14 de mayo de 2010

La curva escondida (y enojada)

Acabo de darme cuenta de que hace exactamente siete días que no posteo aquí. ¿Dónde quedó mi siempre vapuleado propósito de escribir a diario en este rincón...? ¿Una vez más he de culpar al tiempo tirano de ello? No. Si alguien tiene la culpa no es precisamente el tiempo, que no hace otra cosa que pasar siempre igual. Los distintos somos nosotros. Los ocupados o los predispuestos somos nosotros. Los tiranos, desde luego, somos igualmente nosotros. 
Vengo teniendo unas semanas un tanto grises. Quisiera recuperar el optimismo que supe derrochar no hace mucho por acá mismo pero está complicado (¿o yo lo complico? Es probable esto último, en fin). Quisiera volver a creer en esas sendas de promisión en las que creía hasta no hace mucho, pero los nubarrones del pasado y la propia fuzzyness mental hacen que sea difícil. Y "nubarrones del pasado" no hace referencia a cierto músico lisérgico y fantasmal, como muchos de uds. podrían pensar. No, nada que ver. Hace referencia, más bien, a otros asuntos de mi vida que todavía están sin cerrar, o pendientes de resolución o, también, en vías de resolución. No importa qué asuntos. Lo que importa es que están ahí, pesan, tienen sus avances y sus retrocesos, tienen sus días y sus momentos, y me molesta soberanamente cuando alguien tiene la mala idea de poner sus sucios dedos en esa llaga. 
Recuerdo ahora con gran cariño una sección del boletín literario que hacíamos con mi amigo Cristian Vaccarini, La Granda Milito, llamada "Un minuto de ofuscación". En esa sección, y de manera humorística y satírica, nos despachábamos a gusto contra todas aquellas cosas que nos molestaban, desde el coco rallado hasta los niños que gritan e invaden todo; desde los insectos más horrendos hasta los ilusos que siguen reenviando hoaxes y cadenas por e-mail. No teníamos piedad con nada ni con nadie, y así exorcizábamos numerosos demonios personales, siempre con altura, sarcasmo y mucho humor. Pues hoy me permitiré hacer algo parecido, quizá sin demasiada altura, con mucho sarcasmo y poco humor, pero no importa. Un blog también es una tribuna desde la cual gritar los mayores improperios que nos broten del alma sin miramientos de ningún tipo (como ya saben, ABORREZCO la corrección política). 
¿Qué es lo que me tiene tan enrrabietada? Nada. Todo. Mejor dicho: la ligereza de alguna gente para juzgar a quienes ni siquiera conocen. Lo fácil y barato que resulta hablar de otros en lugar de mirarse un poquito para adentro. Lo natural que es para muchos pontificar desde vaya uno a saber qué púlpito. Lo mucho que me desagrada que alguien pretenda reducirme a sus canónes y a sus prejuicios. La escandalosa cantidad de psicólogos ambulantes que hay en este país, sin la menor idea de lo que están diciendo, desde luego (y, más aún, necesitados ellos mismos de un psicoanalista matriculado con urgencia!). Mejor dicho: lo que realmente me molesta es lo que puede llegar a repercutir en otros lo que dicen estos sujetos tan a la ligera. 
Jueves. Bar "La Ópera", taller de escritura creativa. El coordinador del taller propuso una consigna que no me gustó, no por la consigna en sí, sino por lo que implicaba. Había que realizar una lista de preocupaciones/miedos/obsesiones y luego compartirla con el resto. Insisto: son semanas grises, no tengo ni la menor gana de meterme en esos tembladerales psíquicos y, por lo demás, ya le pago religiosamente una vez por semana a mi psicoanalista para ello. Me negué tanto a hacer el listado como a compartirlo con el resto, no estaba de humor, sorry. Berrinche mío. Censura generalizada del resto. Los demás leyeron sus miedos y preocupaciones, no muy distintos de los míos, ni tampoco distintos entre sí. ¿Quién no le tiene miedo a la enfermedad, a la vejez, a la pobreza, al paso del tiempo? ¿A quién no le preocupan esas cosas? En fin, pasó. Posteriormente, se leyó un texto de mi pertenencia que respondía a una consigna anterior. Era un ejercicio, un juego de palabras, un ingenioso (y nada más, desde luego) juego de palabras. No inventé ni una, lo juro. Todas esas palabras tan "raras" están en el diccionario (y con esto ahora pienso en mi abandonado blog etimológico... ¡algún día lo reviviré!). El texto era absurdo al mil por mil, puesto que se trataba de poner de manifiesto eso y nada más. 
La cosa es que uno de los asistentes al taller, a propósito de otra cuestión (¿justo a mí se le ocurre preguntarme por una letra de Andrés Calamaro? Por si no lo saben, aclaro: ODIO a Andrés Calamaro, me resulta indigesto, insoportable, insufrible, pero lo dejo para otro minuto de ofuscación), soltó un juicio sobre mí que decía más o menos así: "detrás de tantas palabras no hay nada" o bien "no puedo verla" o algo similar. En el momento creo que ni lo escuché o si lo escuché activé la escucha selectiva y no reparé en ello. Hoy me lo hizo notar el coordinador en un mail y allí estalló mi bronca, mi más griega y digna ofuscación (ate, en griego, significa ceguera, ceguera del alma, se entiende): ¿qué carajo le importa a ese tipo, que no es precisamente santo de mi devoción, si detrás de mis palabras hay o no hay algo? Más aún: si no me puede "ver" ¿no será porque yo he elegido voluntariamente que no me vea? ¿Qué mierda le importa si me ve o no me ve? ¿Quién carajo es o quién carajo se cree que es para tener derecho alguno a "verme"? Esto y otras cuestiones que no vienen al caso me hizo enojar mucho (tengo ascendente en Tauro, agárrense cuando me enojo!!!), pero no por el sujeto en cuestión sino porque detesto que me digan cosas que ya sé y de las que (gracias al psicoanálisis) soy perfectamente consciente.
Si me escondo, es problema mío. Si me escudo en libros, palabras o chistes, también es problema mío. Si considero que debo ocultar ciertas partes de mí (incluso a mí misma), también es un problema mío. No tengo por qué "dejarme ver" si no es mi deseo. Nótese la similitud de los significantes (siendo la senda psi) entre esconderse y escudarse. No niego el juicio de este "señor", reniego de su autoridad moral para hablar de mí sin conocerme siquiera (lo he visto tres o cuatro veces en el taller y nada más). Es cierto que he pasado mucho tiempo "escondida" (¿habré de decir que ya lo hacía, literalmente, cuando era chica? ¿agregaré que en mi infancia la escondida era uno de mis juegos favoritos? ¿agregaré que el arte de seducir es, en gran parte, el arte de saber esconderse y de mostrarse sólo hasta cierto punto? ¿diré también que en esta tierra hubo un solo hombre al que le dejé ver casi todo -pero no todo- de mí? ¿insistiré en que sólo aquel al que yo considere adecuado tendrá el mismo privilegio que tuvo él?); es cierto que me escudo en mi "saber", que tengo una fortaleza de libros en mi casa detrás de la que seguramente me parapeto, que he tapiado muchas paredes con ellos (paredes internas, se entiende), que probablemente aún lo siga haciendo, que probablemente lo haga siempre; es cierto que me escudo también en el humor, que me escapo siempre que puedo de todas las situaciones, que me excuso, que me evado con la literatura en todas sus formas, y si no es con ella es con la fantasía y si no es con la fantasía es con la música o con otra cosa, pero a todo esto me salta a la cara sólo una pregunta: ¿Y QUÉ? ¿Cuál es el problema? Otros se refugian en las drogas, el alcohol, el sexo... y nadie les dice nada. Nadie se atreve a decirles nada. ¿Cuál es el gran problema de que yo me esconda/me escude/viva a través y en los libros y la literatura? No hago daño a nadie. No me hago daño a mí misma (ahora al menos... antes, lo discutimos). No arrastro a nadie en mi tremenda perversión (ayyy, qué miedo, ¿no? una mujer llena de palabras y de curvas, buhhh, cuidado!). No meto a nadie en mi mundo más que a aquellos que estimo lo merecen (y tengo stándares muy altos, sí, qué le vamos a hacer). O sea: como no jodo a nadie no me vengan a joder a mí con estas pelotudeces.
Fin del minuto de ofuscación.
Disfruten del fin de semana y si es posible, y ningún aguafiestas (que es lo que más abunda) se los impide, de la vida también.

2 comentarios:

Eowyn dijo...

Hace bien enojarse!!! Y largarlo afuera, porque si uno se deja las cosas adentro ahi empiezan los problemas :) (seguro ya te lo dijeron en terapia, jejeje, a mi me lo dicen siempre!) Espero que los días grises se pasen pronto Y si tenes ganas de leer delirios de dos persona enojadas te invito a http://youshouldntbereadingallthis.blogspot.com/

Gabriel dijo...

Vaya Chica, no caben dudas que pudiste sacar toda la mala onda afuera...
Siempre me he preguntado; como quien admira este fantástico mundo de las letras desde otro lado, más rústico, cómo sería una artista ofuscada... Y ya se aprecia, igual que cualquier mortal, pero le agrega virtudes, ya que sabe maldecir con categoría y cierta galanura en sus decididos improperios.
A mí me gustan estas severas expresiones, humanizan a los artistas.

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