21 de diciembre de 2010

Curvas entristecidas

Parece que ahora sólo escribo aquí en ocasiones escogidas. En realidad, no sé siquiera si escribir aquí (o en cualquier otro lugar). Un sentimiento supersticioso, irracional, absurdo, etc. me ha estado impidiendo poner esto en palabras aquí. "Esto" es lo que anda pasando por estos días de mi vida, por este verano que hoy se inició (y con todo el calor reglamentario) y que probablemente sea uno de los más tristes de mi vida (ojalá que no, pero lo dudo mucho). 
Tanto pelearme, tanto quejarme, tanto querer irme (y al final, me fui), tanto despotricar y señalar y pontificar ¿para qué? Tantas cosas que me molestaban, tantas cosas de las que me quejaba en terapia, en mi diario y en cualquier oreja disponible ahora están a punto de desaparecer, si no desaparecieron ya. Tanto enojo, tanto encono, tanta rabia mal dirigida, se disuelven ante la incontrastable realidad: la salud de mi padre flaquea y no hay mucho por hacer. No mucho más que paliar el dolor y hacerle este trance lo menos traumático posible. 
Escribo estas líneas en medio de un gran dolor. Lamentablemente, y si las cosas no mejoran, lo que estoy viviendo es un duelo anticipado. Nunca creí que tendría que ver esto, ni nada parecido siquiera. Había visto el deterioro de mi abuela, por ejemplo, pero fue paulatino, esperable, previsible para una señora que llegó a los 80 años tras haber soportado las infidelidades del marido y la muerte de dos hijas y una nuera. Pero esto es repentino, pasó en menos de tres meses, no quiero usar la palabra fulminante, pero ¿cuál otra queda? ¿Qué se puede decir de una persona que pasó de estar bien y funcionando a pesar 20 o 30 kilos menos, a estar tan débil que no puede desplazarse solo, cuyo único alimento es el suero porque no puede ya casi comer?
De pronto, todas las palabras se resignifican, todos los momentos adquieren otro matiz, todo cambia en apenas unos días, una semana. Carpe diem adquiere más sentido que nunca. No tenemos otra cosa más que el instante. Y lo que no hicimos cuando quisimos hacerlo quizá no podamos volver a hacerlo nunca. 
Ahora pienso en todos los domingos que no fui a visitarlo porque no tenía ganas, porque estaba ocupada, porque tenía que escribir y me siento para la mierda porque ahora sólo puedo ir a visitarlo a un hospital (aunque en su puerta de entrada diga pomposamente "clínica privada" no deja de ser un hospital) y no podemos hacer ninguna de las cosas (pocas, quizás) que solíamos hacer juntos. Ahora pienso en todas las veces que me quejé por tener que viajar hacia mis pagos de nuevo en ese maldito tren y desde hace ya más de una semana que no hago otra cosa que subirme y bajarme de ese mismo tren, cada vez más triste y abatida. 
Y afloran todas mis neurosis, mis pensamientos más horribles, mis preguntas más inútiles, mis recriminaciones, mis muestras más claras de egoísmo y narcisismo: son todas estúpidas defensas contra el dolor. Y pienso en todas las cosas que me hubiera gustado que hiciera y no hizo, y me entristezco más. Y pienso en todas las veces que le grité o lo traté mal (con o sin motivo), y es peor. Y pienso en lo que dijo o no dijo, en lo que me enseñó y en lo que no, en su presencia demasiado omnipresente, en mis caprichos y deseos siempre cumplidos, pudiera o no pudiera cumplírmelos. Y pienso en todo lo que pasó y en lo que vendrá, y entonces prefiero no pensar. 
Prefiero recordarlo como siempre fue, con sus virtudes, con sus errores (ya no importa cuáles), como ese hombre que siempre estaba ahí y que parecía que nunca iba a dejar de estar, aun cuando yo me fuera. La vida, una enfermedad maldita, ha puesto eso en entredicho.
Pero todavía no está dicha la última palabra. 


Imagen: Xel Via

2 comentarios:

Leonardo B. dijo...

Por minha grande falta de jeito, mas com o desejo de também partilhar o espírito desta quadra, partilho de Vitorino Nemésio, um outro Natal,

«Percorro o dia, que esmorece
Nas ruas cheias de rumor;
Minha alma vã desaparece
Na muita pressa e pouco amor.
Hoje é Natal. Comprei um anjo,
Dos que anunciam no jornal;
Mas houve um etéreo desarranjo
E o efeito em casa saiu mal.
Valeu-me um príncipe esfarrapado
A quem dão coroas no meio disto,
Um moço doente, desanimado…
Só esse pobre me pareceu Cristo.»

Com um sincero desejo de uma quadra plena,
Um imenso abraço,

Leonardo B.

ITo dijo...

A.P.
lo único que debe aflorar es el camino por delante.
POR DELANTE

a la chica le puse CHUCHA

DALE!
la rueda gira.

C.A.H.

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