5 de febrero de 2015

Es extraño escribir

En el último posteo, el gran Abelardo Castillo nos decía: "Corregir, corregir mucho. Hasta poder decir: esto es lo que yo intentaba". Hoy, tras haber dejado pasar unos días desde que terminé la primera corrección de la novela, debo decir que el resultado todavía ni se acerca a ese "esto es lo que yo intentaba". No, definitivamente no, esto NO es lo que yo intentaba. Me encuentro en un estado de inquietud y desasosiego pronunciados. No veo de qué forma resolver todo lo que me resultó molesto, excesivo, escaso, no logrado, aburrido, esquemático (y un enorme etcétera que les ahorro) de la novela que no sea escribiéndola de nuevo. ¡Otra vez! ¿Te parece? dicen algunas voces por allí. 
Sí, me parece. Por lo que dice Castillo. Porque lo que yo quería mostrar (que ser una amante al comienzo puede parecer idílico, maravilloso y hasta encantador pero que al final resulta ser una verdadera mierda), con mi alma romántica y decimonónica siempre a cuestas, no se mostró. O no llegó a mostrarse. O apenas aparecieron unos tímidos atisbos por aquí y por allá. Porque lo que yo quería hacer, que era expresar vivamente ese tremendo contraste entre la realidad y la fantasía (hola, sí, ¿se encuentra madame Bovary?), ese estupor y desencanto provocados cada vez que la realidad hacía su hórrida aparición en el mundo de mi fantasía (hola, qué tal, quisiera hablar con Alonso Quijano), no fue logrado. No está o está muy levemente o quedó demasiado difuminado entre vaguedades diversas y otros condimentos que agregué pensando que así funcionaría. Lo triste es que no funciona. 
Alguien me podría decir que exagero, que no debe ser taaaan así, que seguramente mi terrible autoexigencia, mi sentido del deber, mis ganas de escribir como mis tótems literarios hacen que no pueda ver las cosas como son. También me podrían decir que en vez de angustiarme tanto podría darle a leer el borrador a alguien (de hecho, ya me lo han dicho), a un lector idóneo, para que opine incontaminado y con eso que yo no puedo lograr, la escurridiza objetividad (suponiendo que exista). Lo he pensado y no es una mala idea, pero como estoy tan disconforme con lo obtenido (en el crisol no encontré ni el oro ni la piedra filosofal, apenas los resabios de turbias sustancias) me da hasta vergüenza dar a leer algo que yo no considero medianamente terminado o cercano a lo que pretendía lograr. 

Imagen: Analía Pinto (2015) 

"Es extraño escribir" dijo una de mis escritoras francesas preferidas, Christiane Rochefort, y es cierto. Mientras escribía esta nueva versión de lo mismo y lo mismo (oops, qué buen título) estaba muy contenta con lo que iba saliendo, las cosas que se me ocurrían, la nueva disposición de las partes en pequeños capítulos, el hecho de haberles puesto nombre a los personajes, y mucho más (como puede leerse aquí mismo, algunos posteos atrás). Ahora, todo eso que parecían golazos se transformó en pelotazos en contra, uno atrás de otro, sin solución de continuidad. ¿De verdad soy muy hinchapelota o esto aún no ha hallado su manera de contarse? ¿Hay otro depredador y no logro ubicarlo? ¿Un nuevo intento será la solución o será mejor encarar otros proyectos de escritura y volver cuando las aguas de éste se hayan serenado un poco? No tengo idea. Pero seguiré buscando el sendero que me lleve a lo que yo quería lograr. Si para algo me sirve tener ascendente en Tauro es precisamente para insistir y perseverar hasta el final y más allá. Como aquel amor, o lo que demonios fuera.

4 comentarios:

zonaacevedo dijo...

¿Reescribirla? Ufff... Mejor esperar. Así estoy yo con dos embriones de novelitas. Hace tiempo, demasiado, que espero.
Mejor esperar, Ana. Cualquier cosa antes de la titánica empresa de volver a empezarla... Qué sé yo.
Me encantaría leerla. ¡El título me encanta!

Analía Pinto dijo...

¡Gracias, Cristian! Creo que sí, que la reharé de nuevo, pero desde ya tengo en cuenta tus palabras y te tengo en cuenta también como "lector idóneo". Será un honor que un señor narrador como vos lea mis paparruchas. ¡Abrazos!

zonaacevedo dijo...

No puedo evitar que me digan "señor" ni acá, ¡lpm! Jaaaa

Alan Christian dijo...

Hola. ¿Cómo va? Humildemente, me parece que un poco de espontaneidad está bueno. Ojo, es un poco como dice Marcelo Di Marco en un vídeo: "El eructo puede considerarse algo espontáneo". No te digo que seas descuidada pero tampoco te persigas tanto porque vas a acabar por no escribir nada y vas a pensar que el silencio es el lenguaje de Dios y eso...

Yo no soy ejemplo de nada. Soy un mediocre estudiante de Letras de la UBA y un buen lector. Como escritor también soy medio cachivache pero apunto a hacer cosas que me diviertan. No me fijo reglas. Corrijo cada vez que puedo pero sin obsesionarme. A mí me pasa al revés que a vos: si trabajo mucho un texto, no queda como quiero. Prefiero quedarme con dos o tres lecturas, editar párrafo por párrafo y publicar.

Con respecto a una novela, no sé. Algún día tal vez se me dé por escribirla. Pero en tu caso, te recomiendo que no seas perseguida y que le des al mundo tu creación. Saludos.

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