible

Como dije al comienzo de la semana, no dejo de sorprenderme. Lo que se puede llegar a generar en la red y subsecuentemente en este blog es lo que no deja de sorprenderme. Intuyo que a otros bloggers debe sucederles algo parecido con sus bitácoras. A decir verdad, yo creo que la sorpresa es el estado constante de esto que llamamos 'mundo', sólo que la mayoría de nosotros nos las arreglamos para que esa sorpresa constante pase desapercibida. En efecto, sorprendernos a cada rato puede llevarnos a un peligroso estado espiritual: el estado creativo. Estado en extremo peligroso si lo hay, porque nos hace sentir plenos, maravillados, contentos, satisfechos, deseosos, gozosos, hambrientos, curiosos, expresivos, desordenadamente ordenados y en equilibrio con el mundo... Un estado a todas luces atemorizante... ¿quién quiere sentirse así todo el tiempo? No, no, mejor estar siempre gris, apagado, tranquilo, razonable, sensato, laborioso, juicioso, pulcro... ¿no es cierto? Pues, la verdad, ¡no! 
Y este blog, a pesar de mis abandonos, mis rabietas, mis idas y venidas, mis alineaciones y desalineaciones, mis justificaciones, mis preciosas vueltas y mis más preciosas aún curvas, me pone siempre en ese inefable estado de asombro y conmoción ante las cosas más pequeñas pero también las más increíbles, ante, quizá, las únicas que valga la pena asombrarse y "descentrarse" (salirse del centro que otros han establecido para nosotros y no de nuestro propio eje y centro) así. 
Este blog (y cualquier emprendimiento de esta naturaleza, desde luego) es una ventana al conocimiento y pienso que eso no tiene precio, aún cuando los conocimientos adquiridos no pasen de saber el significado de una palabra que desconocía, como es el caso de hoy. Las alertas de Google funcionan a las mil maravillas y me siguen llegando cosas muy interesantes. Abrí una de las alertas de hoy y me encontré con un editorial lleno de mis keywords (como podrán apreciar luego incluso dice "curvas y desvíos" literalmente), pero no sólo eso sino también con una intrigante palabra: "manabita"
¿Qué corno es 'manabita'? me pregunté de inmediato. Por asociación, me sonaba a "menonita", por lo que inmediatemente pensé en alguna secta o grupo de fanáticos religiosos o... vaya uno a saber. La Wikipedia nada decía. Entonces di en pensar que podía ser un gentilicio y, en efecto, la RAE vino a desasnarme: un manabita es una persona originaria de Manabí, una provincia de Ecuador
Bien: palabra y significado aprendidos. Ahora viene la otra pregunta: ¿qué corno quiere decir o a qué apunta o cuál es el tema principal de este "editorial" lleno de mis keywords favoritas, que a continuación les copio, porque no tiene desperdicio alguno? No lo sé. No lo he llegado a vislumbrar. Apenas reconozco, en un pasaje, la definición de verdad de Santo Tomás de Aquino, pero no me pidan más. Acaso una suerte de conseja acerca de seguir el "recto camino" (pero ¿no era que los caminos del Señor son sinuosos y misteriosos? ¿y no son acaso mucho más bellos los caminos llenos de curvas, de desvíos y meandros?), pero tampoco queda muy claro. Hay también una ligera acusación hacia el gobierno ecuatoriano, presumo, pero tampoco queda claro... En cualquier caso, la resonancia de la palabra 'manabita', la cita disfrazada de Santo Tomás y la confusa redacción del texto me hicieron pensar en lo de la secta religiosa, pero no parece ser así... ¿o sí?
Uds. dirán: 

Alguien puso en duda que la conformidad llega por línea recta. Contrasentido o desviación quizá, sería encontrarla en forma elíptica, dando vueltas por curvas y desvíos y no por el camino recto de la razón frontal. 

Reflexioné sobre la presencia objetiva y soporte lógico de las cosas, tal como son. Como el efecto emocional de un hombre y mujer atraídos por el cruce de sus miradas, descarga eléctrica, en línea recta a través de los ojos, llenando sus cuerpos con ternura estremecida, que altera el corazón y pone a bullir la sangre con el lenguaje mudo de las almas. 

Recta conformidad con las emociones cruzadas, también con línea recta y directa. ¿Quién obra recto y conforme con su realidad individual? Muchos sin duda alguna, en su conformidad vital, pero muy pocos en rectitud, si se toma en cuenta la esencia que tiene la verticalidad. Tema escabroso o difuso es este al tratar la geometría ética de los seres humanos, con sus hábitos de vida y sus valores. 

Lo recto como la línea más corta entre dos puntos es trazo que al hombre confiere paz y seguridad en todos los campos de su actividad. ¿Lógico, verdad? Sí, porque lo curvo y lo torcido, que son también trazos comunes en la realidad, son más vulnerables, riesgosos y costosos al perder el sentido común y la arquitectura de los valores. En el sentido expuesto, ¿qué mismo es la recta conformidad? o al contrario, ¿será posible la conformidad lograda con trazos curvos de la personalidad?. 

El bien obrar, se estructura con el sentido íntimo guiado hacia la verdad, es decir hacia la concordancia entre un hecho real y la idea que forma nuestro entendimiento, madurado por la educación y la experiencia. Así, de las entrañas del entendimiento, la conciencia y la convicción, nace ese tipo de conducta, buena o ejemplar, en recta conformidad con la razón. Un ejemplo entre tantos, es la sentencia del Juez o Magistrado y que debe ser corolario de recta conformidad con la Ley y los méritos del proceso. De lo contrario, la providencia debe ser objetada, atacada o impugnada con los recursos que permite la Ley, para que el Superior la revoque por ilegal o la reforme por sus defectos de fondo y de forma. Sin recta conformidad con la verdad, la actividad y decisión de las personas, en lo legal, ético, cultural, social o moral, son vulnerables por la carga explosiva de peligros que tienen todas las formas de fraude, engaño, farsas y mentiras, conductas que articulan el más funesto de los males: la deslealtad o infidelidad a la verdad y a las personas. Estigma que acompaña hasta la muerte a todo ser desleal, bien entendido que la cárcel, es igualmente mortal, más que del cuerpo, de los valores que definen la dignidad personal. 

Sin desfigurar el objetivo de esta nota, pregunto si la autoridad pública que rige los destinos de la nación y de nuestras provincias, actúa en recta conformidad con su conciencia...? o acaso prevalece en su conducta el tono de la orgullosa altanería, como si fuese un don la busca de más poder y hegemonía, olvidando que la verdad es lo más bello, y sin embargo, la vanidad, el error la mentira, desfiguran esa belleza con trazos cursos y sinuosos que grafican todas las formas que tienen el engaño y la mentira. Por esto, vale la pena recordar una frase feliz de Cherbury diciendo que "el que ve su propia oscuridad ya ve bastante". En fin, todo es posible en relación directa con la sana razón y el equilibrio. 

Dr. Eduardo Brito Mieles
En http://www.mercuriomanta.com//sistema.php?name=noticias&file=article&sid=58484

18 de febrero de 2009

Muebles curvos

Este blog, como la red, como Facebook, da para todo. Hoy es el turno de las sillas y las mesas curvas. Ya he hablado aquí de unas sillas muy particulares, allá por los primeros meses de vida de este rinconcito. Pero en estos últimos días, varias alertas de Google me sorprendieron con algunos de los muebles que les mostraré a continuación y otros los encontré buscando justamente la silla Thonet o silla número 214, que acaba de cumplir 150 años, según me he anoticiado aquí.
Me gustan los muebles redondeados porque dan una idea de poltronería, de ocio, de vida regalada y feliz, de hedonismo al alcance de la mano, de inmensas bacanales romanas con racimos de moradas y carnosas uvas pendiendo directamente sobre nuestras bocas, de cabellos que caen en cascadas de somnoliento azabache, de telas suaves y vaporosas que apenas rozan la piel y acarician antes de que los dedos la acaricien... Los muebles curvos me dan la idea de que hemos sido concebidos para la felicidad y el amor, para estar en paz con nosotros mismos y con nuestros congéneres, de que la pasión es buena y sana y sabia y de que la buena vida es posible, aunque todos los indicadores y todos los aguafiestas del mundo (que son muchos y que tienen muchos medios a su disposición) se encarguen de repetirnos continuamente que eso no es cierto, que hemos venido a padecer y padecer es lo que haremos, nos guste o no, hasta que nos muramos. 
Pues ¿saben qué? Yo no estoy de acuerdo. Y aquí voy dejando también mi rebelión y mi descontento con ello. Es posible que sea muy poco y que el mundo necesite mucho más para exterminar a los mierdosos aguafiestas de siempre pero no importa. Es algo. ¿Qué hace usted, amigo lector, entretanto? ¿Se une a los hedonistas o se va cacareando detrás de los idiotas de siempre? Si me lee a mí, espero sinceramente que se quede entre los primeros. No se va a arrepentir. Y mientras tanto, le ofrezco estos bellos lugares en los que ir tomando asiento...






17 de febrero de 2009

Un desvío astronómico

Desde que fundé este blog que no dejo de sorprenderme. Antes también me sorprendía, pero sospecho que no tanto. O, por lo menos, no tan intensa ni asiduamente. Así pues, los diversos posteos, exceptuando los excursos sentimentales, las errancias intelectuales y las divagaciones divagantes como las del domingo, pueden ser pensados como un registro (no minucioso, no detallado, pero sí verídico) de mis cotidianos (o eso intento) sorprenderes. 
Vuelvo mis ojos ahora al Renacimiento, época alucinante si la hay. Y al anoticiarme de lo que viene a continuación entiendo cabalmente la expresión norteamericana "Rennaissance man", adjudicada generalmente a un hombre que "sabe hacer de todo", si bien la mentalidad yanqui lo piensa, desde luego, desde un estricto sentido mercantil o industrial (el hombre que puede ocuparse de todo porque está lo suficientemente informado y atento como para hacerlo; de todos los negocios, se entiende, claro). Pero un Rennaissance man es también aquel que maneja saberes tan diversos como la astronomía y la pintura, algo absolutamente usual en aquellos días, junto con no menos de siete, diez y hasta veintidós (como Picco della Mirandola) idiomas. Galileo fue uno de estos hombres: inventó el telescopio, proclamó "eppur si muove", fue condenado al frío averno y también pintó bellísimas acuarelas lunares...
La noticia no es nueva, sin embargo. Lo es para mí, que hoy descubrí esta nota en Crítica gracias a las benditas alertas de Google (o San Gugle, nuestro nuevo patrono informático). Deploré que una nota tan bien escrita y con tan buena información no contuviera ni una mísera fotito de dos por dos de las acuarelas, pero enseguida encontré una, y entonces les comparto ambas cosas en este desvío astronómico por las blancas (u ocres, para Galileo) y gélidas curvas lunares.

Imagen original: Corriere della Sera, reproducida en La Nación

16 de febrero de 2009

Las vueltas (curvas) del teatro

Después de haberlo expuesto al público e incluso haberme mofado de él (ver posteo de ayer), el monstruo censor, por aquello de que explicitar lo negativo definitivamente lo exorciza, se retiró a los oscuros, fríos y osteosos rincones donde normalmente se aloja y ha permanecido en un enfurruñado -y consciente de su derrota- silencio. No durará mucho, presumo, pero no importa.
Naturalmente, apenas rasguñé la superficie de las queridas alertas de Google, salieron tópicos y posteos como para una eternidad... Bueno, no tanto, a no ser que la eternidad dure, digamos, un par de semanas. ¿Y qué tal si la eternidad sólo fuera eso, unas simples vacaciones? ¡Terrible perspectiva! ¿O no?
Dejo ese interrogante abierto para otra ocasión y me zambullo (¡oh, el influjo del mar se deslíe, se deshace, se disuelve como se disuelve su espuma bienhechora una vez que se depositó, mansa, en la arena!) en la nota que me interesó destacar hoy: un audaz proyecto de un arquitecto uruguayo que viene a ser, como tan originalmente tituló el periodista de Clarín, "una vuelta de tuerca a la idea clásica de teatro"
Hum... hay 'ideas clásicas' a las que no se les puede dar muchas vueltas. Por ejemplo, la rueda. Desde que se inventó, no creo que haya sufrido mayores modificaciones en lo que a su estructura y concepción (o idea rectora) hace. Otro tanto me parece que sucede con el teatro. La idea de este revolucionario (leerlo como lo pronuncia Homero cuando está buscando un nombre para ya no recuerdo qué cosa) arquitecto es mostrar/exhibir la tramoya, las bambalinas, las candilejas (qué bellas palabras todas!), incluso los camarines y las máquinas y todo aquello que permanece oculto a la vista del espectador en un esfuerzo o un intento por "repensar ciertas cosas que parecían inmutables".
Me pregunto, en este caso, hasta qué punto vale la pena repensar esto. ¿No le quita toda la gracia? ¿No se parece un poco al momento en el que uno descubre que, efectivamente, los Reyes Magos son los padres? ¿No termina siendo decepcionante y contraproducente poder ver toooodooooo? Esto me hace pensar en la estética de los reality shows y de los programas hechos con "gente común", gente que se sorprende cuando una estrella los va a visitar inesperadamente a su casa, pero no se sorprenden de que la misma esté llena de cámaras, técnicos, micrófonos por los cielos y demás artilugios. A su vez, esto me retrotrae a otra estética muy cara a mis aficiones artísticas: el barroco. 
En la pintura del Barroco, sobre todo, es donde mejor puede observarse esto que digo: Velázquez (pero también Rembrandt) se metían, literalmente, en sus cuadros y no sólo eso, mostraban abiertamente el truco, sus trucos, los trucos. El caso paradigmático es de Las Meninas, en el que puede verse a don Diego pintándolas tal como si nosotros lo estuviéramos viendo a él, precisamente, pintándolas... Si ahora, de pronto, en este megamoderno teatro inglés podemos llegar a ver a los actores antes de transformarse en, yo qué sé, Hamlet, por citar uno de mis personajes sespirianos favoritos, ¿no nos costará más suspender el juicio y benevolentemente creer que sí estamos viendo a Hamlet, dudando, enloqueciendo, haciendo que enloquece? Bueh, nombré a Hamlet... ¡una obra de teatro en la que se representa una obra de teatro para desenmascarar un horrendo crimen!
Pienso ahora en las numerosas obras teatrales que la generosidad de Pablo Dipierri me permitió ver el año pasado y ya en dos oportunidades éste. Aunque no fueran en teatros tan sofisticados como el Curve, la ilusión teatral (que, estimo, es el requisito fundamental, así como el de la narrativa es del sueño vívido) nunca se perdía, aunque en algunos casos pudiera momentáneamente distraerse por determinadas circunstancias (en un caso, por ejemplo, estar en un espacio muy reducido demasiado cerca de las actrices; en otro, un aire acondicionado que se apagó en medio de la función dejando de hacer un ruido que hasta ese momento nos había acompañado); pero la ilusión permanecía, pertinaz como todas las ilusiones, incluso sin telón, sin tramoya, sin aparentemente nada más que tres paredes negras y unas pocas sillas... 
Me pregunto entonces hasta dónde nos llevarán estas ansias de democratización e "inclusión" a cualquier precio... ¿no es mejor que la magia siga siendo magia, que determinados secretos sigan siéndolo y que sólo algunos, no todos, estén en posesión de ellos? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Por qué todos debemos estar al tanto de tooooodooooo, por qué nos obligan a mirar incluso allí donde no queremos mirar?
Preguntas para un lunes tormentoso, algo lento y deslucido, pero aún así productivo.

15 de febrero de 2009

Domingo de divagaciones

Hoy estoy divagante, así que es probable que este post termine hablando de la nada misma o de todo el todo a la vez. Detesto justificarme cada vez que me aparto de las normas y límites que yo misma me he impuesto en cada uno de mis rinconcitos virtuales y sin embargo, siempre termino haciéndolo, pero ¿para qué? ¿para quién? No ha de ser para el amable público que simplemente quiere leer o que bien puede comenzar a leer y detenerse si lo que lee no es de su agrado. Ha de ser para el monstruo censor que llevo dentro, una especie de las más horrendas, un fiscalizador, un inquisidor, un tremebundo represor, en definitiva un verdadero y feo cuco.
Apuesto a que todos lo conocen. O por lo menos tienen referencias de él. ¿No han oído nunca esa vocecita cruel en su cabeza que les arruina -o intenta arruinarles- cualquier cosa buena que hayan hecho, cualquier cosa de la que estén medianamente orgullosos? Su chillido resuena siempre en los momentos en los que uno está mas distraído, más indefenso, más expuesto a caer en las redes de ese auténtico demonio devorador de almas. Resuena y en ocasiones no hay nada que se pueda hacer. No obstante, todos los conjuros son buenos y presumo que este post está oficiando de tal en estos momentos.
Es que sucede la insatisfacción satisfecha. Apuesto a que también conocen esa sensación. No se está ya en un pozo depresivo, en un abismo de hiel y negruras, por suerte. El hoyo y sus poemas desgarrados han quedado ya lejos. Se hacen cosas. Cosas buenas. Se comparten otras. Y sin embargo... Sin embargo, la insatisfacción rollingstoniana permanece. Hay, aún en momentos de plenitud, esa espina que sigue clavada y molestando, el pequeño garbanzo debajo de los siete colchones de la princesa que ¡oh, bendito! la incordia en su maravilloso sueño... Hay, aún con todos los avances (y los necesarios retrocesos), esquirlas del pasado que se niegan a disolverse en la abrumadora capacidad de cambio del presente. Hay, aún en medio de sol más prístino, esa nubecilla que amenaza derrumbarlo todo con su flotante paso. Eso es lo que me sucede hoy, domingo post-San Valentín.
Sacrifiqué la pileta y el poder curativo del agua por el malsano poder de las palabras. Desistí de mis propósitos estivales en pos de mis propósitos artísticos. Pero ¿qué he logrado? Nada. Mucho. Más o menos lo de siempre. ¿Lo de siempre, realmente? Y el monstruo acecha, enojadísimo porque no hablo de ninguna curva ni de ningún desvío, ni pongo imágenes ad hoc, ni me molesto en buscar información relacionada, ni procuro copiar poemas alusivos y para colmo continuo escribiendo de lo primero que se me viene a la cabeza, acaso el desvío y la desobediencia más grande.
Me dicen que escribo mucho cada vez que alguien lee este blog (y los demás también). ¿Por qué lo que para otros es mucho para mí es poco, es, más bien, nada? Me dicen que tengo buen ojo para combinar los colores cuando ven mis mandalas. ¿Por qué entonces desecho cualquier combinación inusitada y que no se ajuste a lo que yo 'creo' que es correcto? Me alaban la brevedad o la intensidad o la sensualidad de mis poemas. Y yo siempre pienso que nunca jamás serán como los de mis dioses poéticos (lo cual es sindudamente obvio), pero que tampoco serán nunca jamás como los que bullen y burbujean en mi cabeza antes de salir a la superficie del papel. A esto me refiero con insatisfacción satisfecha. A nunca conformarse, a nunca aceptar, a nunca ceder en lo que sí conviene ceder...
Dije que estaba divagante y así es. Podría ahora poner una imagen curva o un poema con curvas o cualquier otra cosa que cuadre con la filosofía que anima este blog ¿¿¿desde hace ya un año??? (recién acabo de percatarme que fue hacia fines de enero/principios de febrero del 2008 que lo fundé) y tranquilizar así al monstruo limitador, evitar que se soliviante y siga chillando absurdo y aburrido. Pero no lo haré porque sólo debemos, creo yo, hacer lo que nos tranquilice a nosotros mismos y no a los demás. Este monstruo, es claro, crece y se alimenta de todo lo peor de los demás y nos lo arroja contra nosotros mismos, haciéndonos creer que somos eso y no esto.
Esto. Un humano animal pensante hembra.

11 de febrero de 2009

Un descubrimiento (gracias al mar)

No quiero perder el impulso (el ímpetu, el élan, el deseo de desear e inmediatamente hacer, sin dilación) que traje del mar. Por eso pensé que seguir precisamente con su estela era lo más indicado.
Recordé las épocas en que hacíamos el boletín (ver perfil): cada siete números teníamos un número especial, dedicado a un único tema que se desplegaba y llenaba todos los recovecos (y secciones) del boletín. Nuestro primer especial estuvo dedicado al otoño, maravilloso, bendito, hermoso otoño. Le siguieron (no exactamente en este orden...) los especiales lluvia, huesos, primavera, cartas, Quijote (que, desde luego, fue doble) y música. Quedó pendiente, entre tantos otros, el especial mar.
Para esos números especiales buscábamos versos, poemas y fragmentos literarios que aludieran al tema tratado. Luego, con paciencia de costureras, los enhebrábamos entre sí. El resultado era siempre infalible. Ese especial mar hubiera debido empezar con los célebres versos de mi padre poético Baudelaire ("¡hombre libre, tú siempre has de querer el mar!") y posiblemente cerrar con los no menos célebres de Machado ("nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar" -cito de memoria, puede diferir ligeramente del original, pero no importa).
Pero, ahora, la "tecnología" nos permite enhebrar otro tipo de cosas también. Por ejemplo, imágenes. ¡Oh, benditas imágenes! ¿Qué haría yo sin ellas? ¿Qué sería de este blog sin ellas? Pensaba poner "mar" en el buscador de imágenes y ver con qué me encontraba. Lo hice, pero salieron muchas fotos de Flickr, que no siempre se pueden reflejar aquí. Recordé entonces una excelente página de fotografía, a la que ya he mencionado por aquí, Photo.Net. Y allí hice este descubrimiento (uno más, y van...). Todo lo que sé es que se llama Joaquín Tornel, presumo que es español, y aquí les dejo tres muestras de su arte, maravilloso e inquietante arte (aunque, me pregunto, ¿el arte es suyo por haberlo captado y plasmado en un papel o el arte ya estaba allí, antes de que él llegara, esperándolo, aguardando que alguien al fin lo viera? Hum...).


Joaquín Tornel - Palacio de las Ciencias y las Artes Príncipe Felipe

Joaquín Tornel - Las primeras lluvias en la sabana

Joaquín Tornel - Pelagia noctiluca

9 de febrero de 2009

Sigo con el mar (and a glympse of surf art)

Sigo con el mar, en efecto. Hace ya más de una semana que volví de la costa (y me tienta decir que ya casi parece un siglo, snif) y todavía tengo mucho que decir acerca del mar y su sortilegio (bellísima palabra que aprendí aquí). Me proponía, también, volver a postear diariamente como supe hacerlo en su día en este curvo/curvado y desviado/desviante blog, pero, ya ven, las circunstancias "de la vida", las ¿ocupaciones?, las sesiones de terapia, las largas charlas de chat con alguien que siempre parece ser el hombre de mis sueños (y nunca lo es... o casi..., aún tengo esperanzas), el je ne se quoi (o como se escriba -perdido y encontrado amigo D., help!), la crisis mundial, la crisis existencial-personal-vivencial de siempre, el esplín y, justamente, la mar en coche, me impidieron cumplir con mi loable propósito blogguero.
No obstante lo cual y habiendo comenzado una nueva semana, renuevo mis votos de posteo diario porque, aunque no lo crean, esto contribuye mucho a mi sanidad mental, más aún, a mi tan necesario (y temido por necesario, desde luego) saneamiento mental luego de que el que sí era (¿era? ¿es? ¿fue y ya nunca volverá a ser?) el hombre de mi vida se fuera de ésta (es cierto que yo también quise y consentí en que se vaya, pero igual) y no volviera ya nunca más... salvo esos dos fugaces encuentros, uno de ellos tan sentidamente relatado aquí mismo.
Entonces, a lo que iba, como dirían los españoles (o "a lo que te truje" como le dice Homero a Bart). Sé que hay nuevos ojos por allí, lo cual también me sirve de aliciente para volver a darle pelota a mi "espacio mentalista" y por ello, sin dar más vueltas (pero qué más bello y femenino que dar vueltas...?) les contaré lo que me propongo en este lunes de febrero.
Pocos días antes de partir a mi petit trip to the sea, mi nunca bien ponderada y alabada como se debe amiga Estela (quien, ¡ahora sí, aleluya!, tiene su propio blog que ya mismo están visitando aquí), me puso en la pista de este artista, Rick Piper. Un exponente, digamoslo así, del surf art. Los deportes extremos no son lo mío (salvo que consideremos a la escritura como uno... lo que no dista demasiado de ser cierto, a decir verdad), pero los cuadros (y los murales...!) de este pibe me parecieron armosossssss y no pude más que pensar que pondría algo aquí sin dilación y enseguida comprenderán por qué. No sólo hay mar, bellas sirenas (¿les he dicho alguna vez que creo firmemente que he sido una sirena en otra vida?), peces de todo tipo, olas magníficas, colores estridentes, contrastantes, llamativos, bien surfers, sino también curvas, mares curvados, playas sinuosas y candentes, flores curvilíneas y mágicas...
Y ahora que lo pienso ¿qué curva más perfecta que la de las olas? Si no, pasen y vean:


Rick Piper, "Time of sirens"



Rick Piper, "Inside diameter"


Rick Piper, "Evening curve"

4 de febrero de 2009

De vuelta de las vacaciones (extendidas...!), con los ojos llenos de mar

Lo traté como a un amante. Y él me trató igual, o quizá incluso mejor, ya que no me dijo las mentiras usuales que los amantes suelen decirse en los momentos de mayor zozobra y desesperación. Se limitó a estar en el mismo lugar donde lo había dejado cuatro años atrás, con vanas promesas de pronto reencuentro. Se limitó a ser él mismo (pero nunca el mismo). Se limitó a envolverme con su sapiencia, a lamer mis pies con la docilidad indócil que lo caracteriza. Se limitó a ir y venir, una y otra vez, miles de veces cada vez, distinto, hermoso, inigualable cada vez (acaso como el otro "él").
El reencuentro no careció de lágrimas y de la sorda emoción que nubla la vista, anega los oídos y paraliza, por trechos, el corazón. No hubo abrazo, no hacía falta. Una mirada bastó para saber que ambos estábamos allí, de nuevo, los mismos (pero otros) amándonos como antaño. El reencuentro fue breve pero intenso y nada pudo empañarlo: ni siquiera el viento, la lluvia ni la terrible tempestad que se libraba entre densos cúmulos arriba de nuestras cabezas. Nada ni nadie podía impedirme ya estar allí presente, así se viniera el mundo abajo en ese instante. Era una cita largamente esperada, acaso la más esperada de todas. Sí, de todas.
Después, cada vez que me fue posible, me escurrí entre la gente, la arena y las gaviotas hasta su orilla. Y caminé. Caminé como si nunca hubiera hecho otra cosa. Caminé de mañana, de tarde y de noche también. Fui a visitarlo en una fugaz corrida, porque necesitaba imperiosamente volver a verlo, a pesar de que había merendado no hacía mucho en la arena fría del atardecer y había hollado con mis plantas la ribera casi todo el día. Necesitaba sentir su olor de nuevo, volver a sentir la piel impregnada de su salinidad, escuchar su voz, sus rugidos, sus bufidos, los sonidos más maravillosos que existir puedan (incluso después de los del otro "él") sobre la Tierra que en vano intenta constreñirlo.
Pero nada dura para siempre. Y en apenas dos días me tuve que ir, con la enorme congoja de dejarlo otra vez allí. Congoja enorme, sí, incluso sabiendo que él sigue allí y que allí estará cada vez que yo vaya, que yo pueda ir, como fui, al fin, esta vez. No hubo despedidas ni promesas. Tan sólo una frase: "volveré lo más pronto que pueda". Y así es (así será). Lo más pronto que pueda volveré para que sus dedos tibios (más tibios que los del otro "él") me digan lo que nadie más puede decirme, para que su espuma me devuelva a la divina naturaleza de Afrodita (de la que todas las mujeres provenimos), para que Iemanjá me traiga lo que le pedí, para que su sabor se impregne de nuevo en mí, para que su constante ondear sea la única nana que necesite para estar en paz, feliz, plena, al fin.
Lo traté como a un amante. Y él me trató como tal: me sedujo, me cautivó, me elevó a los cielos más verdes y azules que hallarse pueda. Me regaló la música que jamás me regaló el otro "él", me dio todos los nombres de mi esencia, me encantó como las sirenas hubieran querido encantarlo a Ulises, me bañó en la linfa primigenia. Más todavía: el mar, que de él hablo, me demostró que Dios existe. Y si no me creen, a las pruebas me remito:

Santa Teresita, 30/01/09

Santa Teresita, 31/01/09

Santa Teresita, 01/02/09

24 de diciembre de 2008

Merry christmas con un viejo texto

Perdonarán mi holgazanería y pereza, pero en lugar de presentarles un texto brand new escrito para la ocasión, tengo ganas de compartir con uds. un desopilante editorial de mi querido boletín "La Granda Milito", escrito junto con Cristian Vaccarini en diciembre de 2004. La inclusión de este texto aquí no es ociosa ni banal, ahora que es posible que Cristian y yo volvamos a trabajar juntos y reflotemos, quizás, una de las secciones más maravillosas de aquella quijotada que duró más de lo que todos pensábamos y que siempre extrañamos mucho... Los tendré al tanto, puesto que puede ser el inicio no sólo de una bella amistad sino de otra faceta (¿otro desvío? ¿un nuevo y excitante meandro?) de mi carrera como escritora...
Feliz Navidad y que sus deseos los colmen de más deseos.


Querido Papá Noel:

Desde acá, un pedacito al sur de la Tierra, dos escribientes por quincena se dirigen a vos para pedirte que esta vez no pases tan raudamente como de costumbre. O en todo caso, que lo hagas, pero no sin antes llevarte en tu bolsa algunas cosas y personas que quisiéramos ver desterradas para siempre.
No seas malito, y andá colmando tu gran saco rojo, a medida que lo vas vaciando de juguetes, con los mercaderes de la alegría obligatoria; con los imberbes desesperados que tiran cohetes, petardos y otros artifundios pirotécnicos tres semanas antes de las fiestas que así lo ameritan; con los que antes de las doce del 24 o del 31 ya están irremisiblemente beodos y tambaleantes; con los que insisten en interminables brindis mientras la concurrencia se aburre copa en mano y los líquidos —burbujeantes o no— se calientan sin remedio; con los niños que agitan estrellitas y bengalas a toda hora y en cualquier lugar, con riesgo de incendio o de Hospital Santa Lucía; con los impacientes —de toda edad— que no pueden esperar y tienen que abrir sus regalos ya; con los peleones infaltables que inician rencillas familiares en medio de la mesa navideña sacando a relucir odios y rencores de vieja data; con los que se quejan del calor, o de la falta de éste; con los que critican las viandas y manjares que con tanto esfuerzo otros han puesto sobre sus platos; con los que le sacan la fruta abrillantada al pan dulce —¿qué queda entonces?— y con los que insisten en romper las nueces entre las palmas de las manos o contra la mesada; con los que dicen y repiten —todos los años— “que este año se cumplan todos tus deseos”; con los que apuntan intencionalmente el corcho de la sidra o el champagne hacia la única soltera del lugar (que casi siempre es la misma); con las de improviso inaccesibles agencias de remises; con los sobrinos teenagers que a las 00.01 horas ya vuelan hacia el boliche; con los que creen que la Nochebuena, mágicamente, restaurará en un solo movimiento las piezas del disperso rompecabezas familiar. A todos ellos llevátelos a tu desconocido rincón del Ártico y dejalos ahí hasta que dentro de casi doce meses empiecen a escaparse...
Sabemos que te pedimos demasiado pero nos contentamos con que, de a poco, vayas teniendo en cuenta nuestros pedidos y puedas, gradualmente, ir satisfaciéndolos. Nosotros no podemos dejarte agua y pasto para los renos, porque ya los reservamos para los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar, pero te obsequiamos algunos textos que, esperamos, puedan servirte de compañía en esta noche tan tan pero tan larga.

Que haya luz, paz y poesía en el mundo.

Los editores

10 de diciembre de 2008

Las bibliotecas curvas VII II (final)

Doy por finalizada esta serie de posteos. Los que ya hayan entrado a Curious Expeditions habrán visto que hay muchísimas más fotos de bibliotecas que las pocas que yo traje hasta aquí. Hoy, sin embargo, quiero postear la foto más extraña del conjunto, una que precisamente no es curva ni tiene nada que ver con las curvas... Aunque quizá tenga más que ver con los desvíos...
Como dije la última vez que anduve por acá son días locos, llenos de idas y venidas, de cambios de última hora (por ejemplo, ya es la tercera vez que reprogramamos el asado de fin de año con mis compañeros de trabajo), algunos proyectos llegan a su fin o toman nuevos rumbos, se concretan cosas que ya parecía que nunca iban a concretarse, otras tendrán que seguir esperando a que la rueda se vuelva a poner en marcha en marzo del año que viene y de la nada pueden surgir nuevos amores, romances y por qué no, la esperanza, ingenua, cursi, tonta, pero esperanza al fin, de que el año que viene las cosas serán mejores, lo que, en mi universo unilateral, mítico y pequeño quiere decir que pensaré menos en él y más en ciertas personas que me rodean e inquietan (en el mejor sentido del término...) cada vez más; que no perderé más tiempo añorando lo que fue, lo que no pudo ser o lo que ya nunca será y me concentraré en lo que sí puede ser (sobre todo si me animo a dar algunos pequeños pasos y unos pocos saltos); que no soñaré más con el temido/ansiado reencuentro sino que me preocuparé por los nuevos encuentros, los encuentros con lo desconocido, con los amores, los hombres, las historias y las ciudades que aún no revistieron con su luz mis pupilas... En definitiva, que tengo la ingenua, cursi y tonta esperanza de que el año que viene llegaré más lejos que en este y que, tal vez, por fin, pueda decir que he dejado atrás lo que tanto daño me hacía (y hace, cada vez que yo lo dejo).
Oops, no era la idea ponerme autorreferencial de nuevo, pero sabrán disculpar, también es una época propicia para este tipo de "informes" o de "estado de la cuestión". También es cierto que las noches están cada vez más dulces, más perfumadas, más olorosas, lenta pero persistentemente su oscuridad se pone cada vez más sedosa, más invitante, más diligentemente rabiosa y yo, ¡oh, al fin!, ya no deseo estar o pasar esas tibias noches, tan prometedoras, sublevantes e intoxicantes noches, con quien siempre he estado o he deseado hacerlo en el pasado, si no ¡albricias! con alguien que aún no conozco pero intuyo y vislumbro... ¿cómo no iba entonces a tener esperanzas?
Y tal vez esté rematadamente loca como el omnímodo y silencioso (pues molido a palos estaba) protagonista de la escena que copiaré a continuación, pero no me importa, al fin siento que hay luz al final de este túnel que he llamado "la vida sin I." y que de ahora en más será llamado, simplemente, la vida o eso que pasa mientras nosotros hacemos otros planes o eso que los libros se emperran, inútil y gloriosamente en retratar.

"Pidió las llaves, a la sobrina, del aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dio de muy buena gana. Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños; y así como el ama los vio, volviose a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo:
-Tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en pena de las que les queremos dar echándolos del mundo.
Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego.
-No -dijo la sobrina-; no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero dellos, y pegarles fuego; y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.
Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura:
-Parece cosa de misterio ésta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen déste; y así, me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos, sin escusa alguna, condenar al fuego.
-No, señor -dijo el barbero-; que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.
-Así es verdad -dijo el cura-, y por esta razón se le otorga la vida por ahora. Veamos esotro que está junto a él.
(...)
Y sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó el ama que tomase todos los grandes y diese con ellos en el corral. No lo dijo a tonta ni a sorda, sino a quien tenía más gana de quemarlos que de echar una tela por grande y delgada que fuera; y asiendo casi ocho de una vez, los arrojó por la ventana. Por tomar muchos juntos se le cayó uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vió que decía: Historia del famoso caballero Tirante el Blanco.
-Válame Dios -dijo el cura, dando una gran voz-; ¡que aquí esté Tirante Blanco! Dádmele acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Kirieleison de Montalván, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalván y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con Alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora emperatriz enamorada de Hipólito su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es este el mejor libro del mundo; aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen. Con todo eso, os digo que merecía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y leedle, y veréis que es verdad cuanto de él os he dicho.
-Así será -respondió el barbero-, pero ¿qué haremos de estos pequeños libros que quedan?
-Estos -dijo el cura- no deben de ser de caballerías, sino de poesía; y abriendo uno, vió que era la Diana, de Jorge de Montemayor, y dijo (creyendo que todos los demás eran del mismo género:) estos no merecen ser quemados como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho, que son libros de entretenimiento, sin perjuicio de tercero.
-¡Ay, señor! -dijo la sobrina-. Bien los puede vuestra merced mandar quemar como a los demás, porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo estos se le antojase de hacerse pastor, y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.
(...)
-Pero ¿qué libro es ese que está junto a él?
-La Galatea de Miguel de Cervantes -dijo el barbero-.
-Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada. Es menester esperar la segunda parte que promete; quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se vé, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.
-Que me place -respondió el barbero- y aquí vienen tres todos juntos: la Araucana de don Alonso de Ercilla; la Austríada de don Juan Rufo, jurado de Córdoba y el Montserrat de Cristóbal de Virues, poeta valenciano.
-Todos estos tres libros -dijo el cura- son los mejores que en verso heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene España.
Cansóse el cura de ver más libros, y así a carga cerrada, quiso que todos los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero que se llamaba Las lágrimas de Angélica.
-Lloráralas yo -dijo el cura en oyendo el nombre- si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España, y fue felicísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio."

Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha.

8 de diciembre de 2008

Las bibliotecas curvas, VII (I)

Como prometí, esta serie va llegando a su fin. Se acerca fin de año, consabida época de balances, de cenas, de asados, de reuniones, de reencuentros, de muchos nervios para unos, de mucha melancolía y soledad para otros, de recuerdos que lastiman o enfebrecen, pero también consabida época de nuevos romances, de esperanzas remotas que ya no lo parecen tanto, de promisorias piletas en las que zambullirse a pleno (literales y metafóricas), de chancletas que al fin se revolean, de espumantes bebidas cuyas burbujas cosquillean en el vértigo de las gargantas, de los sabores navideños anhelados o detestados, época de estrellitas, de bengalas, del por siempre inocuo y festivo chaski-boom... Y en medio de todo eso, los libros, la literatura, una vez más:

"El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez finito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: inevitablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito...
(...)
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta."

Jorge Luis Borges, "La biblioteca de Babel".

3 de diciembre de 2008

Las bibliotecas curvas,VI

Desde luego que esta serie de posteos sobre las bibliotecas, originada en este maravilloso sitio, no pretende ser exhaustiva ni nada por el estilo, por lo que después de hoy habrá sólo dos posteos más con lo que serán dos obras emblemáticas en lo que a bibliotecas se trata. Un leyente de estos desvíos me sugiere en los comentarios (¡gracias, Cristian!) un libro de Alberto Manguel que no tengo pero que procuraré conseguir, donde sospecho que han de estar citados muchos de los autores que fui desgranando aquí y probablemente la novela, paradigmática si la hay, cuyo fragmento traje hoy.
Fragmento del que me acordé cuando ya estaba cerrando el posteo anterior a éste. Vino a mí la imagen de uno de los personajes más enigmáticos con los que yo me haya topado dentro de las tapas de un libro... No sólo enigmático sino también tan parecido a mí, en algunas cosas, en algunos momentos, que la primera vez que leí lo que ahora copiaré juro que me asusté. Aunque luego me alegré de pertenecer a la estirpe de los autodidactos, je je...
"He dejado Eugenia Grandet. Me he puesto a trabajar, pero sin entusiasmo. El Autodidacto, que me ve escribir, me observa con respetuosa concuspicencia. De vez en cuando levanto un poco la cabeza, veo el inmenso cuello postizo, recio, de donde sale su pescuezo de gallina. Lleva un traje raído pero la camisa de una blancura deslumbradora. Acaba de sacar del mismo estante otro libro cuyo título descifro al revés: La flecha de Caudebec, crónica normanda de Mlle. Julie Lavergne. Las lecturas del Autodidacto siempre me desconciertan.
De pronto me vuelven a la memoria los nombres de los últimos autores cuyas obras ha consultado: Lambert, Langlois, Larbalétrier, Lastev, Lavergne. Me iluminé; comprendo el método del Autodidacto: se instruye por orden alfabético.
Lo contemplo con una especie de admiración. ¡Qué voluntad necesita para realizar lenta, obstinadamente, un plan de tan vasta envergadura! Un día, hace siete años (me ha dicho que estudia desde hace siete años), entró con gran pompa en esta sala. Recorrió con la mirada los innumerables libros que tapizan las paredes y debió decirse, poco más o menos como Rastignac: "Manos a la obra. Ciencia humana." Después tomó el primer tomo del estante del primer extremo derecho; lo abrió en la primera página con un sentimiento de respeto y espanto unido a una decisión inquebrantable. Hoy está en la L. K después de J, L después de K. Pasó brutalmente del estudio de los coleópteros al de la teoría de los cuanta, de una obra sobre Tamerlán a un panfleto católico sobre el darvinismo, sin desconcertarse ni un instante. Lo leyó todo; ha almacenado en su cabeza la mitad de lo que sabe sobre la partenogénesis, la mitad de los argumentos contra la vivisección. Detrás, delante de él, hay un universo. Y se acerca el día en que se dirá, cerrando el último volumen del último estante del extremo izquierdo: "¿Y ahora?"

Jean-Paul Sartre, La náusea.

1 de diciembre de 2008

Las bibliotecas curvas, V

Me faltaba encontrar (o elegir) algún pasaje literario que transcurriera en una biblioteca; sólo me faltaba uno porque los dos finales ya los tenía elegidos desde el comienzo mismo y cuando los lean comprenderán que era de cajón que así sucediera. Pero me faltaba el de hoy y me puse a recorrer con los ojos y la mente mi biblioteca y sólo aparecía el caos de sus estantes, en prolijo orden alfabético (adoptado luego de que el número de libros fue lo suficientemente respetable y las búsquedas lo suficientemente frustrantes como para reemplazar el viejo sistema del "orden de adquisición"), con su conveniente división en literaturas nacionales (están los estantes de literatura "universal", los de literatura argentina -que crecieron exponencialmente con la realización del diccionario y se transformaron en siete estantes -si contamos el piso como uno de ellos- y una mesa llena a rebosar de libros que no entraron en esos seis estantes + el piso, los de literatura española -que también crecieron bastante ya que amo dicha literatura-, los dos escasos estantes que le he dedicado a la literatura latinoamericana -y sí, mi espíritu cosmopolita prefiere siempre la literatura inglesa, norteamericana, francesa, rusa, etc.-, el respetable estante con los clásicos griegos y romanos, algunos en su idioma original, y el estante flotante e inexistente que alguna vez dedicaré a la literatura erótica, donde espero insertar, valga el verbo, una novela o una serie de cuentos ídem muy pronto), con el escozor que me produce no ver cada libro en su lugar, el escozor, el horror, la cosquilla molesta en la base del cráneo que ello me produce y la esperanza al decirme "será una bella tarea para las vacaciones ordenar la biblioteca" sabiendo que, muy probablemente, no lo haré, pero no importa, la intención también cuenta... Mis ojos vagaban, decía, perdidos, cuando rápidamente me dirigí a los estantes de mi amada literatura española (insisto) para más rápidamente aún dar con lo que estaba buscando... una escena que transcurriera en una biblioteca y no podría haber encontrado una mejor que ésta. De uno de mis autores españoles favoritos, de una de sus mejores novelas lejos y de una mordacidad y subversión flagrantes, tal como a él, un contrera (que no un hortera) cabal, le encantan (y tanto le encanta que hasta juega con su propia autorrepresentación en este pasaje):

DE NUEVO EN LOS PAPELES

Lectores de la Biblioteca Nacional: enterrados en el mausoleo de la cultura, vagáis por pasillos y salas de lectura como sonámbula hueste de espectros. Examinad la palabra Tumba inscrita en la pared, a la derecha de la entrada, Rue de Richelieu; pensad en que al cabo de un tiempo moriréis de una vez: ¿no sería mejor instilar algo de poesía en vuestras vidas, antes de pudriros también, como los libros y manuscritos que leéis, en otro vasto y crepuscular cementerio?
En el silencio fúnebre que os envuelve, eruditos pacientes, necrófagos ápteros, carcomen y devoran, como múridos, el saber programado. Parásitos de la historia, insectos de la filosofía, emulan las hazañas de la polilla. Como en hospitales y salas de disección, el aire apesta a yodo y formol. ¿No sentís deseos de emerger a la luz, percibir los aleteos del corazón, captar la brusca palpitación de la sangre? Abandonad el yermo sepulcro. Escuchadme.
Sin necesidad de introducir y espachurrar puñados de moscas entre las páginas de los clásicos, como cierto oscuro y maligno escritor en una modesta biblioteca de Tánger [se refiere a él mismo en su novela Reivindicación del conde Don Julián], podéis liberaros no obstante de vuestra torpe e inútil melancolía. Seguid, como yo, a una niña -Ina, Magdalen, Agnès, Dora- a alguna de las salas vetustas y sentaos frente a ella en la mesa, atrincherados con un muro de libros de consulta, procurando que el haz de la lámpara os mantenga discretamente en la sombra. Mientras ella recorre las páginas de algún manual piadoso o devocionario, exquisita en su traje de Primera Comunión, con velo y toca inmaculados y blancos verificaréis que su atención se centra, por ejemplo, en el contenido de dos obras alevemente incluidas en la colección de lectura infantil: Nuestra Señora de las Flores y El milagro de la rosa [se trata de dos novelas del francés Jean Genet, no aptas para niños...]. La adorable criatura absorberá las crudezas y obscenidades del texto con inefable candor. Sorpresa, interés, rubor, pasmo, se pintarán sucesivamente en su expresión, colorearán las delicadas mejillas. Su rostro soñador, las manos inmóviles en el regazo, la tela arrugada del vestido sugieren la existencia de una sensualidad naciente, tal vez la velada invitación a un dios todavía desconocido: algo como para robar el sueño al imaginario catador y estimular súbitamente su apetito. ¡Es el momento ideal para dejar caer una estampita a vuestros pies y suplicar que la recoja con sabia y bonachona sonrisa! Abriréis entonces la gabardina y se la enseñaréis: ¡en aquel lúgubre panteón del deseo, la dulce chiquita de ojos claros experimentará, estad seguros -y os lo hará compartir también a vosotros-, la emoción más terrible e intensa de su vida!

Juan Goytisolo, Paisajes después de la batalla.



P. D.: Como una súbita iluminación de lo alto acabo de recordar otras escenas de una novela aún más célebre que ésta, francesa ella, que también transcurren en una biblioteca, por lo que creo que habrá una yapa...
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