Qué bronca. Último día de las vacaciones de invierno: la novela continúa su camino, ahora que ha sido rebautizada y es precisamente algo relacionado a ella lo que me da tanta bronca. Decidí ponerlo aquí porque el viejo (viejísimo) truco de hablar de la novela dentro de la novela ya no sorprende a nadie. Estaba leyendo cosas que escribí en mis diarios íntimos hace 12 años. Remarco la fecha: 12 años, año 2002, para mayor exactitud. Un tiempo. Bastante tiempo. Entre las tantas cosas que escribí hace 12 años, escribí uno de los tantos encuentros que tuve con El Depredador, con el protagonista de mi novela, claro. Nada notable, si se quiere. Tuvimos muchos encuentros en estos 12 años y en los años anteriores también. Lo notable, lo que me da tanta bronca, lo que hace que todavía esté escribiendo esta novela, más aún, que todavía siga hablando de él, es que al leer los detalles de aquel encuentro (insisto, en nada diferentes a otros, ni los detalles ni el encuentro) su imagen haya vuelto a mí con tanta nitidez y precisión, con tanta perfección que me fue absolutamente imposible no sustraerme ¡una vez más! a su encanto y encontrarlo, como siempre, inexorablemente deseable, perfecto, hermoso. ¡Maldición! Esto es lo que deploro. Ni siquiera los siete años de defenestración constante sobre su figura que ejerció sin pausa mi psicoanalista han podido hacer alguna mella en la estructura psíquica que siempre termina rindiéndose ante él. Estoy segura (¡y más bronca me da aún!) de que si en este preciso instante el teléfono sonara (como sonó tantas veces) y fuera él diciéndome que tiene ganas de verme, yo le diría, sin pensarlo siquiera, "vení". No importa que me haya borrado de Facebook sin siquiera anoticiarme de las razones, que no me hable desde hace unos meses por razones que tampoco me fueron comunicadas, que me mande fotos mías por mail que ya tenía sin explicación alguna, no importa nada. En el desmadre neuronal que debe residir en esa estructura psíquica dañada o defectuosa nunca importa nada. Supongo que por eso esta historia sigue y sigue, aun cuando parece que está terminada, que no tiene continuación posible o que seguirla es sencillamente suicida. Tantos años analizando y dándole vueltas a este bendito asunto y yo todavía no entiendo qué es lo que sucede allí. Por qué lo sigo encontrando atractivo. ¿Será que no tiene explicación, que es algo que simplemente "es" y que darle vueltas es rigurosamente al pedo, como diría Asís? Tal vez. Pero si le he dado tantas vueltas y revueltas es porque esto, siempre, de un modo u otro, termina haciéndome daño. Por eso quiero que se acabe, y pruebo todos los exorcismos posibles. Nunca ninguno parece dar resultado, la puta madre.
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1 de agosto de 2014
Atracción fatal
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13 de julio de 2014
Depredador (o La literatura es así)
Quizás hoy no sea el mejor día para postear acá, pero fiel a mi costumbre y para no romper la cábala que le he prometido a un amigo muyyyyyyyyyyyyyyy futbolero, haré de cuenta que es un domingo como cualquier otro y escribiré lo que tengo ganas de escribir desde hoy. Me mantuve alejada de aquí porque mis múltiples ocupaciones más la escritura de la novela más la vida misma no me dieron demasiado respiro (y lo celebro). Desde mediados de mayo que vengo tiki tiki tiki dándole a las teclas y reescribiendo toda la novela que, como recordarán, ya ha sido comentada por aquí. El caso es que ya se ha convertido en otra cosa y que "la vida", "el destino", "el azar" (no sé) me siguen dando tela para cortar. La novela se convirtió en otra cosa porque donde antes me concentraba en contar únicamente las incidencias de mi amor Frankenstein, ahora he decidido concentrarme en muchas otras incidencias que también contribuyeron a que las cosas fueran como fueron con él (y con otros también). La novela se convirtió en otra cosa porque en todas las demás versiones yo usaba iniciales que si bien desdibujaban ligeramente a los personajes a mis ojos seguían siendo los mismos, pues eran sus iniciales verdaderas en casi todos los casos; en la nueva versión, los personajes tienen nombres. Nombres que no son sus nombres reales, nombres que los convierten, inmediatamente, en otras personas aunque sean tan parecidas a las reales y hasta digan las mismas cosas que ellas. La distancia que he logrado así es espeluznante. Pero la novela también se convirtió en otra cosa porque hoy decidí cambiarle el título (¡chan!). Ese título al que yo me apegaba casi como a un mantra (si se repite muchas veces seguidas creo que puede llegar a convertirse en uno) fue cambiado de buenas a primeras cuando releí uno de los epígrafes que había elegido para esta nueva versión (tampoco conservé ninguno de los que con tanto cuidado había elegido antes... ah, la literatura es así). No revelaré el nuevo título para seguir con las cábalas, pero una de las palabras que lo componen está presente en el título de este post. Eso también hace que la novela ya sea otra cosa. Y por si todo esto fuera poco, esta mañana, al despertarme y chequear los mails por el telefonito (esa horrible costumbre que debería erradicar de mi ser, pero que no creo posible ya) encontré que El Innombrable se hacía nuevamente presente en mi vida, esta vez para enviarme unas fotos que me sacara durante el verano y que yo ya tenía. ¿Para qué me mandó esas fotos? No sé. No las acompañaba texto alguno. Oh, siempre jugando al misterioso. Decidí no contestarle nada pero me ha costado mantener esta decisión, especialmente hace un rato, cuando yo encontré, además de las fotos esas, otras que yo le había sacado a él la última vez que nos vimos. ¡Ah, recursivos, iterativos, repetidos hasta el infinito como si nos estuviéramos reflejando en sendos espejos, Narcisos imposibles...! Qué manía. Y mi vida amorosa que es un páramo y en nada ayuda a mantener decisiones sabias y adultas como esta de NO contestarle. Porque si le contesto ya sé como sigue la cosa: empezamos con que por qué no nos vemos, "sólo para hablar" y después terminamos en la cama y después... qué importa del después, decía el tango. Sí, ya sé, pero acá importa, porque en el después yo siempre quedo igual: sola, extrañándolo y perdedora. No, gracias. Esa película ya la vi tantas veces que me aburre tanto como el Mundial (bueno, tal vez un poquito más). Tan sólo espero que esta nueva versión (ahora sí que es totalmente nueva...) de la novela me ayude a cerrarle el camino a la obsesión, a la adicción, a la maldición que él representa para mí. Estas páginas ya han dado cuenta de ello numerosas veces. Una vez más no creo que le moleste a nadie. Pero a veces creo que ni una arenga de Mascherano me saca a este tipo y su maldita sonrisa de la cabeza, del corazón y de otras partes del cuerpo donde aún sigue metido. Ufa.
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| Imagen: Analía Pinto (2014) |
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