1 de abril de 2010

La curva de los reencuentros (virtuales)

Ya he hablado por aquí de Facebook y de su ¿extraño? poder para congregar a la gente. Al igual que los pueblos más primitivos se sorprenden con tecnologías que para nosotros ya son obsoletas, yo no dejo de sorprenderme de las coincidencias y conflagraciones que feisbuc puede producir, quizá sin siquiera proponérselo. Porque estoy segura de que no es una directiva del Facebook goverment que yo pudiera enterarme de cómo estaba, al fin, mi primer amor. 
Estuve años enteros (pero años, ¿eh?) preguntándome qué sería de su vida, en qué andaría, por dónde andaría, etc. Fiel a mi antigua costumbre de no innovar nunca hice nada por despejar esas dudas. Una poeta que se precie de tal no hace eso. Simplemente se queda preguntándose con nostalgia qué habrá sido de ese chico (ahora hombre) que le robara el sueño tantas noches y con el que compartiera otras tantas cosas (pero ninguna de las que ella realmente quería); la poeta que se precia de tal simplemente se queda, doliente, escribiendo al respecto, sin jamás mover un dedo. Eso atentaría contra toda una institución, contra todo un mito literario que dice que si una quiere escribir como Alejandra Pizarnik o como Alfonsina Storni deberá sufrir sus penas de amor con toda la intensidad que no pudo poner en llevar a buen puerto ese mismo amor o no será nada. 
Y la vida pasó, llegó el otro amor-dolor y otras tantas cosas, pero el pensamiento de qué habría sido de su vida permanecía siempre intacto en algún rincón. Cuando me uní a Facebook por supuesto que busqué su nombre, mas en vano. Sin embargo, no se me ocurrió buscar los nombres de mis otros compañeros de la secundaria, a ver qué onda. Tuve la dicha de ir siempre al mismo colegio, el Nacional de Quilmes (le cambiaron el nombre en el noventa y pico, pero jamás acepté ese cambio y no voy a empezar ahora) por lo que incluso podría haber buscado por el colegio mismo pero tampoco se me ocurrió. ¡Tantas cosas no se me ocurren a veces...! Pero, de una u otra forma, el laberinto que conforma nuestros días prosigue tejiendo su secreta trama y por allí apareció, vía uno de mis primos (a quien también reencontré en Facebook, alabado sea) una compañera de la secundaria y luego otra y de pronto varias caras conocidas reaparecieron en el horizonte, caras y nombres que la arena de los días ya habían sepultado muy hondo y que sin embargo estaban allí presentes... Pero ninguno era el nombre que a mí me interesaba. 
Empezó entonces un profuso intercambio de mensajes para coordinar una reunión/reencuentro, otra cosa que parece propiciar con todo gusto Facebook. Asistí muda a ese intercambio de mensajes porque aún no me decidía del todo (de hecho, tampoco estoy decidida ahora). Hace por lo menos quince años (si no más...!) que no me veo con casi todos ellos. Yo repetí cuarto año, dejé quinto y retorné al año siguiente. Volví a ver a uno de mis compañeros de esos últimos dos años en la facultad pero tampoco mantuve contacto con ninguno de ellos. Cultivé siempre mi solitaria reclusión y me di con muy poca gente en mi turbulenta adolescencia, siempre enajenada con los libros y el heavy-metal. 
He ahí la cuestión: con él compartía precisamente eso. La invencible pasión lectora y la música, la fundamental, sublime, espectacular, maravillosa música. Porque él, queridos leyentes, era músico, prefiguración benévola de ya sabéis quién, de aquel que después se llevara toda mi poesía y todos mis anhelos. Él era músico y espero que lo siga siendo porque tenía talento de sobra. Podía sacarle música a cualquier cosa que se le cruzara por delante. Podía hacer sonar cualquier instrumento, cualquier cosa, todo era música en sus manos. Y yo también. Mis primeros poemas (podría decir "de amor" pero en ese momento eran lo mismo, la ecuación era poesía = amor) fueron para él. Mi primer libro (que sabatianamente rompí -y tiré- en una noche de desesperación) estaba dedicado a él. Mis primeras lágrimas y desconsuelos, mis primeras alegrías y estremecimientos fueron también para él. 
Y entonces, entremedio de ese intercambio de mensajes que yo seguía sin demasiado entusiasmo, "nos encontramos acá, allá, no, mejor acullá, fulano viene, mengano no sabe, etc.", apareció un nombre que casi me hace saltar de la silla. ¿Sería posible que fuera él? Teníamos otro compañero en aquel tiempo que también se llamaba como él. Tenía que preguntar. Tenía que saber. Entonces decidí responder uno de los tantos hilos de ese mensaje y, como quien no quiere la cosa, pregunté si se trataba de él. Y era. Hoy, otra compañera, me escribió y me acercó su número de teléfono, pero no es eso lo que importa. Lo que importa es que me acercó también las fotos de otro reencuentro de ex-alumnos del Nacio donde estaba él. Entonces lo vi. 
Era él, qué duda podía caber. Pero tan distinto que no sé si lo hubiera reconocido si me lo cruzaba por la calle. Todavía no sé qué es de su vida, ni si sigue tocando, si estará en una banda, etc. Pero está bien. Está vivito y coleando, como quien dice. No es adepto al ciberespacio, por lo que me dicen mis compañeros, con lo cual se entiende que cada vez que googleaba su nombre nada aparecía. Sigue viviendo donde vivía entonces, igual que yo. ¿Cómo es que nunca volví a cruzármelo...? La última vez que lo vi fue en 1993. Yo todavía estaba en el colegio, cursando quinto año, decidida a terminarlo de una vez. Nos habíamos cruzado fugazmente en el recital de Metallica, allá en Vélez, la primera vez que vinieron (sí, yo estuve ahí y lloré como una condenada... ¡tantos años de verlos sólo en posters y videos y de pronto estaban ahí, eran reales!). Después creo que vino para mi cumpleaños y luego creo que una vez más. 
Luego nada. Luego todo. 
Y ahora me pregunto qué hubiera sido de mi vida si en ese tiempo lo hubiese buscando con un poquito más de ahínco, si hubiera procurado que el contacto no se perdiera, si al menos hubierámos seguido siendo amigos (claro que nunca fuimos otra cosa, pero vaya alguien a explicarle eso al tonto de mi corazón), si... En fin, mentalidad de novelista. Deben saber, caros leyentes, que un narrador es siempre aquel que comienza sus preguntas con un "¿Y qué hubiera pasado si...?". No sé qué hubiera pasado si, pero estuve años enteros preguntándomelo y fantaseando al respecto. 
Durante tantísimo tiempo sostuve un "amor" que me permitía evadir cualquier tipo de relación certera y real con otro hombre, ya que ninguno era tan "genial" ni tan "divino" ni tan "perfecto" como él. Después, cambié de objeto de deseo (no mucho, otro músico, más genial, más divino, más perfecto, si acaso era posible...) y proseguí con la misma táctica. Hace apenas dos o tres años que estoy tratando de cambiar eso y evitar, de aquí en más, endiosar a nadie. Pero me cuesta. Me cuesta horrores. Yo no me conformo con "amar", yo tengo que admirar primero, incluso idolatrar, antes de poder llegar a eso. Se me dirá que es un comportamiento infantil. Es posible. Los poetas nunca dejamos de ser niños. Es lo único que nos permite, creo yo, seguir maravillándonos y escribiendo. Pero, reconozco que en algunas cosas está bueno abandonar ese tipo de niñerías. En esta del amor, con seguridad que es lo mejor.
Y ahora que he visto esas fotos, no sé qué pensar. ¿Podría volver a compartir algo con él en nombre de todo lo que compartimos en el pasado? ¿Se puede reanudar una relación con alguien después de más de quince años de no verse, de no saber nada, de no tener ningún tipo de contacto? ¿No hay hasta una cierta violencia en ese tipo de reencuentro? ¿No preferiría uno mantener aquella imagen juvenil y desfachatada..., libre de toda horrible adultez? Ya sé, el complejo de Peter Pan va a terminar matándome. No me importa. En mi imaginación él siempre va a tener el pelo largo, enrulado y hermoso, ¡tan parecido al mío!, y va a seguir siendo mi cómplice, mi compinche, mi compañero de banco preferido... 
Pero también me pregunto ¿qué recuerdo guardará él de mí y qué pensaría al verme ahora?

1 comentario:

Alicia dijo...

Me gusta como escribís. Me gustó mucho la apreciación sobre facebook y la historia de tu primer amor.
Le agradezco a mi amiga Silvia que me haya acercado a tu blog. Hasta pronto. Alicia

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