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8 de marzo de 2011

Curvas femeninas (casi un pleonasmo)

Porque si algo son las curvas, es femeninas. Por eso digo que decir "curvas femeninas" es caer casi en un pleonasmo, es decir, en una construcción nominal que resalta un atributo ya presente (y obvio) de la entidad así descripta. Y en este día tan particular, en el que siempre digo algo, a pesar de que no me gusta mucho la idea de "el día de", hoy también quiero decir algo. Mejor dicho, me gustaría hablar de alguien. Más todavía, de una poeta que significó mucho en mi vida, y aún lo sigue significando. Y no fue, como podría pensarse por afinidades literarias evidentes y hasta por la coincidencia de las iniciales, Alejandra Pizarnik (AP), sino Alfonsina Storni. A quien leí antes que a Alejandra, y me marcó y acompañó para siempre.
Con Alfonsina pasa algo que no sucede, creo yo, con otras poetas. Es el epítome de la poesía femenina argentina, es la referencia obligada, pero es también la poeta que más conoce la gente común, el ciudadano de a pie, si se quiere, es decir, aquellos que no son poetas ni escritores, ni siquiera lectores asiduos. Porque, dejemos de engañarnos de una vez por todas, a los poetas sólo los leen otros poetas y muy ocasionalmente el lector medio y llano. Pero uno dice "Alfonsina Storni" y hasta el verdulero de la esquina sabe de quién se trata. Y hasta puede que sepa algún verso, de los más conocidos, de los más trillados. Y, por supuesto, todo el mundo sabe que se suicidó internándose en el mar, que dejó un último poema-epitafio, etc. La leyenda, el mito, lo conocen todos, no hace falta explicar nada.
Pero a poco que uno se ponga a indagar y raspar la superficie de las vanas apariencias, surgen cosas más interesantes que la forma en que eligió, en plena posesión de sus facultades mentales, morir. Surge la forma en que eligió vivir: a contracorriente. A trasmano. Al revés que todas. Al contrario de lo que se esperaba para una mujer en esos años. Y si murió como quiso, creo que también vivió como quiso y eso le costó mucho, mucho pasmo y mucho dolor. 
A pesar de ser la abanderada de las declamadoras y de encarnar, para algunos, lo que se supone que debe ser la poesía (versitos lindos, rimados decentemente, diciendo dos o tres boberías sentimentales y cursis), Alfonsina encarnó, para mí, otra cosa, mucho más importante y trascendental: encarnó, como dice uno de sus poemas, a la loba. A la que se aleja del rebaño. A la que rehúye todos los yugos, especialmente los masculinos (no a la que renuncia a los hombres, atención, si no a la que se niega a ser una mera sierva). A la que renuncia a ser lo que se supone que debe ser por el mero hecho de ser mujer. A la que la opinión ajena la tiene sin cuidado. A la que eleva su cabeza libre de todas las ataduras y hace y deshace con su vida y con su cuerpo lo que se le antoja. A la que nadie puede domar ni dominar. A la que nadie pisotea ni fustiga ni araña siquiera. A la que vio más allá y señaló el camino para las que venían atrás. A la que nunca se rindió, ni siquiera en la hora de su muerte. A la que crió a su hijo sola, como terminan haciendo la mayoría de las mujeres. A la que escribió como pudo, donde pudo, pero escribió siempre. A la que el mito quiere investir de lo que no es ni fue, y por suerte su poesía viene siempre a desmentirlo (para todos los adoradores de las rimas fáciles y las cursilerías ñoñas, tal vez vaya siendo hora de que lean sus libros más maduros y logrados: Mascarilla y trébol, y Mundo de siete pozos). 
Alfonsina encarna, para mí, a la que dice "no", a la que tranquilamente dice "esto no es para mí", a la que decide sobre todo lo que tenga que ver con su persona, a la que no espera que un hombre le autorice nada ni decida nada sobre ella. Encarna, en definitiva, el espíritu más libre y salvaje, el de las verdaderas hembras.
El de la mujer que a mí me gustaría ser (y afanosamente trato día tras día).
Feliz día a todas las que siguen este sendero.

8 de marzo de 2010

La mujer es pura curva

Me gustan las mujeres transgresoras. No las que transgreden por transgredir sino las que lo hacen a sabiendas. Las que desprecian las horrendas tareas domésticas y se mofan de ellas. Las que nunca gastarían más de dos horas de su vida para limpiar una casa entera. Me gustan las mujeres que no creen que la maternidad sea lo máximo ni lo único a lo que pueden aspirar. Las que ejercen la maternidad de otras formas, vendiendo incluso su cuerpo a los desposeídos. Me gustan las mujeres que son jefas y no tienen miedo de serlo, que saben poner límites, que se enojan enseguida pero recuperan la calma después de una sonrisa. Las que no observan el paso marcial de todas ni las modas tontas y locas ni se creen ninguno de los juramentos que les hicieron creer en el colegio ("los nenes con los nenes, las nenas con las nenas"). Me gustan las mujeres irracionales, conectadas con lo más profundo y atávico de sus úteros, con sus antenas siempre encendidas y recogiendo los datos más fiables e interesantes del ajeno mundo exterior. Me gustan las mujeres que fabulan, que anidan, que por momentos se esconden, que cultivan con gracia y prontitud el misterio. 
Me gustan las mujeres fuertes, apasionadas, dulces, carismáticas, un poquito soberbias. No me gustan las mujeres marimachos ni las que creen que ser libre o emancipada es imitar en todo, hasta en lo más burdo de su habla y vestimenta al hombre. No me gustan las que sólo saben hablar de sus hijos sin que éstos hayan hecho algo diferente de haber nacido y crecido como todos los demás mortales. No me gustan las mujeres que tardan cinco horas en arreglarse, que se cambian veinticinco veces antes de salir, que no se deciden, que no se dicen, que no se aman. No me gustan las mujeres que suponen que el hombre es el enemigo y sólo merece nuestro escarnio e indiferencia. No me gustan las que no asumen su feminidad ni su masculinidad. No me gustan las que priorizan todo menos ellas mismas ni las que suponen que deben seguir los pasos de sus madres o sus abuelas. No me gustan las mujeres que se callan, que se aguantan, que reciben un golpe tras otro porque suponen que así deben ser las cosas. Las cosas no deben ser de ese ni de ningún otro modo, salvo el que ellas realmente quieran.
No me gustan las mujeres que esclavizan al hombre a un trabajo miserable e indigno y todavía tienen el tupé de tratarlo como a un trapo de piso. Las que no entienden que no existe un mejor amigo posible aunque ellos nunca puedan reemplazar, ni de lejos, a nuestras amigas mujeres. No me gustan las que no se juntan con otras mujeres a charlar, a chusmear, a cuchichear y reírse a las carcajadas por cualquier cosa. A llorar juntas también. A lamentar lo perdido y celebrar lo dado. Me gustan las mujeres que salen, que pelean, que están, que nunca fallan, que se parapetan en sus propios cuerpos para enfrentar lo que sea. Me gustan las mujeres que son curvas, que se estiran, que se doblan, flexibles y sensitivas como la flor más exquisita.
Me gustan las mujeres que escriben desde sus entrañas, que no reniegan de sus menstruos, que sueltan su pelo y sus ideas, que sólo se atan al mástil de sí mismas cuando están en peligro y que se entregan, libres, salvajes, poderosas, sabias, eternas, al hombre que aman cada vez que éste tiene la inmensa dicha de encontrarlas. 

Dedicado a todas mis amigas mujeres en el Día Internacional de la ídem, con el deseo de que todas podamos llegar a ser alguna vez una de esas mujeres. 

8 de marzo de 2009

The power of the cunt o Querido tajito

Luego de un fin de semana bellamente agitado (al ritmo de BOOM BOOM CHA, BOOM BOOM CHA) y a pesar de que no creo mucho en el concepto "día de", quiero compartir con uds. algunos fragmentos de un libro algo desparejo pero interesante, intrigantemente titulado El origen del mundo... El autor es el sexólogo holandés Jelto Drenth. Cuando vean la tapa comprenderán a qué se refiere con ello (es una reproducción de un famoso cuadro de Gustave Courbet). Aquí encontrarán una reseña del libro de mi colega ansudeña Gabriela Puente y aquí algunos otros fragmentos que no incluí aquí adrede. 
Feliz día, mujeres. Y como dije aquí: THIS YEAR, MORE FUN, LESS FEAR!!!

"El hecho de que las palabras 'fuertes' hayan seguido siendo tabú quizá se deba a su empleo como insultos. Los genitales femeninos, no menos que los masculinos, se utilizan bastante con tal fin. A mi juicio, las palabrotas referidas a la mujer son bastante más groseras que las referidas al hombre: '¡Cojones!' es una expresión menos áspera que 'La puta que te parió'. En los países donde la clitoridectomía constituye una práctica tradicional, la palabra que designa el clítoris forma parte de las maldiciones más inmundas. Los fundamentalistas musulmanes de Egipto utilizan "madre del clítoris" como insulto dirigido a los turistas blancos; y el peor agravio que se puede inflingir a un hombre es llamarlo 'hijo de madre no circuncidada'.
Japón representa una excepción. Allí los padres y las madres explican a sus hijas acerca de su odaiji-no-tokoro, su 'lugar augusto e importante'. A los varones se les habla de su odaiji-no-mono, su 'cosa augusta e importante'. Para los varones hay también un sinónimo consagrado por la tradición: el ochinchin ('honorable pitilín'). En la década de 1980 las feministas japonesas protestaron contra este tratamiento desigual y abogaron por la introducción del término waremechan ('querido tajito')."

"¿Qué se hace con una mujer incapaz de experimentar un orgasmo durante el coito, pero que responde con pasión a la estimulación del clítoris? Para Freud, la respuesta era obvia: ella no ha conseguido aceptar su femineidad, insiste en desempeñar un papel activo y no ha logrado superar sus celos de la primacía de la sexualidad masculina. En breve, sufre de un complejo de masculinidad. Marie Bonaparte emitió esta opinión sobre el tema en 1933: 

... las mujeres, al parecer, pueden dividirse en tres tipos principales, cada uno de los cuales responde, a su propio modo, al shock traumático que experimenta cada niña al darse cuenta por primera vez de la diferencia entre los sexos. Las del primer tipo pronto logran reemplazar el deseo del pene por el deseo de un hijo, y se vuelven verdaderas mujeres: normales, vaginales, maternales. Las siguientes abandonan toda competencia con los hombres al sentirse demasiado desiguales, renuncian a toda esperanza de obtener un objeto de amor externo y, en lo social y lo psíquico, ocupan entre los humanos un nivel comparable al de las obreras en un hormiguero o una colmena. Por último, están las que niegan la realidad y no lo aceptan nunca: éstas se aferran con desesperación a los elementos masculinos psíquicos y órganicos innatos a todas las mujeres: el complejo de masculinidad y el clítoris."

"... cuando es la mujer la que desea más sexo, y su pareja la frustra, lo pasa mucho peor, porque su situación es anormal; de hecho, socava los cimientos de nuestras creencias básicas. Ella sentirá por instinto que no le conviene hablar del tema con nadie, pues de lo contrario se arriesga al ostracismo. La situación requiere una explicación, pero las respuestas parecen bastante negativas. Tal vez sea todo culpa de ella. ¿No es atractiva? ¿Dice siempre lo que no debería? ¿Tiene mal olor? ¿El rechazo de su pareja se debe a su flujo vaginal (aunque en la última revisión el médico le dijo que era normal...)? ¿O él está enamorado de otra? ¿O será gay? ¿Quizás ella sea demasiado directa en la manera de transmitirle qué es lo que desea?"

"La operación más violenta se practica en Somalia y Sudán: se cortan el clítoris y los labios menores, y luego se unen con una costura los labios mayores y los labios menores, de modo de dejar sólo una pequeña abertura algo más arriba del ano. Esta forma de intervención se denomina 'infibulación'.
(...)
Las mujeres de los países en los cuales rige la circuncisión consideran 'limpia' la vagina circuncidada, en flagrante contradicción con la realidad.
(...)
Otra de las 'ventajas' de la circunsición consiste en que la mujer pierde la mayoría de sus órganos de sensibilidad sexual, lo cual -según la creencia generalizada- brinda protección contra una sexualidad desenfrenada. También aquí encontramos el miedo, muy arraigado, a la concuspicencia ilimitada de la mujer."

"El primer aviso de vibrador para uso personal, el Vibrátil, data de 1899. En los anuncios publicados en ese entonces, el vibrador comparte honores con la máquina de coser, el ventilador, la pava eléctrica y la tostadora. Las amas de casa deberían esperar unos diez años más la llegada de la apiradora o la plancha eléctrica. En el aviso del primer vibrador se nombraban la neuralgia, los dolores de cabeza y las arrugas como enfermedades factibles de curar con este tratamiento. La salud y la belleza se mencionaban siempre, mientras que las posibilidades sexuales apenas si se insinuaban con frases como: 

Dirijo mi mensaje de salud y belleza A LAS MUJERES.
Suave, relajante, estimulante y refrescante. Inventado por una mujer que conoce las necesidades femeninas. Toda la naturaleza pulsa y vibra de vida.
La mujer más perfecta es aquella cuya sangre late con la ley natural del ser."

"Los fabricantes de toallitas higiénicas y protectores diarios explotan a conciencia la revulsión por los genitales femeninos. Casi no logramos concebir que hace menos de un siglo las mujeres menstruaran directamente en la ropa que vestían, pues creían que de lo contrario se impedía el vital efecto purificador del flujo menstrual."

"Para algunos hombres y mujeres , un monte de Venus sin pelos resulta más atractivo y excitante que el 'origen del mundo' natural. Tanto en anuncios personales como en sitios de Internet se ha generalizado esta preferencia, que se muestra de modo explícito, y en el 2003, los adictos al porno que prefieren las 'matas peludas' fueron diferenciados como un grupo aparte, un blanco comercial diferente." 
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