domingo 12 de julio de 2009

Las montañas curvas

Domingo. Frío. Preguntas existenciales a rolete. Poemas que asoman. Más frío. El porvenir semanal que comienza a instilar, despacito, su tedio. Música. Otros poemas. Y más preguntas, como ¿por qué late todavía?, se propagan por el cuerpo como una piedrita arrojada a una tranquila laguna. Pero éste es mi blog principal y lo que me concita aquí son las curvas y los desvíos. No volveré a justificarme ni a perorar acerca de lo que va o no va aquí.
Así que, sin más, revisemos las alertas de Google. No, esto no. Esto mejor otro día. A ver esto... Bien, ya se ha tomado la decisión editorial correspondiente: hablemos, pues, de las montañas curvas, ya que un grupo de geólogos se ha conformado para averiguar por qué las cadenas montañosas tienen una forma curva, aún en puntos muy distantes del globo terráqueo sobre el que danzan nuestros frágiles cuerpos.
No me interesa tanto la nota en sí (aunque aprendí algunas palabras nuevas, como "paleomagnetismo" y me anoticié sobre un océano desaparecido hace trescientos millones de años, el Oceáno Reico), sino los ecos que despierta en la dominguera desazón de mi alma. El vocabulario geológico es muy rico y sonoro: están las amadas placas tectónicas, hay lava, hay magmas; hay también espeleológos; está la orografía, la mineralogía... Hay vetas, hay piedras preciosas, hay volcanes, hay fumarolas y géyseres. Hay gemas, hay cuarzo, hay lapislázuli, circonios y diamantes, brillantes geodas...
Estoy citando palabras que estoy segura de haber usado ya en mi poesía. Siempre me ha fascinado ese mundo de rocas y piedras. Me estaba olvidando el par de palabras más fabuloso de este campo semántico (después de lapislázuli, por supuesto): las estalactitas y las estalagmitas. ¿Qué es esta fascinación por las piedras, por lo calcáreo, lo rocoso? ¿Es que nos retrotrae a los tiempos prehistóricos -reitero mi objeción moral hacia este término-, a los tiempos en los que vivíamos en cuevas -y cada cueva tenía su himno nacional como dice Mel Brooks en un capítulo de Los Simpsons? ¿Qué mundo de sensaciones se abre ante la mención de cosas como Pangea, deriva continental o lecho submarino? ¿Por qué me resultan tan poéticas? No sabría decirlo a ciencia cierta, ni creo que importe demasiado. Sería como querer explicar por qué me gusta tanto el color violeta.
Pero ya que he citado tantas palabras tan bonitas, voy a repetir un ejercicio que ya hice en estos parajes, con muy buenos resultados (o eso creo). Ya que me encuentro volátil y poética, nostalgiosa y atribulada por mi predador interno (cuya faz externa encarna en un amadodiado ser humano que ronda mis noches de desasosiego aún), démosle curso a la poeisis a través de la geología, como antes lo fue a través de la botánica:

de la deriva continental partí un día:
llevaba conmigo gemas
cuarzos
intoxicantes geodas
y una única veta de minerales antiguos

hacia el océano donde todo está perdido
dirigí mis pasos y mis alforjas:
no tuve que escalar mucho
apenas unos pocos picos
andinista siempre de los repechos

por donde las placas continentales ya no se mueven
aletargué todos mis deseos
hice noche en sus sacros vivaques
y puse a descansar mis lágrimas

el cruento lapislázuli de mis rezos

(12/07/09)


martes 7 de julio de 2009

¡Agarrate, Catalina! o Las curvas motorizadas

El posteo de hoy puede resultarle extraño a muchos, sobre todo a aquellos que no me conocen personalmente y no saben, entonces, que una de las cosas que más me ha gustado siempre son los autos. Paradoja extrema es, sin embargo, que a pesar de haber nacido en una familia desde siempre dedicada a ellos (padre, abuelo, tíos, primos, etc. gomeros), yo, con mi rebelde way of life no sepa manejar. Y cada vez que pienso que cuando era pequeña nada me gustaba más que aferrar el volante (¿a qué me aferraré tanto ahora, eh?), sentarme en el asiento del conductor, tocar la bocina, apretar el botoncito que hacía salir agua del parabrisas del Fitito, maniobrar como si estuviera manejando y hasta subir por las ventanillas al mejor estilo Dukes de Hazard (una de mis series favoritas, obvio), me digo que seguramente algo no está bien en mí y que sin duda alguna debo tratarlo en terapia. Pero tantas cosas se interponen siempre que al final lo voy dejando, lo voy dejando y heme aquí, fanática de los autos, pero sin saber manejarlos (¿quizás del otro lado haya algún voluntarioso caballero que quiera enseñarme los secretos de la palanca de cambios? Ejem...).
Toda esta introducción (o "calentando motores") viene a cuento de una noticia que me llegó, cómo no, a través de las alertas googletianas. Resulta que un científico de una universidad estadounidense (¡cuándo no!) realizó un estudio de las "personalidades" de los autos según su diseño. Aquí podrán leer la nota completa: yo sólo quiero decir que este señor descubrió, entre nos, el agua tibia, porque todos sabemos que los autos tienen su propia personalidad (además de denotar claramente la personalidad de sus dueños, of course) y yo siempre creí que los faros delanteros eran sus ojos y las parrillas sus bocas... De eso no me cabió jamás ni una duda.
Y entonces, tras leer esta nota, comprendí que siempre me gustaron los autos netamente masculinos: grandes, poderosos, con mirada y perfil desafiante. Sólo para citar tres, la santa trinidad automovílistica argentina para mí sería: la Torino W380, el Dodge Polara GTX y la Chevy SS. Todos coupé, DESDE LUEGO. Un auto que se precie de tal sólo puede ser una coupé. A esa maravillosa lista, le podemos agregar la Fiat coupé 1500 y el Ford Mustang GT, y ya tendríamos "cinco coches que quisiera tener en mi garage" como nos ofrece uno de los tantos applets de Facebook. Pero vuelvo a mi apreciación inicial, la de que me gustan los autos viriles, esos que cuando acelerás tiembla el mundo, que están siempre impecables, que adentro huelen al cuero de sus tapizados y que se llevan de maravillas con la música que más me gusta (después de Zappa), que es el metal...
Ahora que lo pienso, este post puede ser también una especie de saludo pre-cumpleaños para mi señor padre, quien, cuando yo era más niña que ahora (ji ji) poseyó -nunca mejor aplicado un verbo- uno o varios de cada uno de los coches mencionados. Para los fanáticos de los fierros también, van fotitos y enlaces de todas estas bestias urbanas:












lunes 6 de julio de 2009

Los sonidos curvos

Procuro que la paranoia A no me gane y entonces decido volver a postear a diario como siempre fue el designio de este espacio. Dice un viejo proverbio sufí (pero puedo equivocarme): "vende tu inteligencia y compra asombro". No estaría mal que, en ocasiones, le hiciéramos caso a dicha enseñanza, pues el asombro es uno de los trampolines que nos lanzan, de lleno, hacia el conocimiento. ¿Que no? Lean a Jaspers y después me cuentan.
Pero traigo a colación esto del asombro porque una vez más San Google me deja boquiabierta con sus alertas. No porque sean extremadamente geniales o accurated (algo así como "acertadas-adecuadas" todo junto), más bien lo contrario (oh, web semántica, ven a nosotros ya!) sino por la variedad de cosas que me permite conocer (aunque mejor sería decir "la variedad y cantidad de cosas a las que me permite asomar mi curiosa nariz"). Y esta vez es, nuevamente, la música. Si antes habían sido los rameshgar, hoy son los rarámuris, pueblo índigena mexicano con unas curiosas y maravillosas costumbres signadas por la música que comparto aquí con uds.
Dice la nota en cuestión que:

Su música y sus instrumentos musicales son verdaderamente asombrosos. El tambor tarahumara o kampore es uno de los principales instrumentos que acompañan muchas de las actividades de los rarámuris, desde ir a sembrar, recibir a un recién nacido, construir una vivienda, ceremonias de agradecimiento a la tierra, al agua, y muchas otras actividades que suelen hacer en grupo, con la participación de casi todo el pueblo, siempre cantando y danzando.

El kampore está hecho de madera, y su piel es de venado; en ocasiones los pintan de colores y les dibujan paisajes o animales de la localidad; entre más grande sea el instrumento más fuerte y profundo sonará. Pueden ser desde 15 o 20 centímetros de diámetro, hasta casi un metro. El que lo ejecuta es un conocedor de los ritmos de las danzas y los cantos. Además de utilizar el tambor y de cantar, también utilizan sonajas y los tenabaris, que son un manojo de capullos de mariposa atados a un mecate que se sujeta a los tobillos a la hora de hacer la danza.

En la comunidad de Saquirachi, municipio de Urique, en el estado de Chihuahua, en la alta sierra tarahumara, se usa también el llamado chapereque, que es un instrumento antiguo de tres cuerdas montadas sobre trozo de madera curvo que se saca del centro del maguey, es decir, del "quiote de maguey", o también se puede usar la madera de encino. Es parecido a un arco de cacería pero con tres cuerdas en lugar de una, como un arpa primitiva, similar a otros instrumentos que se tocan en lejanos países del continente africano.

Como me quedé con ganas de saber más o, de por lo menos, saber cómo era alguno de esos instrumentos, seguí buscando y aquí encontré cómo suena el chapereque. Me hizo recordar a algunos de los sonidos utilizados por Ramiro Musotto (¿qué? ¿no lo conocen? puff, corran a bajarse su disco "Civiliçao e barbarie" ya mismo!!), un percusionista argentino radicado en Brasil que anduvo investigando también los sonidos e instrumentos de los indígenas de por allí.
¿Habéis reparado en ese instrumento realizado con capullos de mariposas? ¿Habéis reparado en el hecho de que todos los acontecimientos verdaderamente importantes del pueblo se celebran con música, cantos y danzas?
¿Cuándo aprenderemos nosotros, occidentales irredentos, siquiera una pizca de toda esta sabiduría?

domingo 5 de julio de 2009

La curva epidemiológica, buuuhhhh

Estamos en el horno. Pero no precisamente cocinando deliciosos pancitos poéticos o exquisitas masitas narrativas. No, mis amigos. Estamos en el horno de la imprevisión, esa compañera natural de los argentinos. He debido alejarme de mis rinconcitos no por mi propia voluntad sino porque mi máquina, mi PC, mi puente con el mundo cibernético (no con el mundo real, attention) rompióse y una de sus partes debió ser reemplazada. Feliz ella que puede darse el lujo de que una de sus partes diga basta y, tras ser ésta reemplazada, todo vuelva a la normalidad. No es tan así con el sujeto humano bípedo y pensante. A veces, algunas de sus partes no pueden reemplazarse (no importa que Favaloro o el INCUCAI lo desmientan). A veces, los humanos carecen de la más primordial y esencial de las cosas, algo que lamentablemente no puede adquirirse en ningún supermercado: el sentido común.
Que es, precisamente, lo que les falta a nuestros políticos y, por ende, pues nosotros los elegimos, a nosotros mismos. No voy a explayarme sobre los resultados de la elección del domingo pasado (que parece que hubiera sido el año pasado, tan desconectada estuve) ni tampoco voy a explayarme demasiado sobre nada, porque nada sé, pero sí quiero dejar algunas impresiones sobre el nuevo flagelo que nos azota... Tras la inflación, el dengue, el humo (¿alguien se acuerda ya del humo del año pasado?), la inseguridad, los accidentes de tránsito y la mar en coche, ahora, como a cada chancho le llega su San Martín, a nosotros nos tocó la gripe chanchuna.
Como he dicho y repetido en más de una ocasión, vivo desinformada. A veces, me contento con mirar los titulares de la página de inicio de Yahoo y eso es todo. No miro televisión (y cuando la miro, sólo miro Los Simpsons o alguna serie), no leo los diarios, ya no compro revistas... Soy muy feliz así. Las noticias que me interesan son otras, como puede apreciarse leyendo este y el resto de mis blogs. A través de Facebook y de otros canales me informé, eso sí, porque tan despistada no soy, acerca de la gripe porcina, la gripe A, el virus H1N1 o como rayos quieran llamarlo. Y así descubrí que todo era una movida de los laboratorios Roche, una diábolica conjunción donde las ganancias millonarias, una vez más, eran lo único importante. No le dí demasiada importancia porque, desde luego, no pensé que realmente nos iba a tocar (je, como el archifamoso poema de Bertold Brecht, claro).
Pero ante la suspensión de casi todas las actividades públicas, ante la suspensión de los talleres a los que con tanta felicidad asisto y ante, esto fue lo peor, venir sintiéndome mal sin saber muy bien a qué atribuirlo, comprendí que mi desinformación podía ser casi tan peligrosa como la falta de sentido común de nuestros gobernantes. Hete aquí que este fin de semana, para que el tenía planeadas muchas actividades, desde el viernes a la medianoche (oh sí, ahora me he vuelto adicta a Maldita Ginebra, maldición..., qué será de mí, yo, que era una poeta tan seria!!!) hasta el domingo a la mediatarde, decidí guardarme en mi casita y ocuparme de mi sacrosanta obra artística hasta que la cosa afuera aclare un poco (roguemos que no oscurezca más, porque ya es más que suficiente). Estoy rogando también por las próximas vacaciones para seguir con esta tarea y, ya que vamos a estar (in)voluntariamente recluidos, aprovechar el encierro para algo trascendental.
Me ahorro epítetos para la presidenta, su gabinete y, sobre todo, para el ministro de salud elegido que parece tener menos idea de dicha (y delicada) materia de la que yo puedo tener de física cuántica. ¡Ah, Señor, protégenos de virus de todo de tipo pero protégenos también de nuestros estúpidos e incompetentes políticos...!
Aquí, una nota que justifica toda esta peroración. Lo único bueno de hibernar es que podré/podremos leer y escribir mucho más. Ojalá la lejana aún primavera barra con todas estas porquerías y traiga los nuevos aires que tanto necesitamos, en todos los sentidos...

martes 23 de junio de 2009

Llegó el invierno curvo (o el curvo invierno)

Queridos leyentes de estos devaneos curvos y desviados: heme aquí de nuevo con ustedes para regalaros una nueva curva desviada por la inquieta chica rumiante que me habita. Nunca ausente, pero en estos días algo alejada, vuelvo hoy, para anunciar, con algo de atraso, el comienzo del invierno. Si bien es una estación que detesto y que despierta en mí los más feroces deseos de tirarme a dormir bajo una pila de frazadas y asomar mi nariz sólo cuando la primavera se haya anunciado en toda su plenitud, este invierno parece ser ligeramente diferente de otros inviernos menos felices y, en consecuencia, y una vez más, gracias a San Google, aquí les traigo una curiosité digna de ser compartida.
¿Saben ustedes qué es un petroglifo? Para decirlo rápidamente, es una piedra tallada. Pero no una piedra tallada cualquiera, si no una piedra tallada propia de los pueblos prehistóricos (me abstengo aquí de comenzar una diatriba acerca de la injusta denominación "pueblos prehistóricos" como si los hombres de Neanderthal o el visionario que pintó las cuevas de Lascaux y Altamira y otros tantos, no tuviesen "historia"; precisamente, hallazgos como el que veréis a continuación son un mentís a dicho aserto). Me fascinan desde muy pequeña todas estas cuestiones que revelan nuestros orígenes, que nos hablan de otros tiempos, otros espacios y, fundamentalmente, otras cosmovisiones, otras cosmogonías. Otras maneras de ver, concebir y entender el mundo. Casi casi, otros mundos.
Así, una alerta de Google me ídem acerca de un fascinante descubrimiento (y qué descubrimiento no lo es, me pregunto ahora, incluso el más triste, lastimoso y deplorable descubrimiento tiene su componente fascinante) en tierras de Galicia. Como probablemente sabéis, dignos leyentes míos, el pueblo galego no es, ni por casualidad, tan "bruto" o tan "tosco" como lo pintan. No hay más que pensar que es de allí, según se cree, que descienden los celtas, con cuya música tanto nos maravillamos y otros pueblos que fueron a asentarse precisamente fuera de Britannia... y también se esparcieron más allá, hacia la actual Polonia, y prueba de ello es la ciudad de Galitzia... Pero me voy de tema. A lo que iba es que en Amoeiro, un pueblo gallego, descubrieron "una roca única en Galicia para los investigadores, pues tiene el mayor número de grabados pétreos de pies (once 'petroglifos podomorfos'), y formas de herraduras, pequeñas cuevas o 'cazoletas' y círculos concéntricos."
Pero no sólo eso descubrieron allí, sino también dólmenes, castros, pazos y hasta "un petroglifo en forma de pez, grabado en el interior del 'abrigo de A Zarra', [que] marca el inicio del solsticio de verano; mientras que el llamado 'abrigo do raposo' marca el solsticio de invierno, ya que el sol coincide con un grabado curvado en los últimos días de diciembre."
¿No se dispara vuestra imaginación hacia no sé qué confines al pensar en el primer hombre que descubrió que en determinado día del "año" (o como ellos lo designaran) el sol se colaba de una manera especial por entre esas -y no otras- rocas y que ello podía ser utilizado como una marca en el fugaz e irreparable paso del tiempo? ¿No mueren de saber qué pensaba ese hombre o qué le dirían los demás o cuál sería su rango dentro del clan o la tribu? ¿No matarían por estar allí en el momento en el que se realiza ese descubrimiento o en el momento en el que se decide dejar asentado en la piedra algún otro acontecimiento semejante?
Preguntas para arrancar un invierno que promete ser, al menos, movidito.

domingo 14 de junio de 2009

Domingos de poesía curva

Sigo dejando a la deriva mis blogs, pero esta vez hay una buena causa detrás de esta aparente negligencia o dejadez: este fin de semana se está desarrollando el Segundo Encuentro Poético "Padua es una rosa" en el marco de la Séptima Fiesta Nacional de San Antonio de Padua, y estoy participando en él. Como aún no ha finalizado, no haré ninguna otra mención a ello, pero quería aprovechar la ocasión para compartir un poema con curvas de un poeta que descubrí hace muy poco, gracias al taller de poesía latinoamericana que está dictando Laura Yasán en la biblioteca Güiraldes de la ciudad de Buenos Aires: Ricardo Miguel Costa
Sí, yo tampoco lo conocía y su poesía merece ser leída, escuchada y "asimilada". En la tradición de poetas como Roberto Juarroz pero también como Alberto Girri, Costa despliega no sólo versos de escandida ciencia poética sino pensamientos, lo cual es aún más loable. Destaco, sobre todo, el poema cuyos primeros versos dicen "Todo pensamiento no barrido por la belleza / es un teorema muerto", incluido en su libro Teatro teorema. Pero el que les quiero compartir, se llama, al igual que el libro, Danza curva, y por eso está aquí esta noche. Enjoy it.

Danza curva

Con un cuchillo la vastedad es inmediata.
Tomar un bocado o cometer un crimen, pueden ser
dos extremos posibles para el ánimo de quien lo empuña.
Para el que mata, el corte es una danza curva
contra el cuello.
Para el hambriento, el corte contra la carne
es la bendición de su miseria.
Pero el que hunde la palabra cuchillo en un poema
corta y troza sin bendiciones ni danzas.
El poema puede ser un tajo luminoso que separa la carne
de tu alma para flotar.
Sólo en la voracidad del hambre está la inmediatez.
La vastedad, en el temor de la víctima y en el vértigo
de quien escribe.


Ricardo Miguel Costa

viernes 5 de junio de 2009

El arpa y la curva de la historia

Ya he hablado en más de una ocasión aquí de la música y del particular encanto que me suscita. No voy a insistir en ello, ya está claro. Pero hago la referencia porque una alerta de Google me anoticia sobre algo que podríamos vincular con la historia de la música o con la etnografía de los pueblos o con la cultura entendida en un sentido amplio o... bueno, muchas cosas más (la manía de los descriptores se me ha pegado luego de tanto catalogar documentos en el trabajo...!). En definitiva, para no aburrir, copio algunos fragmentos de esta noticia que me resultaron particularmente interesantes y dejo aquí el link para quien quiera leerla sin mis acotaciones (¡herejes! ¡no se atrevan a hacer tal cosa o sufriréis las consecuencias!). 
He aquí algunos de los dichos fragmentos: 

"Cuenta una vieja leyenda sasánida que el gran rey Jorso Parviz era conocido tanto por sus furibundos ataques de ira como por el amor que profesaba por un caballo azabache llamado 'Shabdiz'.

Era tal su pasión por aquel equino que había prometido aplastar la cabeza de quien le trajera algún día la funesta noticia de su muerte.
Fue el poeta de la corte Barbad quien, 'tañiendo el arpa como si un alguien hubiera muerto', sugirió la noticia al despiadado monarca y logró así salvar su cabeza."

Los poetas siempre se las arreglan para salvar su cabeza ¿no es cierto? Que lo diga Sherezade si no...! Es que mal que les pese a muchos, la palabra es poder. Aunque en el caso de Barbad fueron los sonidos musicales los que lo libraron del bárbaro castigo.

"Musicólogos y expertos coinciden en que el arpa nació en las reuniones de cazadores prehistóricos, quienes felices y ociosos tras dar muerte a sus presas entretenían su tiempo jugueteando con las cuerdas de los arcos."

Este párrafo me impactó por la imagen que me suscitó: imaginé una gran hoguera, al abrigo de las estrellas. En derredor, un grupo de cazadores "felices y ociosos" tañendo distraídamente las cuerdas de sus arcos. ¿De qué hablarían? ¿Hablarían? ¿Se sabrían astutamente vigilados por las bestias que pretendían cazar momentos antes? ¿Dónde estarían sus mujeres? ¿O estarían con ellos? ¿Habría un niño travieso observándolos parapetado detrás de algún arbusto, deseoso ya de ser grande y poder sentarse con ellos y como ellos, alrededor del fuego? ¿Qué historias se contarían allí? ¿Alguno de ellos se distraería irremediablemente con el sutil entretejido de estrellas del cielo? ¿Se hablaría de amor o sólo de sangrientas cacerías? ¿Cuál sería la bebida que pasaría silenciosa de mano en mano? Y así podría seguir preguntándome cosas acerca de esa pasmosa escena toda la noche...

"Los musulmanes arrestaron a miles de rameshgar (músicos de la corte del rey sasánida), muchos de los cuales procedían de la India, pero otros lograron emigrar a Europa dando origen a grupos gitanos', afirma el investigador iraní."

Este fragmento me interesó por la designación que se les daba a los músicos de la corte: rameshgar (quien esté buscando un nombre para su banda, acaba de encontrarlo!). Pero más todavía me interesa la figura de ser un artista de la corte: un súbdito igual que los otros pero apenas por encima de la escala social por hallarse bajo el ala del rey e incluso por formar parte de sus favoritos. ¿Volverán alguna vez los tiempos del mecenazgo? ¿Han vuelto y aún no nos damos cuenta? ¿Es saludable para un artista teer demasiado contacto con el poder político, él, que tiene el poder simbólico? ¿Debe un artista estar subvencionado, becado, pagado por el estado, del tipo que sea? ¿Obstaculiza esto su labor o la favorece? ¿Cómo librarse de los trabajos por encargo? Y sin embargo, Virgilio escribió La Eneida por encargo de Augusto... ¿y es por ello menos bella, menos fabulosa? No lo creo...

Dilemas en torno al arte que vienen a mi mente esta fría noche de viernes, justo antes de arrancar el fin de semana, mi momento favorito de la semana...! Disfruten, porténse mal e inviten!!! See you soon.