27 de julio de 2009

Curvas en el museo

Los museos son otros de esos lugares que ejercen sin tasa su fascinación sobre mí, como las bibliotecas, las iglesias y otras construcciones arquitectónicas ciclópeas por el estilo. Y si bien es cierto que, para la mayoría de la gente, nada divertido puede haber en un museo (como ya dijera Homero Simpson, "todas las cosas divertidas terminan en "manía" o "teria", no en "eo"), infiero que este descrédito se debe, cómo no, al desconocimiento. Se cree que los museos son inventos del mundo moderno, con su positivista y bendita necesidad de clasificar, ordenar y conservar todo aquello que sea digno de ser conservado y se olvida, una vez más, el origen etimológico del término: el museo era el lugar dedicado a las musas, no sólo las inspiradoras de vates y poetas, sino también las guardianas de la memoria.
Guardamos en un museo todo aquello que deseamos que las generaciones venideras conozcan, porque sabemos que el tránsito de esos objetos será pasajero en esta tierra. Y así también lo creían los antiguos, cuando en los primitivos templos guardaban, atesoraban objetos raros y de gran valor, objetos que no podían estar al alcance de los profanos, aún cuando resultasen indispensables para su iluminación. Todo esto viene a cuento de las fotos que quiero compartir con uds. a continuación, nuevamente esculcadas de Curious Expeditions, y todas pertenecientes a distintos museos y a la biblioteca de la ciudad de Viena (Austria), donde nunca fui y donde ya mismo quisiera estar (encima allá es verano...!):


Biblioteca Nacional de Viena (Austria)



Museo de Globos Terráqueos de Viena (Austria)


Engranajes del reloj astronómico, Museo del Reloj de Viena (Austria)

24 de julio de 2009

A propósito del frío: Arcimboldo

Si bien la ola polar ha descendido un poco (sólo un poco, desde luego) y al menos he podido salir a la calle sin lamentarlo demasiado, hoy quería regalarles algunas imágenes de un pintor fabuloso: Arcimboldo.
El término "fabuloso" no es exagerado. Por el contrario, creo que apenas alcanza para describir la inigualable imaginación de este pintor italiano, quien, además de hacer los cuadritos "esperables" para su época, se dio el lujo de hacer estos "capriccios", estas locuras, estas maravillas que dan cuenta de nuestra fragmentada y fragmentaria realidad mejor que todas las teorías explicativas al respecto. Son precisamente estos caprichos los que pasaron a la inmortalidad, mientras que su obra "normal" ha quedado en el olvido. Vaya eso como muestra de que sin innovación, sin imaginación y sin, justamente, desvíos no hay arte.
Que tengan un excelente fin de semana y que disfruten con las imágenes del genial Arcimboldo, quien tendría que haber estado en estas páginas mucho antes, pero bueno, es tanto lo que quiero compartir que en ocasiones me aturullo, me olvido, se me pasa... etc. Y elevemos votos para que el frío polar se vuelva al polo, donde pertenece...!


Arcimboldo - Flora


Arcimboldo - The librarian

Arcimboldo - Winter

22 de julio de 2009

Sigue la curva astronómica: eclipse de sol en Asia

Mientras nosotros seguimos sometidos a las impiadosas inclemencias del frío, la Luna, luego de toda la atención que recibió en estos días, sigue haciendo de las suyas: hoy, en distintos países de Asia, pudo verse cómo se interponía, muy oronda, entre la Tierra y el Sol.
Los fenómenos meteorológicos, a pesar de que algunos me incomoden mucho, siempre me fascinaron. Soy de esas personas (pocas, pero las hay) que pueden pasarse un rato largo (muy largo para los bienpensantes y los observadores de la moral capitalista) tratando de descifrar las formas de las nubes en el cielo. Y les puedo asegurar que siempre veo algo y que ninguna nube, jamás, es igual a otra (vaya esto para los poeñoños que adoran el falso estatismo en que su ceguera los hace vivir). Y amo el olor que deja la lluvia sobre el asfalto, la tierra y el cemento, aunque deteste las goteras y la tristeza que ambas (la lluvia y las goteras) desatan con su constante código Morse (ayer tuve que correr cosas de su lugar: un hilo de agua se deslizaba, calmo pero vertiginoso, por la pared, y unas gotas, calmas pero certeras, caían con ritmo acompasado demasiado cerca de mi computadora vieja). Y me encantan los amaneceres, los ocasos y toda otra cosa que nos pueda alertar acerca de nuestra pequeñez ínsita y fantasmal. Y qué decir (pero no diré nada) de aquella nevada tan mortal como la del Eternauta hace apenas dos años en Buenos Aires...
Cuánto más, entonces, me fascinan los fenómenos astronómicos, de los que voy dando cuenta en estos recovecos tan queridos. Y sin embargo, no creo haber contemplado ni uno. Cuando pasó el cometa Halley, yo tenía doce años y no sé con qué me entretuve tanto que me acordé al otro día, muy tarde. Es del todo seguro que no volveré a ver su paso. Cuando hubo otros eclipses observables desde este hemisferio también me encontraba haciendo otras cosas (y después dicen que la vida NO es eso que te la pasás haciendo, ¿no?). Y ahora, leo con tristeza que el eclipse asiático de hoy se repetirá dentro de 120 años, pero también leo que el año que viene habrá uno visible desde nuestro continente... pero no puedo dejar de preguntarme qué estaré haciendo ese día del 2010, con qué me estaré entreteniendo tanto que seguramente me olvidaré por completo y me lamentaré de no haberlo presenciado...


21 de julio de 2009

¿Cae curva la lluvia o desviada?



Así como amo el otoño, odio el invierno. Odio el frío, la lluvia, el viento, las tormentas. Odio que se me congelen la nariz y las orejas, que las manos se me entumezcan, que los pies se me enfríen aunque tenga dos o tres pares de medias puestas. Odio que se me cuele el frío por debajo de la ropa. Odio salir a la calle y que me reciba un helado ventarrón. Odio la falta de sol, la grisedad, el tango fácil que despiertan días como éstos. Odio la nostalgia de no sé qué y la melancolía de qué sé yo que inmediatamente generan los días nublados, lluviosos y fríos como el presente. Odio el invierno, y es definitivo.

20 de julio de 2009

Lunática curva (o mi diosa madre)

Es el día del amigo pero también es el día en que se cumplen 40 años de la llegada del hombre a la Luna. De ese mágico lugar que llamamos, con prepotencia digna de mejor causa, "Luna" y que otros llaman "Moon", "Lune", "Mond", "Lua"... Es nuestro satélite, esa lucecita que permanece de noche y de día y que yo siempre miro esperanzada, porque algo me hace creer que allí no hay sólo polvo y soledad, que algo más se esconde entre sus valles y hondonadas, que no es simplemente una roca que gira alrededor de otra roca más grande.
Mirar la luna ha sido una de las actividades favoritas de poetas y enamorados. Bajo su luz fría, mármorea, calma y nívea se han fraguado más besos y traiciones que bajo los dorados penachos de su hermano mayor, el Sol. Bajo su manto espectral se han amado todos aquellos que sintieron correr la sangre en sus arterias, que no pudieron resistir a ninguno de sus ensalmos. Bajo su misterio andante, que ni siquiera el Apolo XI pudo desentrañar (suponiendo que todo aquello sea verdad y no un mero truco hollywoodense), se conjuraron héroes y soldados, ídolos y diablos. En los oscuros bosques del tiempo, bajo su pálida luz lechal, las brujas se reunieron en sonoros aquelarres y los sátiros salieron a babear los cuellos de las bacantes. ¿Existe algo más romántico, más intrigante, más fabuloso que dejarse llevar por estos cuentos, acaso?
No lo creo.
Pero para los fanáticos de lo racional, aquí les dejo la información fría, exacta y deplorable de lo que se supone es o debe ser mi amada lua (la lengua portuguesa siempre sabe hacer más bellas las cosas bellas), ese misterio tan subyugante como los ojos del amado, esa superficie que tanto me gustaría hollar con mis manos profanas, ese mundo incantatorio que tanto me gustaría conocer, si es que alguna vez volvemos a pisarlo. Presten atención a las bellísimas palabras que aparecerán por allí, aptas para componer poemas de corte astronómico: gradiente gravitatorio, revolución sideral, libración diurna, relieve lunar, eclipse, revolución trópica, bóveda celeste, apogeo, perigeo, argón, cometa, asteroide, cráteres, selenita...
Aquí también les dejo una alertilla de Google que me inspiró este posteo vacacional (oh, sí! las ventajas de trabajar para el estado!) y aquí debajo una imagen (del "Mare Imbrium", tomada desde el Apolo XVII) que nunca dirá ni una décima parte de todo lo que la Luna representa en mi mundo interior y en mi mundo poético.
Feliz día del amigo a todos los amigos, los nuevos, los viejos y los que seguramente vendrán.

12 de julio de 2009

Las montañas curvas

Domingo. Frío. Preguntas existenciales a rolete. Poemas que asoman. Más frío. El porvenir semanal que comienza a instilar, despacito, su tedio. Música. Otros poemas. Y más preguntas, como ¿por qué late todavía?, se propagan por el cuerpo como una piedrita arrojada a una tranquila laguna. Pero éste es mi blog principal y lo que me concita aquí son las curvas y los desvíos. No volveré a justificarme ni a perorar acerca de lo que va o no va aquí.
Así que, sin más, revisemos las alertas de Google. No, esto no. Esto mejor otro día. A ver esto... Bien, ya se ha tomado la decisión editorial correspondiente: hablemos, pues, de las montañas curvas, ya que un grupo de geólogos se ha conformado para averiguar por qué las cadenas montañosas tienen una forma curva, aún en puntos muy distantes del globo terráqueo sobre el que danzan nuestros frágiles cuerpos.
No me interesa tanto la nota en sí (aunque aprendí algunas palabras nuevas, como "paleomagnetismo" y me anoticié sobre un océano desaparecido hace trescientos millones de años, el Oceáno Reico), sino los ecos que despierta en la dominguera desazón de mi alma. El vocabulario geológico es muy rico y sonoro: están las amadas placas tectónicas, hay lava, hay magmas; hay también espeleológos; está la orografía, la mineralogía... Hay vetas, hay piedras preciosas, hay volcanes, hay fumarolas y géyseres. Hay gemas, hay cuarzo, hay lapislázuli, circonios y diamantes, brillantes geodas...
Estoy citando palabras que estoy segura de haber usado ya en mi poesía. Siempre me ha fascinado ese mundo de rocas y piedras. Me estaba olvidando el par de palabras más fabuloso de este campo semántico (después de lapislázuli, por supuesto): las estalactitas y las estalagmitas. ¿Qué es esta fascinación por las piedras, por lo calcáreo, lo rocoso? ¿Es que nos retrotrae a los tiempos prehistóricos -reitero mi objeción moral hacia este término-, a los tiempos en los que vivíamos en cuevas -y cada cueva tenía su himno nacional como dice Mel Brooks en un capítulo de Los Simpsons? ¿Qué mundo de sensaciones se abre ante la mención de cosas como Pangea, deriva continental o lecho submarino? ¿Por qué me resultan tan poéticas? No sabría decirlo a ciencia cierta, ni creo que importe demasiado. Sería como querer explicar por qué me gusta tanto el color violeta.
Pero ya que he citado tantas palabras tan bonitas, voy a repetir un ejercicio que ya hice en estos parajes, con muy buenos resultados (o eso creo). Ya que me encuentro volátil y poética, nostalgiosa y atribulada por mi predador interno (cuya faz externa encarna en un amadodiado ser humano que ronda mis noches de desasosiego aún), démosle curso a la poeisis a través de la geología, como antes lo fue a través de la botánica:

de la deriva continental partí un día:
llevaba conmigo gemas
cuarzos
intoxicantes geodas
y una única veta de minerales antiguos

hacia el océano donde todo está perdido
dirigí mis pasos y mis alforjas:
no tuve que escalar mucho
apenas unos pocos picos
andinista siempre de los repechos

por donde las placas continentales ya no se mueven
aletargué todos mis deseos
hice noche en sus sacros vivaques
y puse a descansar mis lágrimas

el cruento lapislázuli de mis rezos

(12/07/09)


7 de julio de 2009

¡Agarrate, Catalina! o Las curvas motorizadas

El posteo de hoy puede resultarle extraño a muchos, sobre todo a aquellos que no me conocen personalmente y no saben, entonces, que una de las cosas que más me ha gustado siempre son los autos. Paradoja extrema es, sin embargo, que a pesar de haber nacido en una familia desde siempre dedicada a ellos (padre, abuelo, tíos, primos, etc. gomeros), yo, con mi rebelde way of life no sepa manejar. Y cada vez que pienso que cuando era pequeña nada me gustaba más que aferrar el volante (¿a qué me aferraré tanto ahora, eh?), sentarme en el asiento del conductor, tocar la bocina, apretar el botoncito que hacía salir agua del parabrisas del Fitito, maniobrar como si estuviera manejando y hasta subir por las ventanillas al mejor estilo Dukes de Hazard (una de mis series favoritas, obvio), me digo que seguramente algo no está bien en mí y que sin duda alguna debo tratarlo en terapia. Pero tantas cosas se interponen siempre que al final lo voy dejando, lo voy dejando y heme aquí, fanática de los autos, pero sin saber manejarlos (¿quizás del otro lado haya algún voluntarioso caballero que quiera enseñarme los secretos de la palanca de cambios? Ejem...).
Toda esta introducción (o "calentando motores") viene a cuento de una noticia que me llegó, cómo no, a través de las alertas googletianas. Resulta que un científico de una universidad estadounidense (¡cuándo no!) realizó un estudio de las "personalidades" de los autos según su diseño. Aquí podrán leer la nota completa: yo sólo quiero decir que este señor descubrió, entre nos, el agua tibia, porque todos sabemos que los autos tienen su propia personalidad (además de denotar claramente la personalidad de sus dueños, of course) y yo siempre creí que los faros delanteros eran sus ojos y las parrillas sus bocas... De eso no me cabió jamás ni una duda.
Y entonces, tras leer esta nota, comprendí que siempre me gustaron los autos netamente masculinos: grandes, poderosos, con mirada y perfil desafiante. Sólo para citar tres, la santa trinidad automovílistica argentina para mí sería: la Torino W380, el Dodge Polara GTX y la Chevy SS. Todos coupé, DESDE LUEGO. Un auto que se precie de tal sólo puede ser una coupé. A esa maravillosa lista, le podemos agregar la Fiat coupé 1500 y el Ford Mustang GT, y ya tendríamos "cinco coches que quisiera tener en mi garage" como nos ofrece uno de los tantos applets de Facebook. Pero vuelvo a mi apreciación inicial, la de que me gustan los autos viriles, esos que cuando acelerás tiembla el mundo, que están siempre impecables, que adentro huelen al cuero de sus tapizados y que se llevan de maravillas con la música que más me gusta (después de Zappa), que es el metal...
Ahora que lo pienso, este post puede ser también una especie de saludo pre-cumpleaños para mi señor padre, quien, cuando yo era más niña que ahora (ji ji) poseyó -nunca mejor aplicado un verbo- uno o varios de cada uno de los coches mencionados. Para los fanáticos de los fierros también, van fotitos y enlaces de todas estas bestias urbanas:












6 de julio de 2009

Los sonidos curvos

Procuro que la paranoia A no me gane y entonces decido volver a postear a diario como siempre fue el designio de este espacio. Dice un viejo proverbio sufí (pero puedo equivocarme): "vende tu inteligencia y compra asombro". No estaría mal que, en ocasiones, le hiciéramos caso a dicha enseñanza, pues el asombro es uno de los trampolines que nos lanzan, de lleno, hacia el conocimiento. ¿Que no? Lean a Jaspers y después me cuentan.
Pero traigo a colación esto del asombro porque una vez más San Google me deja boquiabierta con sus alertas. No porque sean extremadamente geniales o accurated (algo así como "acertadas-adecuadas" todo junto), más bien lo contrario (oh, web semántica, ven a nosotros ya!) sino por la variedad de cosas que me permite conocer (aunque mejor sería decir "la variedad y cantidad de cosas a las que me permite asomar mi curiosa nariz"). Y esta vez es, nuevamente, la música. Si antes habían sido los rameshgar, hoy son los rarámuris, pueblo índigena mexicano con unas curiosas y maravillosas costumbres signadas por la música que comparto aquí con uds.
Dice la nota en cuestión que:

Su música y sus instrumentos musicales son verdaderamente asombrosos. El tambor tarahumara o kampore es uno de los principales instrumentos que acompañan muchas de las actividades de los rarámuris, desde ir a sembrar, recibir a un recién nacido, construir una vivienda, ceremonias de agradecimiento a la tierra, al agua, y muchas otras actividades que suelen hacer en grupo, con la participación de casi todo el pueblo, siempre cantando y danzando.

El kampore está hecho de madera, y su piel es de venado; en ocasiones los pintan de colores y les dibujan paisajes o animales de la localidad; entre más grande sea el instrumento más fuerte y profundo sonará. Pueden ser desde 15 o 20 centímetros de diámetro, hasta casi un metro. El que lo ejecuta es un conocedor de los ritmos de las danzas y los cantos. Además de utilizar el tambor y de cantar, también utilizan sonajas y los tenabaris, que son un manojo de capullos de mariposa atados a un mecate que se sujeta a los tobillos a la hora de hacer la danza.

En la comunidad de Saquirachi, municipio de Urique, en el estado de Chihuahua, en la alta sierra tarahumara, se usa también el llamado chapereque, que es un instrumento antiguo de tres cuerdas montadas sobre trozo de madera curvo que se saca del centro del maguey, es decir, del "quiote de maguey", o también se puede usar la madera de encino. Es parecido a un arco de cacería pero con tres cuerdas en lugar de una, como un arpa primitiva, similar a otros instrumentos que se tocan en lejanos países del continente africano.

Como me quedé con ganas de saber más o, de por lo menos, saber cómo era alguno de esos instrumentos, seguí buscando y aquí encontré cómo suena el chapereque. Me hizo recordar a algunos de los sonidos utilizados por Ramiro Musotto (¿qué? ¿no lo conocen? puff, corran a bajarse su disco "Civiliçao e barbarie" ya mismo!!), un percusionista argentino radicado en Brasil que anduvo investigando también los sonidos e instrumentos de los indígenas de por allí.
¿Habéis reparado en ese instrumento realizado con capullos de mariposas? ¿Habéis reparado en el hecho de que todos los acontecimientos verdaderamente importantes del pueblo se celebran con música, cantos y danzas?
¿Cuándo aprenderemos nosotros, occidentales irredentos, siquiera una pizca de toda esta sabiduría?

5 de julio de 2009

La curva epidemiológica, buuuhhhh

Estamos en el horno. Pero no precisamente cocinando deliciosos pancitos poéticos o exquisitas masitas narrativas. No, mis amigos. Estamos en el horno de la imprevisión, esa compañera natural de los argentinos. He debido alejarme de mis rinconcitos no por mi propia voluntad sino porque mi máquina, mi PC, mi puente con el mundo cibernético (no con el mundo real, attention) rompióse y una de sus partes debió ser reemplazada. Feliz ella que puede darse el lujo de que una de sus partes diga basta y, tras ser ésta reemplazada, todo vuelva a la normalidad. No es tan así con el sujeto humano bípedo y pensante. A veces, algunas de sus partes no pueden reemplazarse (no importa que Favaloro o el INCUCAI lo desmientan). A veces, los humanos carecen de la más primordial y esencial de las cosas, algo que lamentablemente no puede adquirirse en ningún supermercado: el sentido común.
Que es, precisamente, lo que les falta a nuestros políticos y, por ende, pues nosotros los elegimos, a nosotros mismos. No voy a explayarme sobre los resultados de la elección del domingo pasado (que parece que hubiera sido el año pasado, tan desconectada estuve) ni tampoco voy a explayarme demasiado sobre nada, porque nada sé, pero sí quiero dejar algunas impresiones sobre el nuevo flagelo que nos azota... Tras la inflación, el dengue, el humo (¿alguien se acuerda ya del humo del año pasado?), la inseguridad, los accidentes de tránsito y la mar en coche, ahora, como a cada chancho le llega su San Martín, a nosotros nos tocó la gripe chanchuna.
Como he dicho y repetido en más de una ocasión, vivo desinformada. A veces, me contento con mirar los titulares de la página de inicio de Yahoo y eso es todo. No miro televisión (y cuando la miro, sólo miro Los Simpsons o alguna serie), no leo los diarios, ya no compro revistas... Soy muy feliz así. Las noticias que me interesan son otras, como puede apreciarse leyendo este y el resto de mis blogs. A través de Facebook y de otros canales me informé, eso sí, porque tan despistada no soy, acerca de la gripe porcina, la gripe A, el virus H1N1 o como rayos quieran llamarlo. Y así descubrí que todo era una movida de los laboratorios Roche, una diábolica conjunción donde las ganancias millonarias, una vez más, eran lo único importante. No le dí demasiada importancia porque, desde luego, no pensé que realmente nos iba a tocar (je, como el archifamoso poema de Bertold Brecht, claro).
Pero ante la suspensión de casi todas las actividades públicas, ante la suspensión de los talleres a los que con tanta felicidad asisto y ante, esto fue lo peor, venir sintiéndome mal sin saber muy bien a qué atribuirlo, comprendí que mi desinformación podía ser casi tan peligrosa como la falta de sentido común de nuestros gobernantes. Hete aquí que este fin de semana, para que el tenía planeadas muchas actividades, desde el viernes a la medianoche (oh sí, ahora me he vuelto adicta a Maldita Ginebra, maldición..., qué será de mí, yo, que era una poeta tan seria!!!) hasta el domingo a la mediatarde, decidí guardarme en mi casita y ocuparme de mi sacrosanta obra artística hasta que la cosa afuera aclare un poco (roguemos que no oscurezca más, porque ya es más que suficiente). Estoy rogando también por las próximas vacaciones para seguir con esta tarea y, ya que vamos a estar (in)voluntariamente recluidos, aprovechar el encierro para algo trascendental.
Me ahorro epítetos para la presidenta, su gabinete y, sobre todo, para el ministro de salud elegido que parece tener menos idea de dicha (y delicada) materia de la que yo puedo tener de física cuántica. ¡Ah, Señor, protégenos de virus de todo de tipo pero protégenos también de nuestros estúpidos e incompetentes políticos...!
Aquí, una nota que justifica toda esta peroración. Lo único bueno de hibernar es que podré/podremos leer y escribir mucho más. Ojalá la lejana aún primavera barra con todas estas porquerías y traiga los nuevos aires que tanto necesitamos, en todos los sentidos...

23 de junio de 2009

Llegó el invierno curvo (o el curvo invierno)

Queridos leyentes de estos devaneos curvos y desviados: heme aquí de nuevo con ustedes para regalaros una nueva curva desviada por la inquieta chica rumiante que me habita. Nunca ausente, pero en estos días algo alejada, vuelvo hoy, para anunciar, con algo de atraso, el comienzo del invierno. Si bien es una estación que detesto y que despierta en mí los más feroces deseos de tirarme a dormir bajo una pila de frazadas y asomar mi nariz sólo cuando la primavera se haya anunciado en toda su plenitud, este invierno parece ser ligeramente diferente de otros inviernos menos felices y, en consecuencia, y una vez más, gracias a San Google, aquí les traigo una curiosité digna de ser compartida.
¿Saben ustedes qué es un petroglifo? Para decirlo rápidamente, es una piedra tallada. Pero no una piedra tallada cualquiera, si no una piedra tallada propia de los pueblos prehistóricos (me abstengo aquí de comenzar una diatriba acerca de la injusta denominación "pueblos prehistóricos" como si los hombres de Neanderthal o el visionario que pintó las cuevas de Lascaux y Altamira y otros tantos, no tuviesen "historia"; precisamente, hallazgos como el que veréis a continuación son un mentís a dicho aserto). Me fascinan desde muy pequeña todas estas cuestiones que revelan nuestros orígenes, que nos hablan de otros tiempos, otros espacios y, fundamentalmente, otras cosmovisiones, otras cosmogonías. Otras maneras de ver, concebir y entender el mundo. Casi casi, otros mundos.
Así, una alerta de Google me ídem acerca de un fascinante descubrimiento (y qué descubrimiento no lo es, me pregunto ahora, incluso el más triste, lastimoso y deplorable descubrimiento tiene su componente fascinante) en tierras de Galicia. Como probablemente sabéis, dignos leyentes míos, el pueblo galego no es, ni por casualidad, tan "bruto" o tan "tosco" como lo pintan. No hay más que pensar que es de allí, según se cree, que descienden los celtas, con cuya música tanto nos maravillamos y otros pueblos que fueron a asentarse precisamente fuera de Britannia... y también se esparcieron más allá, hacia la actual Polonia, y prueba de ello es la ciudad de Galitzia... Pero me voy de tema. A lo que iba es que en Amoeiro, un pueblo gallego, descubrieron "una roca única en Galicia para los investigadores, pues tiene el mayor número de grabados pétreos de pies (once 'petroglifos podomorfos'), y formas de herraduras, pequeñas cuevas o 'cazoletas' y círculos concéntricos."
Pero no sólo eso descubrieron allí, sino también dólmenes, castros, pazos y hasta "un petroglifo en forma de pez, grabado en el interior del 'abrigo de A Zarra', [que] marca el inicio del solsticio de verano; mientras que el llamado 'abrigo do raposo' marca el solsticio de invierno, ya que el sol coincide con un grabado curvado en los últimos días de diciembre."
¿No se dispara vuestra imaginación hacia no sé qué confines al pensar en el primer hombre que descubrió que en determinado día del "año" (o como ellos lo designaran) el sol se colaba de una manera especial por entre esas -y no otras- rocas y que ello podía ser utilizado como una marca en el fugaz e irreparable paso del tiempo? ¿No mueren de saber qué pensaba ese hombre o qué le dirían los demás o cuál sería su rango dentro del clan o la tribu? ¿No matarían por estar allí en el momento en el que se realiza ese descubrimiento o en el momento en el que se decide dejar asentado en la piedra algún otro acontecimiento semejante?
Preguntas para arrancar un invierno que promete ser, al menos, movidito.

14 de junio de 2009

Domingos de poesía curva

Sigo dejando a la deriva mis blogs, pero esta vez hay una buena causa detrás de esta aparente negligencia o dejadez: este fin de semana se está desarrollando el Segundo Encuentro Poético "Padua es una rosa" en el marco de la Séptima Fiesta Nacional de San Antonio de Padua, y estoy participando en él. Como aún no ha finalizado, no haré ninguna otra mención a ello, pero quería aprovechar la ocasión para compartir un poema con curvas de un poeta que descubrí hace muy poco, gracias al taller de poesía latinoamericana que está dictando Laura Yasán en la biblioteca Güiraldes de la ciudad de Buenos Aires: Ricardo Miguel Costa. 
Sí, yo tampoco lo conocía y su poesía merece ser leída, escuchada y "asimilada". En la tradición de poetas como Roberto Juarroz pero también como Alberto Girri, Costa despliega no sólo versos de escandida ciencia poética sino pensamientos, lo cual es aún más loable. Destaco, sobre todo, el poema cuyos primeros versos dicen "Todo pensamiento no barrido por la belleza / es un teorema muerto", incluido en su libro Teatro teorema. Pero el que les quiero compartir, se llama, al igual que el libro, Danza curva, y por eso está aquí esta noche. Enjoy it.

Danza curva

Con un cuchillo la vastedad es inmediata.
Tomar un bocado o cometer un crimen, pueden ser
dos extremos posibles para el ánimo de quien lo empuña.
Para el que mata, el corte es una danza curva
contra el cuello.
Para el hambriento, el corte contra la carne
es la bendición de su miseria.
Pero el que hunde la palabra cuchillo en un poema
corta y troza sin bendiciones ni danzas.
El poema puede ser un tajo luminoso que separa la carne
de tu alma para flotar.
Sólo en la voracidad del hambre está la inmediatez.
La vastedad, en el temor de la víctima y en el vértigo
de quien escribe.


Ricardo Miguel Costa

5 de junio de 2009

El arpa y la curva de la historia

Ya he hablado en más de una ocasión aquí de la música y del particular encanto que me suscita. No voy a insistir en ello, ya está claro. Pero hago la referencia porque una alerta de Google me anoticia sobre algo que podríamos vincular con la historia de la música o con la etnografía de los pueblos o con la cultura entendida en un sentido amplio o... bueno, muchas cosas más (la manía de los descriptores se me ha pegado luego de tanto catalogar documentos en el trabajo...!). En definitiva, para no aburrir, copio algunos fragmentos de esta noticia que me resultaron particularmente interesantes y dejo aquí el link para quien quiera leerla sin mis acotaciones (¡herejes! ¡no se atrevan a hacer tal cosa o sufriréis las consecuencias!). 
He aquí algunos de los dichos fragmentos: 

"Cuenta una vieja leyenda sasánida que el gran rey Jorso Parviz era conocido tanto por sus furibundos ataques de ira como por el amor que profesaba por un caballo azabache llamado 'Shabdiz'.

Era tal su pasión por aquel equino que había prometido aplastar la cabeza de quien le trajera algún día la funesta noticia de su muerte.
Fue el poeta de la corte Barbad quien, 'tañiendo el arpa como si un alguien hubiera muerto', sugirió la noticia al despiadado monarca y logró así salvar su cabeza."

Los poetas siempre se las arreglan para salvar su cabeza ¿no es cierto? Que lo diga Sherezade si no...! Es que mal que les pese a muchos, la palabra es poder. Aunque en el caso de Barbad fueron los sonidos musicales los que lo libraron del bárbaro castigo.

"Musicólogos y expertos coinciden en que el arpa nació en las reuniones de cazadores prehistóricos, quienes felices y ociosos tras dar muerte a sus presas entretenían su tiempo jugueteando con las cuerdas de los arcos."

Este párrafo me impactó por la imagen que me suscitó: imaginé una gran hoguera, al abrigo de las estrellas. En derredor, un grupo de cazadores "felices y ociosos" tañendo distraídamente las cuerdas de sus arcos. ¿De qué hablarían? ¿Hablarían? ¿Se sabrían astutamente vigilados por las bestias que pretendían cazar momentos antes? ¿Dónde estarían sus mujeres? ¿O estarían con ellos? ¿Habría un niño travieso observándolos parapetado detrás de algún arbusto, deseoso ya de ser grande y poder sentarse con ellos y como ellos, alrededor del fuego? ¿Qué historias se contarían allí? ¿Alguno de ellos se distraería irremediablemente con el sutil entretejido de estrellas del cielo? ¿Se hablaría de amor o sólo de sangrientas cacerías? ¿Cuál sería la bebida que pasaría silenciosa de mano en mano? Y así podría seguir preguntándome cosas acerca de esa pasmosa escena toda la noche...

"Los musulmanes arrestaron a miles de rameshgar (músicos de la corte del rey sasánida), muchos de los cuales procedían de la India, pero otros lograron emigrar a Europa dando origen a grupos gitanos', afirma el investigador iraní."

Este fragmento me interesó por la designación que se les daba a los músicos de la corte: rameshgar (quien esté buscando un nombre para su banda, acaba de encontrarlo!). Pero más todavía me interesa la figura de ser un artista de la corte: un súbdito igual que los otros pero apenas por encima de la escala social por hallarse bajo el ala del rey e incluso por formar parte de sus favoritos. ¿Volverán alguna vez los tiempos del mecenazgo? ¿Han vuelto y aún no nos damos cuenta? ¿Es saludable para un artista teer demasiado contacto con el poder político, él, que tiene el poder simbólico? ¿Debe un artista estar subvencionado, becado, pagado por el estado, del tipo que sea? ¿Obstaculiza esto su labor o la favorece? ¿Cómo librarse de los trabajos por encargo? Y sin embargo, Virgilio escribió La Eneida por encargo de Augusto... ¿y es por ello menos bella, menos fabulosa? No lo creo...

Dilemas en torno al arte que vienen a mi mente esta fría noche de viernes, justo antes de arrancar el fin de semana, mi momento favorito de la semana...! Disfruten, porténse mal e inviten!!! See you soon.

1 de junio de 2009

Las curvas maravillas del mundo animal

Entre las innúmeras maravillas que nos rodean, y que nos obstinamos en ignorar o que nos inducen sagazmente a ignorar los que dominan el mundo, están los animales. A pesar de que el hombre esté dotado de razón, lenguaje y entendimiento, en ocasiones creo que nuestros peludos compañeros de planeta son mucho más inteligentes que todos nosotros juntos. Opiniones filósoficas al margen, el mundo animal produce siempre en mí una enorme fascinación. De más está decir que amo profundamente a mis gatos (y a todos los felinos, desde luego) y que me subyugan, como ya se ha visto en este mismo blog, las mariposas, las libélulas y las luciérnagas (los entrañables "bichitos de luz" de mi infancia). 
En ese mismo nivel de subyugación están los colibríes (o picaflores), con sus larguísimos picos curvos, sus alas rapidísimas y sus breves cuerpecitos que se sostienen mágicamente en el aire mientras liban el preciado néctar de las flores. Recordé mi fascinación por estas aves gracias a una alerta de Google, y ello me llevó a recordar también que hace un par de semanas vi, en Animal Planet, un programa con los diez animales más raros y curiosos del orbe, entre los que se encontraban el mono narigudo (o "mono probóscide"), el cangrejo cacerola, el pejesapo, el aye-aye, el ornitorrinco, el oso perezoso y varios más que ahora no recuerdo. Pero comentándolo con un compañero de trabajo dimos con este post de Taringa donde se encuentran casi todos ellos, además de otros igualmente extraños y fascinantes. 
Aquí encontrarán la alerta de Google que me trajo hasta aquí y aquí (perdón por la proliferación de "aquís") una página dedicada al pejesapo, uno de los bichos más feos y espeluznantes que he visto en mi vida. Las hembras poseen una especie de "farol" que cuelga encima de sus cabezas para iluminar y atraer a los machos, ya que estos peces pertenecen, verdaderamente, a la "fauna abisal" (je je): se desplazan en las profundidades, donde nunca llega la luz del sol. Los machos son pequeñísimos en comparación con las hembras y viven "pegados" a ellas, en forma de diminutas protuberancias que, durante mucho tiempo, no se pudo determinar qué eran, hasta que los científicos determinaron que se trataba de los machos, que se "imbricaban" o "incrustaban" en los grandes cuerpos de sus hembras una vez que las fecundaban...
Pero no quiero irme (el frío está azotando mis bellas manos de pianista, oh!) sin antes dejarles una hermosa foto de un colibrí/picaflor, para que reparen en la frágil belleza que nos rodea y que siempre (es decir, siempre que querramos) está a nuestro alcance: 


26 de mayo de 2009

Los agujeros negros del corazón (o ¡Viva lo cursi!)

Siguiendo con la veta astronómica, me entero hoy, siempre por el omnímodo Google y sus alertas, que ha sido descubierto un agujero negro "supermasivo" (o sea, enorme, gigantesco, ciclópeo, titánico, monstruo, tera-mega-hiper grande) justo en el centro de la Vía Láctea, como quien dijera "justo en el centro de mi corazón" (chan).
Ayer cumplí 35 años y el agujero negro todavía está ahí. Sigue atrayendo cosas a su ígneo centro, se siguen cayendo en él muchas otras, pero ahora yo lo miro desde otro lado, desde otro punto de la galaxia. He cumplido 35 años, estoy en la "plenitud" de la mujer, en el medio del camino de la vida más que nunca y me siento bien (gracias, Fontova, por ponerle música hace ya tanto!). Me siento bien conmigo misma, que es lo primordial. Hay aire fresco en esta ciudad, en la pequeña ciudadela -fortificada aún- de mi ser. Hay promisorias humedades que brotan en lo más mágico de la noche y que surgen también en los momentos más inesperados, provocando pequeños tembladerales de locura a su paso. Hay momentos dignos de ser atesorados en lo más querido e íntimo del corazón, en ese otro agujero negro a donde van a parar todos esos hermosos recuerdos que nadie quiere perder de vista. Hay fotos que atestiguan lo que antes era sólo un comentario al pasar entre amigas. Hay otras amigas, hay nuevos amigos, hay compañeros de trabajo que ya casi puede decirse que son una parte más de la familia, hay esperanzas, hay provocadoras, batalladoras y fabulosas esperanzas donde antes reinaba una sola esperanza obstinada e inútil (ver el post de mi cumpleaños anterior). Hay sorpresas, hay regalos completamente inesperados, hay personas que reaparecen, primos que me agregan en el FB y me alegran en un instante la existencia toda al saber que están bien, que están haciendo cosas, que siguen siendo tan hermosos y tan locos como los recordábamos siempre...
Hay nuevos espacios, hay nuevos blogs, hay nuevos proyectos y refundaciones de los proyectos que ya estaban en marcha, hay viajes para recordar y viajes por venir, hay novedades siempre, donde antes el agujero negro de la desidia y la desazón se tragaba todo, hasta la luz. Porque eso es lo que hacen los agujeros negros según acabo de enterarme aquí. Los temibles se tragan hasta la luz, porque ni siquiera ella puede escapar de su asfixiante y ubicua prisión. 
Pero yo sí escapé. Al final, se conjuró y confabuló todo de forma tal que un exorcismo tan simple como cruzar algunas palabras por el chat de FB con él, con mi único "él", bastó para liberarme de una vez por todas (queremos creer que es de una vez por todas, pero conociéndolo a él y conociéndome a mí, uno nunca sabe muy bien a qué atenerse... pero pongamos así que queda mejor) de la ilusión más cruel y paralizante para mí. Que él volviera. Y volvió. Pero cuando volvió, ya no lo quise. Y no lo quise porque recordé, porque hubo algo que el agujero negro no se pudo tragar y fueron los recuerdos. Los buenos y los malos. Y los malos eran más, aunque los buenos fueran los más buenos de todos los buenos posibles o casi. Y así, ayer no me preocupé ni un instante por si el teléfono iba a sonar o no, y si iba a ser a él o no. Simplemente me dejé ir y me olvidé de que alguna vez mi vida dependió de si ese teléfono sonaba o si no. No es, claro, que reniegue de mi historia con él o que piense que esa increíble magia, que ese portento de sentimientos se pueda repetir con otra persona. Porque no se repetirá, estoy segura. Tamaña pasión no cabe dos veces en una vida. La pasión que venga -porque vendrá- será completamente otra. Será otro agujero negro entonces el que me atrape después, pero este ya no. Como una estrella, dejó de arder y su núcleo comenzó a enfriarse hace ya mucho tiempo. A veces destella aún y logra engañarme, pero son apenas unos segundos. Eso sí: cuando su música suena es como si nunca hubiera abandonado mi corazón. Pero eso es todo. Y entonces vivo mis 35 añitos más feliz aún que el año pasado, aunque todavía no haya aparecido el hombre dispuesto a robarse nuevamente todo mi amor. 

19 de mayo de 2009

El maravilloso mundo de las imágenes curvas, de nuevo

No sé bien por qué esta renuencia a publicar en Curvas. A decir verdad, no pareciera tratarse de nada en especial, pero el último post es del 6 de mayo, hoy es 19, y teniendo en cuenta que la proclamada frecuencia de este blog es diaria... Bien, cualquiera podría decir que en efecto algo está pasando. Pasa, por cierto, que estoy trabajando más horas en la ciudad de las diagonales. Pasa que tengo otros blogs de los que ocuparme. Pasa que a veces me distraigo con las nocturnas amenidades que regala (¿o entrega a cambio de nuestras almas?) Facebook. Pasa que otras veces me distraigo con las inusitadas sorpresas del Messenger. Pasa que... la vida también pasa. Y otras veces hago otras cosas, otras se corta la luz, otras me engancho a ver algo en la tele, aunque esto es lo más raro de todo. Pasa que también vivo y eso, a menudo, se traduce en horas y momentos lejos del monitor, ausente sin aviso del teclado (y bueh, ya tendré yo también mi laptop o mi netbook o mi lifedrive, je).
Pero hoy tuve ganas de venir a curvas porque el maravilloso mundo de las imágenes me ha atrapado de nuevo. Estaba revisando mails llegados a una de mis tantas cuentas cuando observé esta alucinación que verán a continuación: 


Eso que se ve ahí chiquitito es la Tierra que, por un efecto desde luego óptico, parece muy cercana a los adorables anillos de Saturno (lugar en el que siempre quise vivir en mi fantasía infantil... y no tanto). La imagen se obtuvo a partir de complicados procesos que no pienso describir aquí, desde una sonda que exploró o estuvo explorando Saturno en el 2006 llamada Cassini, desde luego un proyecto de la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Italiana. Poco importa esto, pero es correcto citarlo. Pueden encontrar más información (en inglés) y más imágenes curvas, desviadas e increíbles en la página oficial de la sonda Cassini: http://ciclops.org/ir_index/21/In_Orbit
Hoy mismo sufrí otra alucinación similar con esta otra foto y la noticia publicada por Yahoo, cuyo link os dejo, aunque creo que la imagen habla por sí misma y la explicación acerca de cómo fue lograda la foto y blah blah le quita, creo yo, todo el misterio. No es un limón, es el Sol: 

Día de imágenes que invitan a pensar en imposibles, en magias insolubles, en poderes que están mucho más allá de nuestro alcance, es decir, en esas cosas que entusiasman tanto a los escritores de raza... Será por eso que al fin me aventuré por aquí hoy.

6 de mayo de 2009

Influenza: la curva del pánico

Alguna vez he hablado por estas mismas páginas de la lógica del pánico, las teorías conspirativas y otros similares desvíos convenientes (convenientes para los poderosos, se entiende, para los Señores del Mundo). Hoy, que estoy bastante resfriada, bastante molesta, bastante zombie y ligeramente preocupada (¿será un simple resfrío -el primero del año? ¿será una gripe moderada? u ¡oh no! ¡debe ser la gripe porcina, auxilio!), quiero compartir con uds, queridos lectores (de lejitos, no se preocupen; sin barbijo, eso sí) una nota que me llegó a través de Feisbuc en la que considero, a pesar de su extensión, se brinda información muy útil e interesante. 
Pero no es la típica nota que en tono apocalíptico alerta acerca de los peligros inminentes (o nunca llegados, en fin) de esta nueva "pandemia" si no que, con números y hechos en la mano, invita a reflexionar acerca de las causas económicas y políticas que están detrás de todas estas porquerías que, de pronto, de improviso, como por arte de birlibirloque, "nos invaden". No hay tal invasión. No hay ningún "de improviso". Hay algo que, lamentablemente, se parece mucho a las teorías conspirativas y a los siniestros sínodos internacionales donde un montón de Monty Burns se juntan a ver cómo hacen para incrementar, a cualquier precio, sus ganancias. 
La nota, a pesar de su extensión, insisto, invita también a pensar en las terribles consecuencias que el maldito individualismo instaurado hace ya varios años por nuestros gobiernos "progresistas" provoca en nuestras ya deterioradas y socavadas sociedades. Y si bien se refiere específicamente a México creo que basta con cambiar por 'Argentina' o el país latinoamericano que se prefiera o en el que se resida para ver reflejadas las mismas problemáticas una y otra vez...
Aquí la nota. Enjoy it... if you can. Es un poco bajón, lo sé, sobre todo al final (donde aparece, sí, la veta apocalíptica), pero de vez en cuando viene bien pensar en este tipo de cosas que, en definitiva, nos pueden dar una idea de hacia dónde vamos o hacia dónde no queremos ir. Atchís!!!

4 de mayo de 2009

Feisbuk, el nuevo dios

Si antes eran las alertas de Google las que me proveían de materiales para este rinconcito, ahora es el nuevo dios Feisbuk el propiciador de posteos y rememoraciones muy queridas, como la que me sorprendió esta noche, después de un ajetreado fin de semana entre poetas venidos de todas partes (Reunión de Voces 2009, evento organizado por el grupo de poesía Pretextos).
Estaba haciendo la recorrida habitual por la página de inicio del Feis cuando encontré que una de mis "amigas" (las comillas las uso con cierta ironía, desde luego; aunque es cierto que la mayoría de mis amigos feisbukeros son personas que conozco personalmente valga la rebuznancia, también hay muchos que no los conozco aún, como es el caso de esta "amiga") ponía un enlace a iutub con un clip de la película Bagdad Café. Esta peli, que no vi, pero que está basada en una novela de Carson MacCullers (La balada del café triste, si no recuerdo mal) tenía como tema principal una canción ARMOSA que estuve buscando durante años y años sin encontrarla jamás... hasta esta noche.
La razón por la que no había tenido éxito con mi búsqueda era que no recordaba ni cómo se llamaba la cantante ni cómo se llamaba el tema. El enlace de mi amiga feisbukera resolvió ambas incógnitas de un saque: Jevetta Steele la cantante, "Calling you" el tema. Si conocéis dicho tema y conocéis mis gustos musicales os preguntaréis cómo es posible que me guste tan melosa canción. No lo sé. Pero está unida indefectiblemente a una época ya muy lejana de mi existencia en la que todavía no había pasado "nada" (o ya habían pasado demasiadas cosas) y en la que estaba empezando, a Dios gracias, a despuntar el vicio de la lectura, la literatura, la música y la poesía. Y precisamente en aquel tiempo, además de escuchar la Heavy Rock n' Pop, que empezaba a la una de la mañana y terminaba a las tres (aunque a veces se alargaban hasta las cuatro o cinco), escuchaba también el programa de radio que hacía Jorge Lanata (sí, Lanata) inmediatamente antes que ellos, de doce a una, llamado La hora 25, título también de una impresionante novela antibelicista del rumano C. Virgil Gheorghiu, que presté y nunca me devolvieron... ufa! 
La cosa es que la cortina musical de arranque del programa de Lanata era este bellísimo tema que hoy, dieciocho años después, he recuperado gracias a Internet, a Facebook, a la tecnología y a la mar en coche. Y como en la letra se nombran las curvas y dicen que la película es excelente, los dejo sin más con el video: 

27 de abril de 2009

Curvas en movimiento

Pensaba despacharme nuevamente con una alerta de Google, pero en lugar de eso prefiero comentar sucintamente algunas nuevas actividades que estoy desarrollando en este arrollador (bueno, más o menos, por comparación con el año anterior, sí) 2009.
A mi apostolado habitual en favor de la lectura, la poesía y la literatura, testigos de lo cual son cada uno de mis blogs, se han sumado otros nuevos apostolados que van también en la misma dirección: en primer lugar, y ya desde el año pasado, las colaboraciones con la Agencia de Noticias ANSud (no pongo el link porque momentáneamente está off line, hasta que se termine de rediseñar la página y migrar de servidor), que me permitieron adentrarme, de a poco, en un mundo que siempre había mirado desde afuera y con bastante desconfianza, como es el del teatro. La posibilidad de ir a ver obras teatrales de las más diversas variantes y estilos es algo que nunca le podré terminar de agradecer a mi querido amigo y cumpa periodista Pablo Dipierri.
Este año, aparte de seguir cubriendo las obras de teatro, se sumarán, tal vez, nuevas actividades en la Agencia, entre la que figura la que quiero comentarles con más detalle en próximos posteos, a medida que me entere de algunas cositas más. Por ahora, baste el flyer aquí junto.
Pero en este mismo 2009 recibí otra propuesta/invitación más que interesante, como fue, por parte de Carlos Roldán, la de ser coordinadora (junto con los poetas Adrián Bet, Marcelo Luna y mi compi-amiga Karina Sacerdote) del ciclo de poesía "Vientos Contrarios", uno de los ciclos de poesía porteños señeros (y disculpen la rima) y con mayor trayectoria en el under poético. Un ciclo de poesía que se preocupa por dar cabida a nuevas voces y darle apoyo y difusión a voces poéticas más afianzadas, pero que también se ha propuesto darle una pequeña vuelta de tuerca al asunto y hacer un petit debate entre los poetas invitados, para que no todo sea la lectura de poemas de siempre y nada más.
El sábado, con bastante nervios y algunos desajustes, previsibles en todo estreno, nos largamos con esta nueva versión de "Vientos Contrarios" y el debate, que era la novedad, salió muy bien a pesar de que tal vez todos nos alejamos bastante de la pregunta original ("¿cuál es la función de la poesía en la sociedad actual?"), pero así y todo creo que salió muy bien. Lo que me sorprendió, y lo cuento porque quiero compartirlo, no para darme aires, fue que mi modesta, tímida y casi titubeante intervención fue ruidosamente aplaudida por los presentes, a pesar de que antes de mí habían hablado varios de los poetas invitados y habían dicho todos cosas muy sensatas y atendibles y con las que yo estaba básicamente de acuerdo... Lo que me sorprende no es tanto el aplauso en sí (aunque sí, para qué lo voy a negar), sino la aparente facilidad con que me salieron esas palabras (de las que, por supuesto, no recuerdo ni una...!). No me caracterizo por tener una oratoria descollante, más bien todo lo contrario. Incluso me cuesta mucho hablar en público. En la facultad rehuía todo lo posible los exámenes orales. Siempre digo que si pudiera hablar como escribo mi vida sería otra cosa... pero, bueno, es lo que es. Y, al parecer, no tenía más que dejar mis miedos y aprensiones de lado y largarme a hablar y ya...! Esto es lo que realmente me sorprende y quería compartir con uds. mis silentes -bueno, no tanto, hay nuevos lectores que se animan a comentar... al fin!- lectores.
Y calculo que se vendrán más actividades, pero eso sólo lo sabré con el tiempo. El caso es que a pesar de todo este movimiento, no quiero dejar desatendidos mis rinconcitos virtuales que tanta falta y tanto bien me siguen haciendo, si bien nada reemplaza el contacto humano amistoso, fraterno, cálido y sincero como el que tuve el sábado con mis compañeros poetas y con Liliana Varela y Patricia Ortiz, las amigas de "Río de Letras", otro de los ciclos poéticos en el que también tuve el gusto de ser invitada el año pasado.
Si Los Twist decían la dicha en movimiento yo digo: la poesía en movimiento!!!

22 de abril de 2009

Nebreda: ¿el auténtico desviado?

¿Qué pasa cuando es la mente humana la que se desvía? ¿La que se sale de los carriles normales (pero, desde luego, no dejo de preguntarme cuáles son y quién decide que esos sean los carriles "normales")?
Me temo que voy a decir un montón de estupideces o de paparruchas pero esto me ha realmente impactado. Anoche estaba chateando con una amiga fotográfa (ella). Una charla de chicas presuntamente inteligentes, presuntamente independientes, previsiblemente solas. No importa. Lo que importa es que nos pusimos a hablar de fotográfos y otros artistas, y Cele mencionó a David Nebreda. El link vino por los trabajos, también impresionantes, de Joel-Peter Witkin. Pero si el enterarme de que Witkin trabaja con cadáveres (cosa que yo no sabía y que explica muchas de sus fotos...) me impresionó, no lo hizo tanto como la obra del español Nebreda.
Nebreda no es un fotográfo (quizá sería mejor denominarlo directamente "artista") cualquiera. No saca fotos de pajaritos, de niños angelicales, de flores (que las amo), ni siquiera de eróticos, cuidados y sugestivos desnudos. Saca fotos de sí mismo. Pero de nuevo. No son los previsibles autorretratos de Mapplethorpe, pongamos por caso. No, señor. Nebreda saca fotos, registra, documenta su locura, su enfermedad, el desvío terrible, fatal y ominoso por el que se va su mente. Y al colocar ese precioso tricolon de adjetivos ("terrible, fatal y ominoso") no puedo dejar de preguntarme ¿terrible para quién? ¿para él o para nosotros que impasibles permanecemos observándolo cual si un insecto monstruoso e imposible fuera?; ¿qué es lo fatal? ¿su no adecuación a nuestras normas morales, sociales, culturales, lo que fuera?; ¿qué es lo ominoso? ¿su mente "desenfocada" o la nuestra, tal vez demasiado enfocada, encarrilada y encauzada por la cultura, la civilización, la educación?
Éstas son las preguntas que me surgen al pensar en la "obra" de Nebreda. Pongo comillas porque, insisto, su obra es sí mismo. Marca su cuerpo (por usar un verbo suave) pero también lo muestra, a pesar de que hace ya muchos años que vive completamente encerrado en una casa en algún oscuro e ignoto punto de Madrid. Se flagela (de nuevo, por usar un verbo suave) pero lo muestra. Cabe preguntarse entonces: ¿hace todo eso para mostrarlo, con el sólo fin de mostrarlo? ¿Es una pantomima perfectamente orquestada o realmente su enfermedad, la esquizofrenia paranoide según leo, lo lleva sin más a eso? ¿Dónde está el límite entre la supuesta actuación en pos de llamar la atención, digamos, y el terrible, fatal y ominoso acting a que lo obliga su desequilibrio, su desvío?
Sé que todo este palabrerío no sirve de mucho sin las pruebas fotográficas que lo sustenten. Pero en lugar de eso prefiero remitirlos a un video en el que se exhiben muchas de sus fotos, y entonces comprenderán a qué me estaba refiriendo con todo esto.
Como corolario, si ayer dije, vía Barthes, que el lenguaje es fascista, hoy debo agregar que en estos días leí un cuento de Kafka que nunca había leído y quedé sencillamente anodada, pasmada y azorada. Los que lo leyeron dirán "puff, chocolate por la noticia", pero yo todavía no salgo de mi asombro: "En la colonia penitenciaria" es, verdaderamente, terrible, fatal y ominoso. Quizás mañana en Fauna Abisal me despache a gusto sobre él. Nuevamente, todo tiene que ver con todo... y me guardo la obra de otro fotográfo en consonancia con todo lo expuesto hasta aquí para otro momento, quizá para mañana mismo. 
Por si acaso aclaro que el video no es apto para impresionables.

21 de abril de 2009

I'm back (no estaba de parranda... aunque me hubiera gustado!)

Welcome back everybody! Mi ausencia de estos parajes internéticos se debió a una serie de desinteligencias familiares e internas que provocaron el abrupto, astuto y taimado corte de la línea telefónica de mi (menos)preciado hogar y el consecuente impedimento de conectarme a la red, salvo en las sacrosantas horas de trabajo. Si bien hubiera podido preparar posteos y publicarlos por lo bajini desde my work, eso hubiera contradicho no sólo mi intachable ética laboral (risas) sino el espíritu mismo de estos posteos, que nunca son pensados ni planeados ni hechos con antelación (ni siquiera los de mi querida Fauna Abisal). Siendo así las cosas, me rendí ante la evidencia de mi espantosa incomunicación con el mundo y decidí ser paciente, pensando que ni bien uno pagaba la maldita boleta atrasada los señores de Telefónica/Speedy y todas sus putas madres (oh, no, ¿será ésta una muestra de violencia machista? ver infra) el servicio afectado se reestablecía... ja. 
Qué ingenua sos, Anita. El teléfono tardó casi tres días en volver mientras que Internet (parece que habilitar ambas cosas al mismo tiempo no es procedente, no corresponde o es un esfuerzo técnico tan grande que obliga a que se haga en dos interminables pasos) tardó otros dos días. Una belleza. Amigos, la moraleja es: ¡no se atrasen con sus boletas o se sentirán totalmente desasidos del mundo! Y pensar que antes, hace ya unos años, bueno, unos cuantos, déjenme ver... a la pipeta, siete años ya, yo no tenía Internet, apenas si la primera y aún fiel Abulafia, la compu que me heredó mi primo con sus primosos 3 gigas de... ¡espacio en disco! En fin, que no tenía Internet ni mp3 ni FCB ni MSN ni nada y era feliz igual... creo. O por lo menos no sentía que la PC era un trasto totalmente inútil si carecía de conexión con el mundo... O tempora, o mores (no Mariano, je)!
Entonces, heme aquí de nuevo, una vez que he desagotado (es un decir) mis cuentas de mail, abarrotadas luego de prácticamente una semana sin bajarlos y una vez que me he vuelto a conectar con todas aquellas cosas que tanto me gustan (interné, interné!!!), vuelvo a por mis fueros y ¿con qué me encuentro? Con que el mundo siguió girando, FCB siguió andando y sumando adeptos, pero la tasa de idiotas no decrece ni un segundo. Por el contrario, crece minuto a minuto. 
Revisaba mis googlianas alertas cuando me encontré con un término que desconocía y que no creo (mejor dicho, espero) que la RAE aún haya aceptado: "femicidio". ¿Lo qué? Una definición perogrullesca podría ser: "homicidio cometido contra una mujer", o bien "asesinato perpetrado contra una mujer (¿o los ineptos del correccionismo político prefieren "contra una persona del sexo femenino"???)". No creo (espero, reitero) que tenga validez legal pero aquí podrán encontrar la página de la que me alertó Google y su paranoica (es un hecho que el mundo está cada día más y más paranoico, sin duda alguna ya), retrográda y espantosa retórica "feminista". 
Y todo esto se debe, ¡una vez más!, a la maldita corrección política que tanto me repugna. Yo me pregunto: esta gente que tanto se rasga las vestiduras con la supuesta corrección del lenguaje, ¿entenderá alguna vez que el lenguaje es fascista, como bien dijo Roland Barthes? ¿Entenderán algún día que sólo podemos decir lo que el lenguaje nos deja decir? ¿Comprenderán que no existe la sinonimia perfecta, que la precisión rayana en lo absurdo es justamente eso, absurda, que el lenguaje es una herramienta y que nuestra misión es saber usarla cada vez mejor para así pensar cada vez mejor y llegar a ser medianamente libres?
Tal como veo hoy las cosas, pareciera que no. Lástima. O tempora, o mores, de nuevo.

10 de abril de 2009

Un desvío anatómico

No sé ustedes pero a mí, cuando era chica, me fascinaba ver libros de medicina o recorrer las hojas en papel ilustración de la enciclopedia donde se mostraban los distintos sistemas del cuerpo humano por dentro. Así, estaban las láminas donde el rojo de los músculos sobresalía ante todo; otras, en donde el recorrido de las venas y los vasos sanguíneos hacían pensar en mapas de territorios no hollados aún por el hombre; y también estaban aquellas, las más tétricas, las más hórridas, las que en el amarillento color de la muerte mostraban nuestros poderosos y frágiles doscientos seis huesos, nuestro simpáticamente feo esqueleto. 
¿Qué morbo se (nos) despierta al ver eso? No lo sé, pero evidemente uno muy grande. No hay más que pensar en la cantidad de series que hoy día se ocupan de cosas por el estilo en la tele (Bones, CSI, Dexter y tantas más). Recuerdo ahora también la muestra "Bodies", a la que al final no fui, pero de la que había visto algunas imágenes en un documental (justamente) por Discovery o History Channel. ¿Nos gusta la muerte? ¿O es otra cosa?
Creo que es otra cosa, aparte de la necrofilia. Es el misterio de lo que se nos mantiene, por nuestro bien, oculto. Es el misterio ahora profanado por radiografías, ecografías, tomografías y otros chismes de última generación semejantes. Podemos llegar, con ellos, a ver hasta el último recoveco de nuestro cerebro. Podemos conocer la silla turca (ese huesito donde se asienta la hipófisis) o el huesito vómer (un hueso detrás de la nariz) que siempre me cayó simpático por su nombre. Podemos conocer la inclinación de nuestro útero, el estado de todos nuestros órganos, pero aún así no podemos conocernos lo suficientemente a nosotros mismos y menos a quienes nos rodean. ¿No es realmente paradójico que el conocimiento de todos los cableados de nuestro interior no nos revelen ni un ápice de quiénes somos realmente?
Toda esta diatriba anatómica viene a cuento de dos cosas que vi en estos días y que quiero compartir con uds. Una salió ya en el blog de Jorge Gómez Jiménez y la otra me llegó vía Curious Expeditions, ese hermoso sitio donde están las imágenes de las bibliotecas curvas que publiqué hace unos meses. La primera se trata de una exposición en la biblioteca de Nueva York, titulada "Imágenes de la ciencia: 700 años de ilustración científica y médica", que pueden ver acá. Es, sencillamente, amazing, como dirían los yanquis. La otra es este blog, de temática similar. Lo que más me espeluznó, en todo sentido, son las figuras de cera usadas por los antiguos estudiantes de Medicina. Y también la colección de animales conservados en formol. 
Vuelvo a mi pregunta inicial: ¿qué es, entonces, lo que tanto nos fascina? ¿Por qué yo sigo mirando programas como los que pasan en Discovery Home & Health acerca de extraños casos médicos? ¿Por qué nos gusta tanto Doctor House? Estoy segura de que no es sólo por lo bien construido que está el personaje. Hay algo más. Lo distinto. Lo extraño. Lo que se sale de la norma. En definitiva, lo que se desvía. Lo que no sigue el curso preestablecido... pero ¿preestablecido por quién?

8 de abril de 2009

Una escalera, sus curvas, un fotográfo y el infinito

En este miércoles que se disfrazó de viernes, como bien sugirió uno de mis compañeros de trabajo, en lugar de recurrir a las Google alerts como pensaba voy a presentarles mejor a un fotográfo que descubrí anoche navegando por photo.net.
Se llama Damjan Voglar y en su deviant descubro que vive en Ljubljana (Eslovenia) y que le gusta Frank Zappa...! Con razón sentí una afinidad instantánea al ver las imágenes que voy a compartirles debajo.
Pensaba, al verlas, en el misterio que (me) suscitan las escaleras en caracol, por completo diferente del que pueden suscitar, si lo hacen, las escaleras, digamos, "rectas". Dijo un filósofo del siglo XX, acaso uno de los más lúcidos y de los menos difundidos y comprendidos, que la filosofía es como una escalera que sirve para llegar hasta un punto y luego hay que tirarla. Pero, me pregunto yo ahora, ¿cómo tirar una escalera caracol...? Una de esas escaleras que se enrollan sobre sí mismas, que dan vueltas sobre su eje, y que, como helicoides, dan vueltas y más vueltas sobre la nada y el infinito mismo? Esas escaleras que nos recuerdan la delicada orfebrería de nuestras orejas? Esas escaleras hechas a imitación, es claro, del caracol col col y su casita rodante a cuestas?
Tal vez las escaleras caracol vengan a recordarnos que hay algunas escaleras de las que no podemos prescindir, que sirven igualmente para elevarnos hasta un punto como las otras, pero de las que no podemos deshacernos, so pena de quedarnos varados, por siempre, en el vacío.
Esas escaleras, para mí, son la música, la poesía, la literatura. ¿Cuáles son las tuyas, amable y distante lector?
¡Felices Pascuas!



7 de abril de 2009

La rectitud de la curva y la curva de la rectitud (más un pequeño desvío)

Hay muchas novedades por aquí, es decir, por mi frágil pero fuerte humanidad, por mi bella constitución de carne y sangre palpitantes (sepan disculpar la poesía, hoy me levanté con el ánimo poético). La mayoría de estas novedades atañen al plano laboral por lo que no es necesario que sean vertidas aquí, ya que todas son buenas pero en ningún modo son excusa para el abandono de ya casi una semana de posteos curvos y desviados. Ruego sepan disculpar este nuevo petit descontrol sobre mis ponderadas rutinas blogueriles. No obstante lo cual he posteado en mis otros rinconcitos con bastante asiduidad, como podrán apreciar aquí junto. 
La cosa es que hoy no sabía qué poner aquí y nuevamente las alertas del dios padre Google han venido en mi rescate. Creí que ya había hecho referencia a este sujeto, pero no, me estaba confundiendo con otro de tenor y pluma similar. Se ve que en la prensa latinoamericana abunda la retórica floreada y vacua, residuo insano, quizá, del barroco y del soplo mórbido del modernismo (¿les hablé alguna vez del modernismo?¿les hablé de Rubén Darío...? hum...). Se ve que poner muchas palabras juntas para terminar diciendo nada es práctica usual en la prensa de estas latitudes, porque otra vez me encuentro con una suerte de ¿editorial? ¿nota de opinión? ¿artículo? en el que no se entiende un pepino qué se quiso decir pero que abunda, de nuevo también, en curvas y desvíos, acaso homenajeándome con discreto y sumo disimulo. No lo sé. Y cuando digo "de nuevo", me refiero a este otro posteo donde doy cuenta de un texto similar, producto de un ecuatoriano en esa ocasión.
Aquí podrán leer el texto de Salomón Beltrán Caballero, un ídem mexicano por lo que veo. Dios, con razón mi maestro dice que lograr la concisión y la claridad al escribir es una de las cosas más díficiles...

Y ahora los dejo con un pequeño desvío: si se quieren divertir lindo y barato, visiten Placas Rojas y creen en segundos su propia placa catástrofe de Crónica TV. Aquí, al costado, les dejo algunas mías. Enjoy them...!
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