5 de marzo de 2010

La curva del Danubio

Uno de mis grandes (y todavía incumplidos) sueños es conocer Europa. No hace falta aducir motivo alguno para conocer Europa: su solo nombre bastaría para realizar semejante viaje y ver qué hay allí, que tanto llama siempre la atención. Pero tras tanto leer y con tantas imágenes de Europa  impuestas en la retina, una ya sabe que no se puede morir sin haberla pisado alguna vez. Como por el momento ese sueño está lejos, viajar a través de las imágenes puede ser una salida fácil y elegante. Claro que no es lo mismo, Perogrullo dixit, pero ya es algo (¿vieron qué optimista estoy este año?).
Marzo viene siendo un mes agitadísimo (tan sólo me ha regalado cinco de sus treinta y un días y ya estoy agotada...!) y nuevas actividades (nuevas presencias) arremeten por aquí. Es posible que mi siempre vapuleado propósito de postear a diario se vea boicoteado una vez más (y van...), por lo que he decidido a) hacer posteos más cortos (como el de hoy) y b) usar, cuando pueda, los posteos programados, una herramienta de Blogger utilísima para mantener la frecuencia que uno se ha impuesto con la ventaja de escribir cuando se disponga del tiempo necesario y no obligadamente día tras día.
Dicho esto, vuelvo a Europa. Y para que no me envidien les dejo una foto de "la curva del Danubio", un hermoso meandro (una de mis palabras de origen griego favoritas...!) que da el río de igual nombre al norte de Budapest (Hungría). Piensen en la maravilla de doblar esa curva en una serena embarcación, las escamas del río brillando al sol, el viento despeinándolos casi con cariño, un cielo perfecto, las montañas verdes y oscuras a los lados, un idioma musical y desconocido repiqueteando por aquí y por allá, olores nuevos y excitantes... La compañía la eligen ustedes, yo les propongo un escenario posible. ¡A gozar y feliz fin de semana!


1 comentario:

Gabriel dijo...

Siempre imagino que estas escenas de históricos rios del viejo continente, son parte de una memoria enredada en el código genético de quienes vivimos por esta parte del mundo.
Tiene acaso, este meandroso rio de la ciudad cordobesa donde vivo, similitudes con ese viejo e inagotable rio europeo?
No, este hermoso rio que cruzo cada dia por su puente, está bulímico de los encantos ancestrales que encierran esos enigmáticos cursos de agua.
No me quejo, no. Sólo que coincido que no está nada mal esto de hacer un paseo imaginario, tal vez a modo de preludio de que algún dia ocurrirá, ojalá, esa esperada y mansa recorrida por el Danubio.
Tal vez porque esas imágenes están atrozmente maniatadas en nuestro interior, y sea natural que los sentidos requieran sentir, de una buena vez, las sensaciones auspiciantes que detalla la autora...

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